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	<title>Lector Constante &#187; Lector Constante</title>
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	<description>La Biblioteca del Lector Constante. Porque leer es bien y todo lo demás tampoco está mal.</description>
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		<title>Morir, eso no se le hace a un gato</title>
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		<pubDate>Sat, 04 Feb 2012 11:08:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Lector Constante</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[Buenos días, Amigos y Desconocidos Lectores Constantes.
Llanto y crujir de dientes en la Biblioteca Constante, porque ha muerto Wislawa Szymborska. No somos muy dados en este blog a la necrológica o al panegírico, salvo excepciones muy contadas, pero la dama lo merece y ustedes, que a lo mejor no la conocen, también. Aunque alguno recordará [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Buenos días, Amigos y Desconocidos Lectores Constantes.</p>
<p>Llanto y crujir de dientes en la <strong>Biblioteca Constante</strong>, porque ha muerto <strong>Wislawa Szymborska</strong>. No somos muy dados en este blog a la necrológica o al panegírico, salvo excepciones muy contadas, pero la dama lo merece y ustedes, que a lo mejor no la conocen, también. Aunque alguno recordará que ya hablamos de ella <a href="http://www.lectorconstante.com/2010/09/27/no-peor-que-los-venerables-santos/">aquí</a>, nunca sobra insistir un poquito más, para los que ese día no estaban a lo que celebraban. Además, un amable <strong>Lector Constante</strong> ha enviado un correo pidiendo que se recuerde a la ausente <em>comme il faut</em>, y ya saben ustedes que yo no puedo negarles nada.</p>
<p>De su biografía no voy a decir ni pío, porque apenas la conozco y porque los que estén interesados tienen a mano la Wikipedia o cualquiera de los mil artículos que se han escrito a la sombra de su ataúd. Sí les traigo una foto, para que vean el simpático aspecto que tenía la señora.</p>
<p><a href="http://www.lectorconstante.com/wp-content/uploads/2012/02/Wislawa_Szymborska_Krakow_5628667.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-915" title="Wislawa Szymborska" src="http://www.lectorconstante.com/wp-content/uploads/2012/02/Wislawa_Szymborska_Krakow_5628667.jpg" alt="" width="625" height="524" /></a></p>
<p>He mirado otras fotos antes de elegir la que ven y me he alegrado al ver que en todas parecía muy tranquila y muy contenta.  Hay, ya lo hemos comentado alguna vez, cierta tendencia a creer que los poetas son almas sensibles, que lloran por lo efímero de las flores y por el recuerdo de la brisa que refrescó el rostro de Héctor, domador de caballos, mientras caminaba hacia su muerte. No parece que ése fuera el caso de <strong>Wislawa Szymborska</strong>. A lo mejor sí, a lo mejor apoyaba una lánguida mano sobre una pálida frente y suspiraba por esto y por lo otro, mientras su abuelo movía la cabeza y mascullaba: <em>&#8220;A picar piedra te ponía yo, tonta los cojones&#8221;</em>. Ya les digo que a mí me parece que pasaba mucho tiempo tranquila y contenta, pero qué sé yo. Ustedes juzgarán cuando lean los poemas que les traigo hoy.</p>
<p>Sólo tengo un libro suyo, <em>Paisaje con grano de arena</em>, editado por <strong>Lumen</strong> y traducido por <strong>Ana María Moix</strong> y <strong>Jerzy Wojciech Slawomirski</strong>. Por ahí corren otras traducciones y a lo mejor les pongo alguna en los comentarios, porque yo no hablo polaco y seguramente ustedes tampoco, y vale la pena ver más de una versión del mismo poema.</p>
<p>Yo no sé comentar poesía. De todo lo que estudié en la carrera, me queda bien poco en la cabeza. Sólo sé decir: <em>&#8220;Hala, qué bonito&#8221;</em>, y gracias. Con la <strong>Szymborska</strong>, de todas formas, creo yo que no hace falta mucho más, porque todo lo que escribe es tan tierno y tan sencillo como si se lo contara a un niño. Así que, si les parece, yo dejo ahí el poema, ustedes lo leen y todos felices.  Allá vamos, amigos.</p>
<blockquote><p><strong>SOBRE LA MUERTE, SIN EXAGERAR</strong></p>
<p>No sabe encajar una broma,</p>
<p>no sabe de estrellas, de puentes,</p>
<p>de tejidos, de minas, de labranza,</p>
<p>de construir barcos, ni de pastelería.</p>
<p>Hablamos sobre el día de mañana</p>
<p>y dice su última palabra</p>
<p>sin venir nunca al caso.</p>
<p>Ni siquiera sabe hacer</p>
<p>las funciones propias de su oficio:</p>
<p>ni cavar fosas,</p>
<p>ni clavar ataúdes,</p>
<p>ni limpiar los despojos que su paso deja.</p>
<p>Ajetreada con tanto matar,</p>
<p>lo hace de cualquier modo,</p>
<p>sin método ni destreza.</p>
<p>Como si se entrenara con cada uno de nosotros.</p>
<p>De acuerdo, tiene éxitos,</p>
<p>pero, ¡cuántos fracasos,</p>
<p>cuántos golpes fallidos</p>
<p>e intentonas estériles!</p>
<p>A veces le faltan fuerzas</p>
<p>para fulminar a una mosca al vuelo.</p>
<p>Y más de una oruga la deja atrás</p>
<p>al arrastrarse en la carrera a más velocidad.</p>
<p>Todos esos tubérculos, vainas,</p>
<p>antenas, aletas y branquias,</p>
<p>plumajes nupciales y pelambres de invierno</p>
<p>demuestran serios retrasos</p>
<p>en su penosa labor.</p>
<p>La mala voluntad no basta,</p>
<p>y nuestra ayuda a base de guerras y revueltas</p>
<p>no le resulta por ahora suficiente.</p>
<p>En los huevos laten corazones.</p>
<p>Crecen los esqueletos de los recién nacidos.</p>
<p>Las semillas se visten con sus primeras hojas</p>
<p>y a veces también con árboles en el horizonte.</p>
<p>Quien afirma que es todopoderosa</p>
<p>es, él mismo, prueba viviente</p>
<p>de que, de todopoderosa, nada.</p>
<p>No existe vida</p>
<p>que, aun por un instante,</p>
<p>no sea inmortal.</p>
<p>La muerte</p>
<p>siempre llega con ese instante de retraso.</p>
<p>En vano golpea con la aldaba</p>
<p>en la puerta invisible.</p>
<p>Lo ya vivido</p>
<p>no se lo puede llevar.</p></blockquote>
<p>Para eso es la poesía, ¿saben? También para llorar por las efímeras flores y los guerreros caídos, claro, pero sobre todo para explicar el mundo en términos que, aunque no entendamos del todo bien, entendemos de alguna manera. Dicen por ahí que la poesía, como la música, la llevamos dentro y la reconocemos cuando la oímos.  A lo mejor es cierto. Probemos con otro poema, a ver si nos suena de algo.</p>
<blockquote><p><strong>ENCUENTRO INESPERADO</strong></p>
<p>Somos sumamente corteses el uno con el otro,</p>
<p>decimos: qué agradable encontrarnos después de tantos años.</p>
<p>Nuestros tigres beben leche,</p>
<p>nuestros halcones van a pie.</p>
<p>Nuestros tiburones se ahogan en el agua.</p>
<p>Nuestros lobos bostezan frente a jaulas abiertas.</p>
<p>Nuestras víboras se quedaron sin relámpagos,</p>
<p>los monos sin inspiración, y los pavos reales sin plumas.</p>
<p>Los murciélagos renunciaron a nuestros cabellos tiempo ha.</p>
<p>Sucumbimos al silencio sin acabar la frase,</p>
<p>sonreímos, sin recursos.</p>
<p>Nuestros humanos</p>
<p>no saben qué decirse.</p></blockquote>
<p>Ése es otro motivo por el que me gusta <strong>Wislawa Szymborska</strong>: el uso de los animales en sus poemas. Recuerden que hablamos de una señora que vio un pingüino con meridiana claridad. Venga, otro más. Estamos que lo tiramos.</p>
<blockquote><p><strong>AGRADECIMIENTO</strong></p>
<p>Mucho debo</p>
<p>a quienes no amo.</p>
<p>El alivio al enterarme</p>
<p>que intiman con otros.</p>
<p>La alegría de no ser</p>
<p>el lobo de sus corderos.</p>
<p>En paz estoy con ellos,</p>
<p>y en libertad,</p>
<p>dos cosas que el amor no puede dar</p>
<p>ni sabe tomar.</p>
<p>No les espero</p>
<p>yendo y viniendo de la puerta a la ventana.</p>
<p>Con la paciencia</p>
<p>de un reloj de sol,</p>
<p>comprendo</p>
<p>lo que el amor no comprende,</p>
<p>perdono</p>
<p>lo que el amor jamás perdonaría.</p>
<p>Entre una carta y una cita</p>
<p>no transcurre la eternidad</p>
<p>sino sólo días o semanas.</p>
<p>Los viajes son siempre perfectos a su lado,</p>
<p>los conciertos se escuchan,</p>
<p>las catedrales se visitan</p>
<p>y los paisajes se contemplan.</p>
<p>Y cuando siete montes y ríos</p>
<p>nos separan,</p>
<p>son montes y ríos</p>
