Buenas noches, amigos y desconocidos.
Es un placer estar de nuevo con todos ustedes, después de esta larguísima ausencia. No se me tiren a la yugular, que traigo un justificante firmado por mi madre. Más o menos.
Les cuento: llegaron las fiestas navideñas, y yo cogí un avión y abandoné la ínsula Barataria para volver al norte (que está lleno de frío), hacer vida familiar, tomar café, leer cosas bellas y ociar lo que pudiera. Las cosas se complicaron, claro. No, no es lo que están pensando: no golpeé mi copa con una cucharita durante la cena de Nochebuena y dije “soy transexual y pasado mañana pienso escaparme con el Gran Circo Italiano“. No lo descarto para futuras reuniones familiares, que conste.
La historia es larga, y tengo muchas otras cosas de interés que contarles, así que resumo. Las cosas se complicaron, yo intenté empeorarlas (visto que mejorarlas era poco menos que imposible), y no se me ocurrió idea mejor que comer setas y lamer sapos con desmedido frenesí. Cuando ya empezaba a subirme al mobiliario urbano para arengar a los transeúntes, animándolos a sitiar la mercería de su barrio o a cambiarse el nombre por el de Montana Moorehead, llegaron Cindy y Camille, me bajaron del contenedor y me metieron en una ambulancia. Desperté horas más tarde en un lugar blanco, cálido y muy parecido al plató donde se rodó Enfermeras depravadas II: hay que amputar. Cindy me cogía la mano, Camille leía un manoseado ejemplar de “La mujer habitada” y en la cama de al lado alguien murmuraba incansable: “mi bolso de Gucci por un chupito orujo“. Era Carrie Fisher.
En fin, que pasé tres semanas en la clínica Betty Ford, sin comer setas, sin lamer sapos, y haciendo poca cosa más que preparar pesto y quiche lorraine con la buena de la Fisher. El último y definitivo paso de la desintoxicación era un cambio completo de sangre, pero no puedo decirles si funciona o no, porque desgraciadamente me la cambiaron por la de Iggy Pop, y lo único que noto son impulsos incontrolables de quitarme la camiseta y sodomizar a David Bowie. Nada que no estuviera antes ahí.
Y ya estoy de nuevo con todos ustedes. He leído cosas que ustedes deberían leer, hay ser más bello de la semana, hay una buena historia del presente y otra no menos interesante del pasado… pero eso podrán leerlo ustedes mañana. Es mi hora de releer Pregúntale a Alicia y tomar orfidales.
Y eso es todo por hoy.
Tengan cuidado ahí fuera.
Trahn.
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