Atrocidad: Gormenghast / 22 junio 2004

Quédate conmigo, oh tú, Belleza
del tosco literal envejecido,
pues es sin duda un deber generoso
y más los dioses no podrían pedirnos.
Si te quedaras donde yo me quedo,
y pisaras las piedras que piso
serías siempre mi alimento
y borrarías los sueños horríficos.

Ven pues conmigo, mi amor, mi dueña,
a través de las almenas de Groan.
Quedarse aquí es algo tan solitario,
en la soledad de mi rincón.

Me he quedado un tiempo en los claustros
nocturnos del ala norte,
y el firmamento abría sus ostras
a las perlas de la medianoche.
Pues la larga sombra irredenta
me traspasa con pena exquisita,
me he quedado en praderas heladas
todo un mes de continua llovizna.

Ven pues conmigo, mi dulce y única,
a través de los parapetos de Groan.
Quedarse aquí es algo tan solitario,
en la soledad de mi rincón.

Fuchsia Groan

Me he quedado en alcobas oscuras
recordando lejanas dinastías;
en el tronco ahuecado de un árbol
me he quedado, y en celestes buhardillas.
Muchos de los viajeros de la noche
pasando por escaleras retorcidas
se mostraron sorprendidos al verme
desde un arco helado y en ruinas.

Te he añorado, oh tú, mi única.
¡Escucha! ¡Las pisadas de los Groan!
Quedarse aquí es algo tan solitario,
en la soledad de mi rincón.

¿Vendrás aquí y te quedarás conmigo?
¿Y hablaremos de las cosas secretas
que el índice místico apunta
pero que nunca nos muestra?
Si estoy aquí a solas con mi gloria
siempre se apaga de repente;
la soledad se lleva el esplendor
de las visiones de mi mente.

Ven, oh ven, mi dueña, mi única,
a través del Gormenghast de los Groan,
quedarse aquí es algo tan solitario,
en la soledad de mi rincón.

***
He recuperado Titus Groan, que había circulado de mano en mano durante más de un año, y ya empezaba a dar por perdido. Si no te he hablado de él, debería haberlo hecho: lo escribió Mervyn Peake, lo editó Minotauro y tú, tan solitario en la soledad de tu rincón, deberías leerlo. Te lo prestaré en un par de días.

Sí, te lo estoy diciendo a TI.

Por cierto, el domingo corté una flor blanca del magnolio para llevártela. También iba a cortar unas rosas, de las pequeñas y apretadas de color rojo anaranjado. Pero se hizo de noche y, al final, ni rosas ni flor del magnolio. Otra vez será. Mañana, a lo mejor. Hasta entonces, ya sabes, ten cuidado ahí fuera.

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