<p>señalados en el mapa.</p>
<p>Suyo es el mérito</p>
<p>de poder yo vivir en tres dimensiones,</p>
<p>en un espacio no lírico y no retórico,</p>
<p>frente a un horizonte movedizo y, por tanto, real.</p>
<p>Ignoran</p>
<p>cuánto me entregan sus manos vacías.</p>
<p>&#8220;Nada les debo&#8221;,</p>
<p>diría el amor</p>
<p>acerca de tan discutible cuestión.</p></blockquote>
<p>Qué manera tan bella y discreta de contar lo que el amor nos hace, así como quien no quiere la cosa, ¿verdad? Me gusta especialmente, por lo que les decía del uso de los animales,  eso de <em>no ser el lobo de sus corderos</em>, y también soy muy fan de los montes y los ríos que, cuando te separan de alguien a quien no amas, son solamente montes y ríos, nombres en un mapa, y no una distancia terrible e infranqueable. Buf. Bien y bravo, <strong>Wislawa</strong>.</p>
<p>Venga, tres más y nos volvemos al sofá, que hace un frío polar en la Biblioteca Constante y yo tengo una pila de cosas por leer que mete miedo por la cabeza. Alehop.</p>
<blockquote><p><strong>ALLEGRO MA NON TROPPO</strong></p>
<p>Eres bella <em>—</em>le digo a la vida<em>—</em>,</p>
<p>imposible imaginarte más exuberante,</p>
<p>ni más ranil, ni más ruiseñorial,</p>
<p>ni más hormiguera ni más semillera.</p>
<p>Intento ganarme su simpatía,</p>
<p>halagarla, mirarla a los ojos.</p>
<p>Soy siempre la primera en saludarla</p>
<p>con expresión de humildad en el rostro.</p>
<p>Le salgo al paso por la derecha,</p>
<p>le salgo al paso por la izquierda,</p>
<p>extasiada la pongo por las nubes,</p>
<p>y caigo de bruces, fascinada.</p>
<p>¡Qué montaraz el saltamontes,</p>
<p>qué mora la zarzamora!</p>
<p>Nunca creerlo pudiera</p>
<p>quien tal prodigio no viera.</p>
<p>No se me ocurre <em>—</em>le digo a la vida<em>—</em></p>
<p>con qué poder compararte.</p>
<p>Nadie ha hecho nunca otra piña</p>
<p>ni mejor ni peor apiñada.</p>
<p>Alabo tu generosidad e ingenio,</p>
<p>tu grandeza de miras y tu precisión,</p>
<p>¿y qué más?, ¿qué más alabo?,</p>
<p>tu taumaturgia y tu brujería.</p>
<p>Para no ultrajarla en exceso</p>
<p>y evitar sus iras y enojos</p>
<p>desde hace cien milenios</p>
<p>le doro la píldora sin sonrojo.</p>
<p>Me acerco y le doy un tirón de hoja:</p>
<p>¿se ha detenido?, ¿me ha hecho caso?</p>
<p>¿Por una vez, sólo una,</p>
<p>olvida dar el siguiente paso?</p></blockquote>
<p>De nuevo, bien y bravo, <strong>Wislawa</strong>. Qué manera estupenda de hablar de la muerte al revés, hablando de la vida. Empieza con lo que parece una celebración de lo que es la vida por la vida misma, por lo bellos que son los animales, lo bien pensado que está todo (que dirían <strong>Faemino</strong> y <strong>Cansado</strong>), lo prodigioso que es lo cotidiano. Pero hay ya una prisa en el elogio, un inquietante deseo de agradar, que va siendo más urgente cuando llega al <em>¿qué más, qué más alabo?</em>, y que cristaliza en el último verso, donde nos explican todo lo que hemos leído: ¿no querrá la vida, abstraída en contemplar lo hermosa que es, detenerse ahí, detenerse un instante y no llevarnos a la muerte? Escalofrío y aplauso, Amigos, aunque esto es solamente lo que yo saco de la lectura y, a lo mejor, ustedes lo ven de otra manera. Es lo que tiene la poesía, que no es obligatorio entenderla siempre igual, como ya hemos comentado en alguna ocasión. Siéntanse libres de hablar del asunto en los comentarios, que yo voy copiándoles otro poema.</p>
<blockquote><p><strong>DESCUBRIMIENTO</strong></p>
<p>Creo en un gran descubrimiento.</p>
<p>Creo en el hombre que hará el descubrimiento.</p>
<p>Creo en el espanto del hombre que hará el descubrimiento.</p>
<p>Creo en la palidez de su rostro,</p>
<p>en su náusea, en el sudor frío en la parte superior del labio.</p>
<p>Creo en sus apuntes en el fuego,</p>
<p>del primero al último</p>
<p>ardiendo en cenizas.</p>
<p>Creo en la dispersión de las cifras,</p>
<p>en su dispersión sin remordimiento.</p>
<p>Creo en la prisa del hombre,</p>
<p>en la precisión de sus gestos,</p>
<p>en su libre albedrío.</p>
<p>Creo en la destrucción de las tablas,</p>
<p>en el derramamiento de líquidos,</p>
<p>en la extinción de la llama.</p>
<p>Sostengo que se conseguirá,</p>
<p>que no será demasiado tarde,</p>
<p>y que ocurrirá sin testigos.</p>
<p>Nadie lo sabrá, seguro,</p>
<p>ni la esposa, ni la pared,</p>
<p>ni el pájaro: por si canta.</p>
<p>Creo en la negativa a participar,</p>
<p>creo en la carrera arruinada,</p>
<p>creo en la inutilidad de muchos años de trabajo.</p>
<p>Creo en el secreto llevado a la tumba.</p>
<p>Estas palabras planean por encima de las normas.</p>
<p>No buscan apoyo en ningún ejemplo.</p>
<p>Mi fe es firme, ciega y carece de fundamento.</p></blockquote>
<p>Como queríamos demostrar: no tengo ni puta idea de a qué descubrimiento se refiere la <strong>Szymborska</strong>, pero no pasa nada. Ella misma dice que esto no se apoya en ningún ejemplo. Me conformo con imaginar eso que me cuenta y me gusta, ese hombre pálido, al que le tiembla el suelo bajo los pies por la fuerza del descubrimiento y que rompe y quema todo lo que había antes. Si tuviera una edición crítica, seguramente sabría algo más, pero ya ven, no me hace falta.</p>
<p>Total, que acabamos con un último poema. El amable <strong>Lector Constante</strong> que pidió esta entrada sugirió que así estará <strong>Garra Justiciera</strong> (que así se llama mi gato) cuando yo haya muerto. Aunque me hizo gracia la imagen, espero que no se cumpla, espero que algún amigo le busque una buena casa, donde le den pienso del caro y jueguen con ella al depredador y la gacela. Yo, de momento, me la llevo al sofá y ustedes pueden leer el poema y seguir con lo que estuvieran haciendo en esta fría y luminosa mañana de sábado.</p>
<blockquote><p><strong>UN GATO EN UN PISO VACÍO<br />
</strong></p>
<p>Morir <em>—</em>eso, a un gato, no se le hace.</p>
<p>Porque, ¿qué puede hacer un gato</p>
<p>en un piso vacío?</p>
<p>Subirse por las paredes.</p>
<p>Restregarse contra los muebles.</p>
<p>Nada aquí ha cambiado</p>
<p>pero nada es como antes.</p>
<p>Nada ha cambiado de sitio,</p>
<p>pero nada está en su sitio.</p>
<p>Y la luz sigue apagada al anochecer.</p>
<p>Se oyen pasos en la escalera</p>
<p>pero no los esperados.</p>
<p>Una mano deja pescado en el plato</p>
<p>y no es, tampoco, la de antes.</p>
<p>Algo no empieza</p>
<p>a la hora de siempre.</p>
<p>Algo no sucede</p>
<p>según lo establecido.</p>
<p>Alguien estaba aquí, estaba siempre</p>
<p>y de repente desapareció</p>
<p>y se empeña en no estar.</p>
<p>Se ha buscado ya en los armarios,</p>
<p>se han recorrido los estantes.</p>
<p>Se ha comprobado bajo la alfombra.</p>
<p>Incluso se ha roto la veda</p>
<p>de esparcir papeles.</p>
<p>¿Qué más se puede hacer?</p>
<p>Dormir y esperar.</p>
<p>¡Ay, cuando él regrese,</p>
<p>ay, cuando aparezca!</p>
<p>Se enterará de  que ésas no son maneras</p>
<p>de tratar a un gato.</p>
<p>Como quien no quiere la cosa,</p>
<p>habrá que acercársele,</p>
<p>despacito,</p>
<p>sobre unas patitas muy, muy ofendidas.</p>
<p>Y, de entrada, nada de brincos ni maullidos.</p></blockquote>
<p>Con esto terminamos, Amigos. Si les ha gustado <strong>Wislawa Szymborska</strong>, sean generosos con sus placeres y hablen de ella a los que no la conocen. A mí me la descubrió el <strong>doctor Borge</strong> y algún día le regalaré un queso apestoso y exquisito, por el favor que me hizo. Palabrita de Lector Constante.</p>
<p>Hale, tengan cuidado ahí fuera, donde nada está en su sitio.</p>
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		</item>
		<item>
		<title>Guárdate, César, de los idus de marzo</title>
		<link>http://www.lectorconstante.com/2012/01/15/guardate-cesar-de-los-idus-de-marzo/</link>
		<comments>http://www.lectorconstante.com/2012/01/15/guardate-cesar-de-los-idus-de-marzo/#comments</comments>
		<pubDate>Sun, 15 Jan 2012 13:42:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Lector Constante</dc:creator>
				<category><![CDATA[Exhibición de atrocidades]]></category>
		<category><![CDATA[Lo que ustedes deberían leer]]></category>
		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[Buenas tardes, Amigos y Desconocidos Lectores Constantes.
El mes pasado, con la cosa navideña, me fui a Asturias, donde está la mitad de la Biblioteca Constante. Algunas veces me traigo de esos viajes algún libro, que se queda en Madrid y ya no vuelve, pero en los últimos tiempos intento no hacerlo, porque en la Biblioteca [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Buenas tardes, Amigos y Desconocidos Lectores Constantes.</p>
<p>El mes pasado, con la cosa navideña, me fui a Asturias, donde está la mitad de la <strong>Biblioteca Constante</strong>. Algunas veces me traigo de esos viajes algún libro, que se queda en Madrid y ya no vuelve, pero en los últimos tiempos intento no hacerlo, porque en la <strong>Biblioteca Constante</strong> madrileña ya no me cabe ni uno más y estoy empezando a prestar oído a los tentadores cantos de sirena del libro electrónico. Total, que en el último viaje me traje uno que tenía ganas de releer y de traerles a ustedes, que se lo merecen todo: <em>Vidas de los césares</em>, de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Suetonio">Cayo Suetonio</a>.</p>
<p>Y dirán ustedes: <em>&#8220;Vaya por Dios, con lo bien que íbamos con la novela negra&#8221;</em>. No se alarmen, amigos. A todos, a mí la primera, nos intimida un poco el tocho clásico cuando lo vemos ahí, en esa sección desierta de la biblioteca. Sabemos que contendrá demasiadas fechas, demasiadas referencias a países que ya no se llaman como se llamaban (si es que aún existen como tales) y demasiadas batallas entre un tío que se llamaba <strong>Décimo Cayo Flavio</strong> y otro que también se llamaba <strong>Cayo</strong>, que así no hay quien los distinga, que parecemos abuelas viendo películas americanas.  Esto es así y a nadie que tenga Facebook le apetece.</p>
<p>Olviden su justificado temor a morir de aburrimiento en un triclinium: para ayudarles a pasar el Rubicón y meterse hasta las trancas en la cosa romana estoy yo y está el bueno de <strong>Suetonio</strong>. Las vidas de los doce césares son estupendas, están escritas con una soltura y un saber hacer que para mí los querría y son muy, muy interesantes. Tampoco voy a engañarles: en cada biografía hay una pequeña parte que es una chapa poderosa, pero el <strong>Lector Constante</strong> que se vista por los pies sabe que hay que pasar unas cuantas piedras por el tamiz para encontrar oro.</p>
<p><strong>Suetonio</strong>, como le recomendó el Rey al Conejo Blanco, empieza por el principio, sigue hasta llegar al final y allí se para. Comienza hablando de la estirpe del césar, de su nacimiento y los prodigios que lo rodearon, porque los romanos eran muy fans del prodigio, y continúa con su educación hasta el momento de tomar la ropa viril, que es el momento en el que el romano deja de ser niño para empezar a ser hombre. A esto le siguen un par de etapas que son las que al <strong>Lector Constante</strong> pueden parecerle una pizca coñazo: la carrera del césar y sus batallitas. Es fácil perder el interés entre una batalla en la Galia cisalpina, un pleito con un tribuno de la plebe por el impuesto sobre el trigo y un discurso en el Senado sobre la ciudadanía romana. Desde aquí les oigo bostezar, amigos. Pueden pasar rápidamente esas páginas o pueden, si se ven con ánimo, leerlas con un buen mapa de las provincias romanas y un diccionario de romanos importantes. Lo primero, ¿verdad?</p>
<p>Total, que lo mejor está por llegar. Las últimas etapas de las vidas de los césares son estupendas: vida privada, prodigios que anunciaron su muerte, muerte propiamente dicha y testamento. A poco que sepan ustedes de la cosa romana, sabrán que la vida privada de un romano ilustre era un desmadre y un despiporre. Vicios, orgías, crímenes, desafueros y jolgorio como si no hubiera un Júpiter. A <strong>Suetonio</strong> lo acusaron de cotilla y de morboso, como si de un presentador de <em>Sálvame</em> se tratara, pero a mí me parece que todo está escrito con la misma claridad y sencillez que el resto. Hasta diría, y ya me contarán cuando lo lean, que hay una delicadeza importante en <strong>Suetonio</strong> y en la forma en que habla de los vicios de quienes eran poco menos que dioses para su pueblo.</p>
<p>Vamos al turrón. Una de las causas por las que me gusta <strong>Suetonio</strong> es el manejo del ritmo. Es difícil explicar qué es el ritmo en la escritura y yo misma sudo sangre cuando tengo que definirlo para un atento grupito de alumnos. Es de esas cosas, como limpiar o traducir, que destacan solamente cuando están mal hechas. Si usted está leyendo algo y no pierde el interés, si está deseando acelerar para saber qué ocurre después pero no lo hace porque está disfrutando como un marrano en un charco y tampoco quiere perderse nada, el autor ha acertado con el ritmo.</p>
<p>Ejemplo al canto: el fragmento que van a leer es la muerte de <strong>Julio César</strong>. No hay nadie, a estas alturas, que no sepa cómo murió César y seguramente también lo sabían los coetáneos de <strong>Suetonio</strong>. No importa. Saber a dónde vamos, saber que es inevitable acabar ahí, no estropea la lectura en absoluto, al contrario. Vamos a ir leyendo y parando para comentar la jugada, si les parece. Alehop.</p>
<blockquote><p>Hubo prodigios admirables, que anunciaron a <strong>César</strong> su próximo fin. Se observó que los caballos que había consagrado cuando el paso del Rubicón y los había dejado pacer en libertad, se abstenían de tomar alimento y lloraban abundantemente. El augur <strong>Espurina</strong> le advirtió en un sacrificio que estaba amenazado de un peligro, al que se vería expuesto en los idus de Marzo. La misma noche anterior al día de su muerte, soñó que volaba sobre las nubes y tocaba la mano de Júpiter. <strong>Calpurnia</strong>, su mujer, soñó que caía el tejado de su casa y que su marido estaba en sus brazos herido de muchos golpes. Las puertas de su alcoba se abrieron por sí mismas.</p></blockquote>
<p>Empezamos bien, ¿verdad? Los animales hacen cosas raras, ése es un prodigio de manual. El augurio de <strong>Espurina</strong> es más claro, más fácil de interpretar, pero a mí me gustan especialmente los sueños. <strong>César</strong> duerme inquieto y <strong>Calpurnia </strong>también, y al llegar la mañana los dos han soñado algo funesto. Es bonito el de <strong>César</strong>, volar sobre las nubes, tocar la mano de Júpiter, pero a mí me parece muy tierno, por su simbolismo, el de <strong>Calpurnia</strong>, donde su marido es el tejado de su casa, el que la protege, y ese tejado va a caer muy pronto. No hacía falta la segunda parte para saber lo que significaba ese presagio terrible y, por si eso fuera poco, las puertas de la alcoba se abren solas. La cara de <strong>César</strong> tuvo que ser un poema.</p>
<blockquote><p>Todas estas razones y su salud, que era muy débil por entonces, le hicieron dudar si debía quedarse en casa y diferir para otro día lo que aquél tenía que hacer en el Senado; pero <strong>Décimo Bruto</strong> le exhortó a no faltar al Senado, donde le esperaban en gran número y desde hacía mucho tiempo.</p></blockquote>
<p>Bravo, <strong>Suetonio</strong>. El lector, y especialmente el lector que ya sabe lo que va a ocurrir, está que se sube por las paredes, deseando avisar a César, impedir que vaya hacia su muerte, gritarle: <em>&#8220;¡No vayas al Senado, <strong>César</strong>, que no te espera nada bueno allí!&#8221;</em>. Seguro que <strong>Calpurnia</strong> le dijo eso mismo, y sabemos que dudó. Como haríamos ustedes o yo, pensó: <em>&#8220;Puedo faltar y decir que estoy enfermo&#8221;</em>, que es una de las reacciones más humanas que yo he visto en mi vida. Pero allí se le esperaba desde hacía mucho tiempo.</p>
<blockquote><p>Salió a la quinta hora del día y le entregaron un escrito que contenía detalles de la conjuración; lo puso entre otros que llevaba en la mano izquierda, como dejando para más tarde su lectura. Inmoláronse muchas víctimas, sin que una sola diera presagios felices, y despreciando estos temores religiosos entró en el Senado, después de haber dicho a <strong>Espurina</strong>: <em>&#8220;Ved cómo los idus de Marzo llegaron sin accidente&#8221;</em>. <em>&#8220;Todavía no han pasado&#8221;</em>, contestó el augur.</p></blockquote>
<p>Todo se precipita. <strong>Suetonio</strong> golpea una y otra vez sobre lo inevitable y sobre cómo pudo haberse evitado. <strong>César</strong> pudo haberse quedado en casa, pero fue al Senado. Por el camino pudo haber sabido que iban a matarle, pero no lo supo. Cada paso le aproxima a su muerte y, como si alguien quisiera avisarle a gritos desde muy lejos, llegan los augurios funestos, pero tampoco <strong>César</strong> hace caso de ellos, los desprecia. A esas alturas es imposible que estuviera tranquilo y, sin embargo, muestra coraje y le dice a <strong>Espurina</strong>: <em>&#8220;ha llegado el día y aún estoy vivo&#8221;</em>. Con la respuesta del augur terminan las advertencias: el destino de <strong>César</strong> está sellado. No nos queda sino contemplar la tragedia.</p>
<blockquote><p>Cuando tomó asiento rodeáronle los conjurados como para hacerle la corte, y de pronto <strong>Tullio Cimber</strong>, que estaba encargado de comenzar la tragedia, se acercó a él como para pedirle una gracia. <strong>César</strong> le hizo señal para que dejase su petición para otro momento, y como <strong>Cimber</strong> le agarrase de la ropa, gritó: <em>&#8220;¡Esto ya es violencia!&#8221;</em>. Entonces, uno de los dos <strong>Carea</strong> le pegó en el cuello suavemente; <strong>César</strong> cogió por el brazo a <strong>Carea</strong> y le dio con un punzón que tenía en la mano; de pronto vio en todas partes aceros levantados contra él, y entonces se envolvió la cabeza y con la mano izquierda se estiró la ropa para caer con más decencia.</p></blockquote>
<p>Llegó la hora. De nuevo, bravo por <strong>Suetonio</strong>: <em>&#8220;encargado de comenzar la tragedia&#8221;</em>, dice, y el ritmo no le falla. Se acerca <strong>Tullio Cimber</strong>, aún no hay palabras, sólo se acerca y <strong>César</strong> le hace un gesto, pero entonces se tocan, <strong>Cimber </strong>le agarra, y el contacto físico lo precipita todo. Gritos, <strong>César</strong> grita, golpes, de uno de los <strong>Carea</strong> y <strong>César</strong> se defiende, entendiendo ya (pero aún no del todo) lo que querían decir los presagios. Qué rápido ocurre todo cuando por fin comienza: brillan muchos aceros y es entonces cuando <strong>César</strong> lo entiende todo. Tanto lo entiende que no se defiende ya, no se preocupa de lo poco que le queda de vida sino de estar decoroso en la muerte. De <em>caer con decencia</em>, dice <strong>Suetonio</strong>, y la tragedia está a punto de acabar.</p>
<blockquote><p>Infiriéronle veintitrés golpes. Al primero lanzó una queja sin pronunciar una palabra. Algunos cuentan que dijo a <strong>Bruto</strong> cuando avanzaba para herirle: <em>&#8220;¡También tú, hijo mío!&#8221;</em>. Permaneció algún tiempo tendido en el suelo. Todos habían emprendido la fuga. Por último, tres esclavos lo condujeron a su casa en una litera, de la que colgaba uno de sus brazos. De todas las heridas, la única que su médico <strong>Antiscio</strong> encontró mortal fue la segunda, recibida en el pecho.</p></blockquote>
<p>¿Lo están viendo como yo lo veo, amigos? Veintitrés veces se levantaron los hierros sobre <strong>César</strong> y la escena es casi muda, una queja y luego silencio, quizá o quizá no una imprecación a <strong>Bruto</strong>, para atormentar sus días con la culpa de haber matado al que le quería como a un hijo y después, al suelo. <em>Un tiempo</em>, dice <strong>Suetonio</strong>, y <em>todos habían emprendido la fuga</em>, como si después de ese estallido de sangre todo se aquietara, como el silencio después de una explosión parece más silencio que antes de ella. Cuando vuelven los ruidos y recomienza la vida, sólo los esclavos se atreven a entrar a recoger al caído y fíjense qué hermoso detalle apunta <strong>Suetonio</strong>: uno de sus brazos colgaba fuera de la litera. Ese brazo inerte es signo seguro de muerte, es todo lo que se ve del que va en la litera, y quienes se cruzaron en el camino de los esclavos no pudieron albergar dudas al verlo. Para cerrar el círculo, <strong>Suetonio</strong> vuelve a las heridas. De las veintitrés que le infligieron, la segunda terminó con él y todavía se alzaron y cayeron los hierros más de veinte veces sobre un hombre que ya no podía seguir vivo. Buf.</p>
<p><a href="http://www.lectorconstante.com/wp-content/uploads/2012/01/shks_boydell87.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-910" title="Bruto y César" src="http://www.lectorconstante.com/wp-content/uploads/2012/01/shks_boydell87.jpg" alt="" width="585" height="853" /></a></p>
<p><strong>César</strong> está muerto y <strong>Suetonio</strong>, como si necesitásemos consuelo, nos cuenta que ésa fue la muerte que, en opinión de casi todos, hubiera deseado. Habla de los prodigios que siguieron, del cometa que brilló en el cielo durante los juegos que organizó <strong>Augusto</strong>, su heredero,  y de cómo, a partir de entonces, se representó a <strong>César</strong> con una estrella sobre la cabeza. Habla de sus funerales, de la pira que consumió el cuerpo, de cómo el pueblo fue en masa a depositar ofrendas al campo de Marte y hasta los judíos velaron junto a sus cenizas muchos días. Y entonces, porque <strong></strong> <strong>Suetonio</strong> es mucho <strong>Suetonio</strong> y escribe estupendamente, cierra la vida de <strong>César</strong> con el destino de los que le dieron muerte.</p>
<blockquote><p>Ninguno de sus asesinos le sobrevivió más de tres años, y ninguno murió de muerte natural; todos fueron condenados, todos perecieron, y cada uno de manera diferente: unos en un combate, otros en un naufragio, y muchos se suicidaron con el mismo hierro que levantaron contra <strong>César</strong>.</p></blockquote>
<p>Así terminaron sus días los asesinos y así termina esta entrada, amigos. ¿Les ha gustado la prosa de <strong>Suetonio</strong>? Tiene otros retratos excelentes, como el de <strong>Calígula</strong>, que a lo mejor les traigo en otra ocasión, por si alguno todavía no se anima a darle un tiento a este libro estupendo. Y si quieren ver la muerte de <strong>César</strong> en una adaptación a la altura de la obra de <strong>Suetonio</strong>, échenle un ojo a <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Roma_%28serie_de_televisi%C3%B3n%29"><em>Roma</em></a>, donde <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Ciar%C3%A1n_Hinds">Ciarán Hinds</a> interpreta un <strong>César</strong> magnífico y donde hay que estar muy atentos al personaje de <strong>Bruto</strong>,  que es puro tormento y culpa. O lean el <em>Julio César</em> de <strong>Shakespeare</strong>, con el famoso discurso de <strong>Marco Antonio</strong>. La ilustración que acompaña a esta entrada sale de ahí, la pintó <a href="http://en.wikipedia.org/wiki/Richard_Westall">Richard Westall</a>, que también ilustró muchas otras obras de <strong>Shakespeare</strong>. Yo me vuelvo a mis cosas y espero verles pronto. Que llevo una racha de entradas que no me la creo ni yo.</p>
<p>Tengan cuidado ahí fuera, donde todavía no han pasado los idus de marzo.</p>
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		<title>Maldito cumpleaños II</title>
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		<pubDate>Fri, 09 Dec 2011 10:44:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Lector Constante</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[Buenos días, Amigos y Desconocidos Lectores Constantes.
Esta semana he pisado poco la calle porque hace un frío del carajo, porque mi zona está tomada por los fans de la cosa navideña (así se los coma un reno) y porque tenía un montón de regalos de cumpleaños que leer. Después de El salario del miedo, como [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Buenos días, Amigos y Desconocidos Lectores Constantes.</p>
<p>Esta semana he pisado poco la calle porque hace un frío del carajo, porque mi zona está tomada por los fans de la cosa navideña (así se los coma un reno) y porque tenía un montón de regalos de cumpleaños que leer. Después de <em>El salario del miedo</em>, como si se hubieran puesto de acuerdo, otro compañero me regaló esto:</p>
<p><a href="http://www.lectorconstante.com/wp-content/uploads/2011/12/higgins-amigos.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-890" title="Los amigos de Eddie Coyle" src="http://www.lectorconstante.com/wp-content/uploads/2011/12/higgins-amigos.jpg" alt="" width="450" height="703" /></a></p>
<p>Lo edita, ya lo ven, <a href="http://www.librosdelasteroide.com/">Libros del Asteroide</a>, que tiene libros muy bellos y de muchos colores y que ya tardaba en meterse a publicar novela negra con portada ídem. Lo escribe <a href="http://en.wikipedia.org/wiki/George_V._Higgins">George V. Higgins</a>, lo traducen al alimón <a href="http://laberintodeideas.blogspot.com/2008/05/entrevista-montse-gurgu-y-hernn-sabat.html">Montserrat Gurguí y Hernán Sabaté</a> y le firma el prólogo <a href="http://www.dennislehanebooks.com/">Dennis Lehane</a>.</p>
<p>Es finito, no llega a las doscientas páginas y se lee en un decir <em>Traga plomo, Joe</em>. Y ahora que lo he terminado y tengo la mañana libre, vengo a  contarles por qué deberían leerlo. O, más bien, por qué deberían darle un tiento a la novela negra, en general, si es que a estas alturas de su vida todavía no se han animado. Que no pasa nada, que se puede uno morir sin haberla leído, pero también se muere gente sin haber follado nunca y coincidirán conmigo en que es una lástima.</p>
<p>En el <a href="http://www.ivoox.com/libros-para-playa-viernes-31-07-2011-audios-mp3_rf_752647_1.html">programa de radio</a>, en la cuenta de <a href="http://www.formspring.me/LectorConstante/q/239124810091731993">formspring</a> y alguna vez en el <a href="http://lectorconstante.tumblr.com/post/11349306792/como-hoy-no-se-patrulla-toca-lectura-vamos-a">tumblr</a> hablamos de novela de detectives, novela policiaca, novela negra, <em>pulp</em>, <em>hardboiled</em>, <em>noir</em> y demás maravillas. La clasificación es un poco liosa y yo misma no la tengo nada clara, pero podríamos empezar por definir el género diciendo que trata del delito: del que lo comete, del que lo sufre, del que lo previene y del que lo castiga. Como el delito tiene formas mil, pueden elegir ustedes el que más gracia les haga y en el marco que más les interese.  Hay robos audaces, violencia doméstica, corrupción policial, asesinatos en serie, secuestros de hijo de millonario, tráfico de drogas, crímenes por dinero, por miedo, por celos, por venganza, por casualidad. Persiguiéndolos hay policías, detectives privados, inspectores, picapleitos, comisarios, guardias civiles, sheriffs del condado, psicólogos, médicos forenses y hasta amables ancianitas que, mientras preparan tartas para el mercadillo de la iglesia o plantan camelias para el concurso de jardines, atrapan a peligrosos asesinos. Esto sucede en Valencia, en Birmingham, en Oslo, en Calcuta, en los bajos fondos, en las aristocráticas mansiones, en las aisladas abadías y hasta en naves espaciales. Y vio Dios que era bueno.</p>
<p>El género es más popular que el pan y la leche, así que no les digo nada que no puedan ver si visitan una librería o una biblioteca, o si se han fijado un poco en lo que leen sus vecinos de asiento de tren o de toalla de playa. A veces hay novela histórica, a veces hay alguna basura firmada por Albert Espinosa, pero lo que nunca falta es el segundo tomo de <em>Millenium</em> o, en su defecto, algo de alguien que se apellida algo parecido a <strong>Svensson</strong>. La cosa nórdica lleva un tiempo haciéndose fuerte entre nosotros.</p>
<p>Como la mies es mucha, nosotros más bien pocos y nuestro tiempo definitivamente limitado, conviene ir prevenido a la hora de elegir lo que se echa uno a la faltriquera. Los que se enganchan al enigma, al quién mató al sobrino del vicario, serán muy felices con <strong>Agatha Christie</strong>. Los que quieren marcos exóticos  se darán a los casos del comisario argelino <strong>Brahim Llob</strong>, a las andanzas rusas de <strong>Nastia Kaménskaya</strong> o a las pesquisas por México de <strong>Héctor Belascoarán Shayne</strong>. Los que encuentran dificultades a la hora de identificarse con un señor que vive en Castroculo o habla un idioma rarísimo, pueden leer las aventuras de <strong>Pepe Carvalho</strong>, las de los guardias civiles <strong>Bevilacqua</strong> y <strong>Chamorro</strong> o las del periodista <strong>Julio Gálvez</strong>. Si alguien quiere mezclar géneros, puede irse a la histórica con <strong>Gereon Rath</strong>, comisario en la República de Weimar, o a la ciencia ficción con <strong>Carlos Clot</strong>, que vive e investiga en un Madrid que, tras la muerte de Franco, forma parte de los Estados Unidos.</p>
<p>Total, que motivos hay a cascoporro para animarse a leer novela negra, y podría estar haciendo listas hasta el fin de los tiempos. Como últimamente RBA está editando maravillas sin cuento (las novelas de <strong>Parker</strong>, por ejemplo, y también recopilaciones de todo <strong>Chandler</strong> o de todos los casos de <strong>Sam Spade</strong>), y no hay viaje en tren o autobús que yo haga sin comprar algo en la librería de la estación, vendré de vez en cuando a recomendarles lo que me esté leyendo. Pero de momento voy a contarles cuál es mi criterio para elegir entre tanto material apetecible: los diálogos. Sabrán ustedes que yo me gano la vida escribiendo series para televisión. Si han visto alguna vez la pinta que tiene una página de guión, se habrán fijado en que, casi siempre, lo que predomina es el diálogo. Lo que no es diálogo, lo que llamamos <em>acción</em>, suele ser descriptivo y poco o nada literario. Una cosa así:</p>
<p><a href="http://www.lectorconstante.com/wp-content/uploads/2011/12/Secuencia-Casa-Víctor.bmp"></a><a href="http://www.lectorconstante.com/wp-content/uploads/2011/12/Secuencia-ejemplo.bmp"><img class="aligncenter size-full wp-image-896" title="Secuencia ejemplo" src="http://www.lectorconstante.com/wp-content/uploads/2011/12/Secuencia-ejemplo.bmp" alt="" /></a><br />
Las acciones son importantes, ojo. Algunas veces hay que esmerarse describiendo el decorado, porque es la primera vez que lo vemos, pero si estás escribiendo <em>Aída</em>, no hace ninguna falta que le cuentes al director cómo es la tienda de <strong>Chema</strong>. Ya la ha visto mil veces y, a menos que haya algo importante que haya que resaltar para una trama (una bombilla medio fundida que provocará el incendio, unas cajas junto a la puerta que va a robar el <strong>Luisma</strong>), te puedes ahorrar los detallitos. En otras ocasiones, la descripción del decorado es la descripción del estado anímico de un personaje (el salón desastroso del que está deprimido y no sale del sofá, el despacho pulcro y ordenadísimo del maniático del orden), o el objeto que alguien esconde y la forma en que lo hace son factores importantísimos para entender lo que está pasando entre bastidores. Ahí hay que lucirse, explicarlo todo de la mejor manera posible y entender la diferencia entre ser claros y hacerle el trabajo al director o a los de maquillaje, que ya saben la pinta que tiene un tipo que ha recibido una paliza brutal y no necesitan que uno describa hasta el color de los cardenales.</p>
<p>Me enrollo. Lo que iba a decirles es que las acciones suelen ser concisas y descriptivas porque son funcionales. Los diálogos también, claro, pero sin que se note. Tienen que contar lo que queremos contar, ajustarse al registro del personaje, tener ritmo, sonar naturales y no aprendidos en casita y, ya de paso, cautivar al espectador y dejarle muerto en el huerto. No es fácil, ya se lo digo. Yo tengo compañeros que dialogan como fieras, capaces de hacer creíble el conflicto más inverosímil con dos líneas de diálogo bien puestas. A mí algunas veces me cuesta más y otras menos, según la escena, los personajes, el conflicto y si he desayunado como es debido o no.</p>
<p>Y a lo que íbamos: leer o escuchar diálogos estupendos ayuda mucho a la hora de aprender a dialogar. Imagino que es el equivalente de educar el oído cuando estás estudiando música, o el paladar y el olfato cuando te dedicas a la cocina. Por eso, a la hora de elegir lectura, es buena cosa fijarse en la calidad de los diálogos. Yo leí la trilogía <em>Millenium</em>, como todo el mundo, y no recuerdo una sola línea de diálogo que me llamase la atención. Ni una. Cero patatero.</p>
<p>En cambio, miren qué bonito diálogo mantienen estos dos personajes de <em>Los amigos de Eddie Coyle</em>: <strong>Jackie Brown</strong>, traficante de armas, y <strong>el mazas</strong> (el propio <strong>Eddie</strong>), que necesita unas pistolas y discreción absoluta:</p>
<blockquote><p>—No lo comprendes de la misma manera que lo comprendo yo —dijo <strong>el mazas</strong>—. Tengo ciertas responsabilidades.</p>
<p>—Mira —dijo <strong>Jackie Brown</strong>—, te digo que lo comprendo. ¿Sabes cómo me llamo o no?</p>
<p>—Lo sé —replicó <strong>el mazas</strong>.</p>
<p>—Pues ya está —dijo <strong>Jackie Brown</strong>.</p>
<p>—De ya está, nada —dijo <strong>el mazas</strong>—. Ojalá me hubieran dado cinco centavos por cada vez que he sabido cómo se llamaba alguien, de veras. Mira esto. —<strong>El mazas</strong> extendió los dedos de la mano izquierda sobre la mesa de formica con motas doradas—. ¿Sabes qué es esto?</p>
<p>—Tu mano —le espetó <strong>Jackie Brown</strong>.</p>
<p>—Espero que examines las pistolas con más atención que esta mano —dijo <strong>el mazas</strong>—. Mírate la tuya, maldita sea.</p>
<p><strong>Jackie Brown</strong> extendió los dedos de la mano izquierda.</p>
<p>—Sí —dijo.</p>
<p>—Cuenta cuántos nudillos tienes, joder —dijo <strong>el mazas</strong>.</p>
<p>—¿Todos? —preguntó <strong>Jackie Brown</strong>.</p>
<p>—Oh, Dios —exclamó <strong>el mazas</strong>—. Cuenta todos los que te dé la gana. Yo tengo cuatro más. Uno en cada dedo. ¿Sabes cómo me salieron? Compré material a un menda, del que también sabía cómo se llamaba, y el material fue rastreado y al tipo lo condenaron a entre quince y veinticinco años. Los cumple en la cárcel de Walpole, Massachusetts, y sigue allí, pero tenía amigos, y ellos me hicieron unos nudillos nuevos. Me metieron la mano en un cajón y, luego, uno de ellos cerró el cajón de una patada. Me dolió del carajo. No tienes ni idea de lo que me dolió.</p>
<p>—¡Jesús! —dijo <strong>Jackie Brown</strong>.</p>
<p>—Lo que hizo que me doliera más —dijo <strong>el mazas</strong>—, lo que empeoró el dolor fue saber lo que iban a hacerme, ¿comprendes? Estás allí y ellos te dicen que has cabreado a alguien, que has cometido un gran error y que ahora hay alguien chupando talego por ello y que no es nada personal, entiéndelo, pero tiene que hacerse. Ahora pon la mano ahí. Y tú piensas en no hacerlo, ¿sabes? Cuando era pequeño, iba a la catequesis y la monja me decía &#8220;Pon la mano&#8221;, y las primeras veces que lo hice me pegó en los nudillos con una regla de borde metálico. Como lo oyes. Conque un día, cuando me dijo &#8220;Pon la mano&#8221;, yo le dije &#8220;No&#8221;. Y entonces me pegó con esa regla en la cara. Pues esa vez igual, salvo que estos tíos no están cabreados, no se cabrean contigo, ¿entiendes? Son tipos a los que ves constantemente, tipos que a lo mejor te caen mal o que no te caen mal, con los que has tomado una copa o has salido a buscar tías. &#8220;Eh, Paulie, escucha, no es nada personal, ¿sabes? Has cometido un error. La mano. No quiero tener que pegarte un tiro, ¿vale?&#8221;. Así que pones la mano, la que tú quieras, yo puse la izquierda porque soy diestro y porque, como ya he dicho, sabía lo que iba a pasar, y entonces ellos te ponen los dedos en el cajón y uno de los mendas lo cierra de una patada. ¿Has oído alguna vez el ruido que hacen los huesos cuando se rompen? Es como cuando alguien parte una tablilla. Duele del carajo.</p>
<p>—¡Jesús! —dijo <strong>Jackie Brown</strong>.</p>
<p>—Exacto —dijo <strong>el mazas</strong>.</p></blockquote>
<p>¿Les ha gustado? Pues ya saben por qué deberían leer <em>Los amigos de Eddie Coyle</em> o cualquier otra novela negra cuyo autor sepa su oficio y no se escude en el efectismo del asesino en serie, los recovecos del enigma o el exotismo de la India milenaria para tocarse los cojones y descuidar los diálogos. Y quien dice los diálogos, dice la prosa, claro. De eso hablaremos en otra ocasión. Hale, circulen, que aquí ya no hay nada que ver.</p>
<p>Y tengan cuidado ahí fuera, donde no es nada personal.</p>
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		<title>Maldito cumpleaños</title>
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		<pubDate>Sun, 27 Nov 2011 11:28:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Lector Constante</dc:creator>
				<category><![CDATA[Exhibición de atrocidades]]></category>
		<category><![CDATA[Lo que ustedes deberían leer]]></category>

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		<description><![CDATA[Buenos días, Amigos y Desconocidos Lectores Constantes.
Hace diez días fue mi cumpleaños. Hubo flores, hubo un donut con una velita y un compañero que me presta a menudo novela negra y libros de cine me trajo este regalito:
Lo edita Contraseña, lo traduce Encarna Castejón y el diseño de la portada es de Alberto Gamón. A [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Buenos días, Amigos y Desconocidos Lectores Constantes.</p>
<p>Hace diez días fue mi cumpleaños. Hubo flores, hubo un donut con una velita y un compañero que me presta a menudo novela negra y libros de cine me trajo este regalito:</p>
<p><a href="http://www.lectorconstante.com/wp-content/uploads/2011/11/el-salario-del-miedo.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-883" title="El salario del miedo" src="http://www.lectorconstante.com/wp-content/uploads/2011/11/el-salario-del-miedo.jpg" alt="" width="249" height="400" /></a>Lo edita <a href="http://www.editorialcontrasena.es/">Contraseña</a>, lo traduce <a href="http://www.estrellasonora.com/inicionew.html">Encarna Castejón</a> y el diseño de la portada es de <a href="http://gamonadas.blogspot.com/">Alberto Gamón</a>. A lo mejor ustedes ya lo conocían, porque hay una película basada en él, con <strong>Yves Montand</strong>, y por lo menos dos remakes, uno de ellos dirigido por <strong>William Friedkin</strong>, que es el señor que dirigió <em>El Exorcista</em>.</p>
<p>Yo, que soy ignorante y he visto poco cine, no conocía las películas. Y además, la literatura francesa y yo tenemos una relación complicada: empezamos muy bien con <em>El pequeño Nicolás</em> y <em>Astérix</em>, pero a partir de ahí todo fue cuesta abajo, con alguna remontada (<strong>Camus</strong>, <strong>Rimbaud</strong>, <strong>Madame de Sévigné</strong>) y poderosos bajones (<strong>Houellebecq, Céline</strong>). Como les estoy viendo venir en los comentarios, aclaro que mi prejuicio antigabacho no es absoluto, ¿eh?  La poesía es estupenda y qué sería del tebeo sin los franceses. Lo que ocurre es que todavía no he leído nada que supere a <strong>René Goscinny</strong>. Esto es así.</p>
<p>En fin, me enrollo. Mi compañero me regaló el libro, yo le di las gracias y me puse a leerlo. Ya lo he terminado y no sé si podría recomendarlo alegremente, pero sí puedo decirles que merece un vistazo, aunque sea solamente por la premisa: una compañía petrolera necesita transportar nitroglicerina para apagar un incendio de dimensiones aterradoras. Para el transporte contrata a unos cuantos buscavidas que languidecen muertos del asco en un pueblecito mísero de Guatemala. La nitroglicerina va en camiones y no necesito explicarles hasta qué punto es peligroso conducir un cacharro de tropecientas toneladas, cargado con un líquido que sólo necesita un bache un poco profundo o una curva complicada para hacer kaboom y mandar camión, conductor y carretera a tomar por el culo.</p>
<p>Yo no sé conducir. Una vez iba en coche con un amigo y nos dimos una hostia preciosa contra otro coche y contra un quitamiedos. Salimos del asunto sin un rasguño, pero desde entonces me subo a los coches encomendándome a San Cristóbal y me tiro todo el viaje pensando en cómo se pasa la vida y cómo se viene la muerte, tan callando. Si ustedes saben conducir, es fácil que disfruten algunos detalles del libro que para mí son incomprensibles, como&#8230; yo qué sé, darle al embrague y meter segunda o revisar el líquido de los amortiguadores. Yo no entendí un carajo de lo relativo a la mecánica de la conducción, pero de todas formas pasé un buen rato de tensión y muchos nervios.</p>
<p>Les dejo un extracto que me pareció bonito. Así estaban las cosas en el bar del pueblo de mierda antes de que llegara la oferta de la petrolera. Nunca fue tan cierto lo de<em> salir de Guatemala y meterse en Guatepeor</em>.</p>
<blockquote><p>Se puede decir que a aquella hora no había un alma en el <strong>Corsario</strong>. Fuera caía el penoso calor de media mañana. Poco después, a eso de las once, sonaría el disparo que anunciaba la salida de los muelles. Los trabajadores del puerto irían a recobrar un poco de ánimo ante un vaso de aguardiente, a respirar el olor de las mujeres. Algunos caerían en la trampa de un par de muslos morenos entrevistos por la abertura de una falda, de una lengua lamiendo unos labios demasiado pintados de carmín. Las mujeres se apresurarían a precederles hacia los reservados, balanceando las caderas a cada paso. Ellos correrían las cortinas tras de sí, y sería peor que si hiciesen el amor delante de todo el mundo. Pero, de momento, todo estaba en calma. Sólo andaban por allí los fumadores de marihuana.</p>
<p>Pues los cigarrillos de cajetilla que inhalaban los tres hombres, lanzando luego densas bocanadas de humo gris, estaban atiborrados de marihuana, la droga del delirio controlado. Cuatro gramos de hierba, y uno cierra los ojos, empieza la feria de los sueños: elija lo que quiera. En un cuarto de hora puede ser usted <strong>Hitler</strong> bailando la giga en el terraplén de Chaillot, el conductor del Maserati que siempre había deseado <strong>–</strong>y nunca podido<strong>–</strong> comprar, el amante de <strong>Rita Hayworth</strong> con todas sus consecuencias, un profesor de filosofía y lenguas orientales, un padre de quintillizos. Y la historia no acabará con el suicidio en el búnker, o aplastado por un plátano, o en el coche en llamas, o a causa de una vergonzosa enfermedad. Hará usted el amor siete veces y aún tendrá ganas de hacerlo una vez más; ya no habrá etimologías desconocidas, ni siquiera dudosas, y le estrechará la mano al rey de Inglaterra. Evidentemente, cuando despierte tendrá que volver a empezar.</p></blockquote>
<p>Hale, ahí lo tienen. Si a alguien le ha picado la curiosidad y lo quiere, yo se lo presto. Y ya les contaré qué tal están otros regalos de cumpleaños que tengo por aquí y que pensaba recomendar en <a href="http://www.ivoox.com/lva-libros-para-cama-hoy-la-familia-audios-mp3_rf_814426_1.html">Libros para la cama</a>. Eso ya no ocurrirá, porque hemos cerrado la sección hasta que <strong>Alicia Álvarez</strong> tenga su bebé y se reincorpore al programa. A lo mejor entonces recomendamos <strong>Libros para la lactancia</strong>. Quién sabe.</p>
<p>Tengan cuidado ahí fuera, donde el delirio no está controlado.</p>
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		<title>La quinta silla terminó en Francia</title>
		<link>http://www.lectorconstante.com/2011/06/20/la-quinta-silla-termino-en-francia/</link>
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		<pubDate>Mon, 20 Jun 2011 19:51:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Lector Constante</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuidado con el Ojo Reptante]]></category>
		<category><![CDATA[Exhibición de atrocidades]]></category>
		<category><![CDATA[Lo que ustedes deberían leer]]></category>
		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.lectorconstante.com/?p=851</guid>
		<description><![CDATA[Buenas tardes, Amigos y Desconocidos Lectores Constantes.
Hoy vengo a enseñarles un libro estupendo, un tesoro digno del rescate de un rey, una joya que da lustre a cualquier biblioteca. Alehop:
DEBAJO DE LA ALFOMBRA
 
 
UN EXTRAÑO DÍA EN JULIO
 
 
OTRO LUGAR, OTRO TIEMPO
 
 
HUÉSPEDES SIN INVITACIÓN
 
 
LA BIBLIOTECA DEL SEÑOR LINDEN
 
 [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Buenas tardes, Amigos y Desconocidos Lectores Constantes.</p>
<p>Hoy vengo a enseñarles un libro estupendo, un tesoro digno del rescate de un rey, una joya que da lustre a cualquier biblioteca. Alehop:</p>
<div id="attachment_855" class="wp-caption aligncenter" style="width: 510px"><a href="http://www.lectorconstante.com/wp-content/uploads/2011/06/misterios-del-señor-burdick1.jpg"><img class="size-full wp-image-855" title="misterios del señor burdick" src="http://www.lectorconstante.com/wp-content/uploads/2011/06/misterios-del-señor-burdick1.jpg" alt="" width="500" height="641" /></a></dt>
</dl>
</div>
<p>Lo edita el <a title="Fondo de Cultura Económica" href="http://www.fondodeculturaeconomica.com/librerias/">Fondo de Cultura Económica</a> (aleluya, hosanna) y lo traduce <strong>Odette Smith</strong>.</p>
<p>La primera vez que oí hablar de este libro fue en las páginas de <em>Pesadillas y alucinaciones</em>, que es una antología de relatos de <strong>Stephen King</strong>. Los relatos no están nada mal, pero lo más interesante son las notas que acompañan a cada relato, donde <strong>King</strong> cuenta un poco la génesis de esas historias y algunas anécdotas sobre el proceso de escritura. En las notas del relato <em>La casa de Maple Street</em>, dijo así el Autor Constante:</p>
<blockquote><p><em>¿Recuerdan a Richard Rubinstein, mi amigo productor? Fue él quien me envió el primer ejemplar de </em>The Mysteries of Harris Burdick<em>, de Chris Van Allsburg, con una nota que decía, con su letra puntiaguda: &#8220;Te gustará&#8221;. Eso era todo y, en realidad, no era necesario decir más. Me gustó.</em></p>
<p><em> </em>The Mysteries of Harris Burdick<em> es una serie de dibujos, títulos y epígrafes del epónimo Burdick, y los relatos no aparecen por ninguna parte. Cada combinación de dibujo, título y epígrafe es una especie de ficha de test de Rorschach, y acaba configurando más bien un índice de la mente del lector-observador que de las intenciones de Van Allsburg. Una de mis fichas predilectas muestra un hombre con una silla en la mano, dispuesto a todas luces a utilizarla como cachiporra si se tercia, que observa una extraña protuberancia de aspecto orgánico que se alza bajo la moqueta de un salón. El epígrafe reza: &#8220;Pasaron dos semanas y volvió a ocurrir&#8221;.</em></p></blockquote>
<div class="mceTemp mceIEcenter">
<dl id="attachment_852" class="wp-caption aligncenter" style="width: 501px;">
<dt class="wp-caption-dt"><a href="http://www.lectorconstante.com/wp-content/uploads/2011/06/Burdick-under-rug.jpg"><img class="size-full wp-image-852" title="Burdick under rug" src="http://www.lectorconstante.com/wp-content/uploads/2011/06/Burdick-under-rug.jpg" alt="" width="491" height="607" /></a></dt>
</dl>
</div>
<blockquote><p><em>Teniendo en cuenta mis ideas sobre la motivación, es evidente que me atrae ese tipo de cosas. ¿Qué es lo que volvió a ocurrir después de dos semanas? No creo que importe. En nuestras peores pesadillas no hay más que sustitutos de lo que nos persigue hasta hacernos despertar temblando y sudando de miedo y de alivio.</em></p>
<p><em>A mi esposa, Tabitha, también le impresionó el libro, y propuso que cada miembro de la familia escribiese un relato inspirándose en una de las fichas. Tabitha escribió el suyo, y nuestro hijo pequeño, Owen, entonces con doce años, escribió otro. Tabby escogió la primera imagen del libro, Owen la del medio, y yo, la última. Con el amable permiso de Chris Van Allsburg, he incluido aquí mi contribución. </em></p></blockquote>
<p>Las notas del señor <strong>King</strong> no incluían la ilustración a la que se refería, pero de todas maneras me dejó muy, muy intrigada. ¿Qué extraño libro era ése? ¿Qué ilustraciones habían elegido <strong>Tabitha</strong> y <strong>Owen</strong>? Me moría por verlas. ¿Serían todas tan inquietantes como la que <strong>King</strong> describía? Y a todo esto, ¿por qué los relatos a los que aludía &#8220;no aparecían por ninguna parte&#8221;? Había que encontrar ese libro fascinante y había que hacerlo ya. Mejor hoy que mañana. Hop, hop.</p>
<p>Naturalmente, cuatro días después yo ya había olvidado <em>Los misterios del señor Burdick</em>, abstraída en sabe Dios qué estúpida actividad, y no volví a recordarlo hasta hace dos semanas, cuando mi amiga mexicana <strong>Libia</strong> vino a hacerme una visita a Madrid.</p>
<p>Mi amiga <strong>Libia</strong> me enseñó cantidad de hermosísimas expresiones mexicanas (&#8220;la manga del muerto&#8221;, por ejemplo, o &#8220;tiro por viaje&#8221;), me preparó un exquisito pez al horno con salsa de mostaza y me trajo de regalo un par de autores  muy recomendables: el uruguayo <strong>Felisberto Hernández</strong> y el mexicano <strong>Jorge Ibargüengoitia</strong>. Gracias mil, amiga <strong>Libia</strong>.</p>
<p>En esta casa es devoción lo que hay por el refranero, y el refranero dice que es de bien nacidos ser agradecidos, así que correspondí a sus atenciones preparándole un estupendo bocadillo de pan de semillas, queso asturiano y tomates secos macerados en aceite y ajo. Nos lo comimos en el parque del Retiro, donde se celebraba la feria del libro. Acabados los bocadillos, paseamos, compramos un libro aquí y otro allá, pedimos alguna firma y nos acercamos a la caseta del Fondo de Cultura Económica, donde <strong>Libia</strong> estuvo trabajando durante un tiempo. Con la seguridad del que se mueve en terreno conocido, revolvió un poco entre los ejemplares expuestos, sacó uno, lo pagó y me lo regaló. Imaginen mi cara de pasmo absoluto cuando veo que resulta ser <em>Los misterios del señor Burdick</em>. Alegría, alborozo y una piñata. Nunca mejor dicho.</p>
<p>Total, que caí sobre el libro como César sobre los galos y por fin quedó aclarado el misterio de por qué no hay relatos que acompañen al título y al epígrafe de cada ilustración. El propio <strong>Chris Van Allsburg</strong> lo explica detalladamente en la introducción y esto dice:</p>
<blockquote><p><em>La primera vez que vi los dibujos de este libro fue hace un año, en la casa de un hombre llamado Peter Wenders. Aunque el señor Wenders ahora está jubilado, en otro tiempo trabajó para un editor de libros para niños, seleccionando las historias y las imágenes que luego se convertirían en libros.</em></p>
<p><em>Hace treinta años llegó un señor a la oficina de Peter Wenders, presentándo e con el nombre de Harris Burdick. El señor Burdick le contó que había escrito catorce cuentos y dibujado muchas ilustraciones para cada uno de ellos. Había llevado un solo dibujo de cada cuento, para ver si a Wenders le gustaba su trabajo.</em></p>
<p><em>Peter Wenders quedó fascinado con las ilustraciones. Dijo a Burdick que le gustaría leer los cuentos lo antes posible. El artista quedó en llevárselos al día siguiente por la mañana y dejó los catorce dibujos con Wenders. Sin embargo, no regresó al día siguiente ni el día después de ése. Nunca más se volvió a oír de Harris Burdick. A lo largo de los años, Wenders trató de averiguar quién era Burdick y qué le había sucedido, pero no pudo descubrir nada. Hasta la fecha, Harris Burdick sigue siendo un misterio absoluto.</em></p>
<p><em>Su desaparición no es el único misterio que dejó. ¿Qué historias acompañaban estos dibujos? Hay algunas pistas. Burdick había escrito un título y un epígrafe para cada ilustración. Cuando le comenté a Peter Wenders cuán difícil era mirar las imágenes y sus epígrafes sin imaginar un cuento, él sonrió y salió de la habitación. Regresó con una caja de cartón cubierta de polvo. Contenía docenas de historias; todas inspiradas por los dibujos de Burdick. Habían sido escritas hacía años por los hijos de Wenders y sus amigos.</em></p>
<p><em>Pasé el resto de mi visita leyendo estas historias. Eran notables, algunas extravagantes, otras divertidas y algunas francamente espeluznantes. Con la esperanza de que otros niños sean nuevamente inspirados por los dibujos de Burdick, los reproducimos aquí por primera vez.</em></p></blockquote>
<p>A estas alturas de la película, imagino que estarán ustedes deseando ver el trabajo del misterioso señor <strong>Burdick</strong>. O eso espero, vaya. No lo demoraré mucho, no se apuren. Solamente dos apuntes y allá vamos:</p>
<ol>
<li>La señora <strong>Tabitha King</strong> y montones de lectores de este libro hicieron lo correcto: usar las ilustraciones para entretener a hijos, sobrinos, amigos y vecinos. Sigan ustedes, queridos Lectores Constantes, su estupendo ejemplo. Poner a los Pequeños Lectores Constantes a escribir un relato inspirado en cualquiera de estas ilustraciones asegura una tarde tranquila (mientras los niños escriben) y una noche emocionante (mientras los leen a la luz de las velas). Ojalá mis padres lo hubieran conocido.</li>
<li>Como no quiero fastidiarles completamente la sorpresa, he seleccionado unas cuantas imágenes y he dejado fuera de la selección otras tantas. Si les come la intriga, no tienen más que darse una vueltecita por la red, donde es fácil encontrar todas las ilustraciones y muchos, muchos relatos de muchas, muchas personas que llevaron a cabo lo que les propongo ahí arriba.</li>
</ol>
<p>Y ahora sí, por fin, <em>Los misterios del señor Burdick</em>. Que los disfruten.</p>
<p><strong>ARCHIE SMITH, NIÑO MARAVILLA</strong></p>
<div class="mceTemp mceIEcenter">
<dl id="attachment_858" class="wp-caption aligncenter" style="width: 425px;">
<dt class="wp-caption-dt"><a href="http://www.lectorconstante.com/wp-content/uploads/2011/06/archie-smith.jpg"><img class="size-full wp-image-858" title="Archie Smith, niño maravilla" src="http://www.lectorconstante.com/wp-content/uploads/2011/06/archie-smith.jpg" alt="" width="415" height="512" /></a><p class="wp-caption-text">Una vocecita preguntó: -¿Es él?</p></div>
<p><strong>DEBAJO DE LA ALFOMBRA</strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<div id="attachment_859" class="wp-caption aligncenter" style="width: 501px"><strong><strong><a href="http://www.lectorconstante.com/wp-content/uploads/2011/06/Burdick-under-rug1.jpg"><img class="size-full wp-image-859" title="Debajo de la alfombra" src="http://www.lectorconstante.com/wp-content/uploads/2011/06/Burdick-under-rug1.jpg" alt="" width="491" height="607" /></a></strong></strong><p class="wp-caption-text">Pasaron dos semanas y volvió a suceder.</p></div>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>UN EXTRAÑO DÍA EN JULIO</strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<div id="attachment_860" class="wp-caption aligncenter" style="width: 583px"><strong><strong><a href="http://www.lectorconstante.com/wp-content/uploads/2011/06/strangeday.gif"><img class="size-full wp-image-860" title="Un extraño día en julio" src="http://www.lectorconstante.com/wp-content/uploads/2011/06/strangeday.gif" alt="" width="573" height="732" /></a></strong></strong><p class="wp-caption-text">Lanzó con todas sus fuerzas, pero la tercera piedra rebotó de regreso.</p></div>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>OTRO LUGAR, OTRO TIEMPO</strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<div id="attachment_861" class="wp-caption aligncenter" style="width: 555px"><strong><strong><a href="http://www.lectorconstante.com/wp-content/uploads/2011/06/place_time.jpg"><img class="size-full wp-image-861" title="Otro lugar, otro tiempo" src="http://www.lectorconstante.com/wp-content/uploads/2011/06/place_time.jpg" alt="" width="545" height="706" /></a></strong></strong><p class="wp-caption-text">Si había una respuesta, él la encontraría allí.</p></div>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>HUÉSPEDES SIN INVITACIÓN</strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<div id="attachment_862" class="wp-caption aligncenter" style="width: 542px"><strong><strong><a href="http://www.lectorconstante.com/wp-content/uploads/2011/06/uninvited_guests.jpg"><img class="size-full wp-image-862" title="Huéspedes sin invitación" src="http://www.lectorconstante.com/wp-content/uploads/2011/06/uninvited_guests.jpg" alt="" width="532" height="708" /></a></strong></strong><p class="wp-caption-text">Su corazón latía desbocado. Estaba seguro de que había visto girar el tirador de la puerta.</p></div>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>LA BIBLIOTECA DEL SEÑOR LINDEN</strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<div id="attachment_863" class="wp-caption aligncenter" style="width: 581px"><strong><strong><a href="http://www.lectorconstante.com/wp-content/uploads/2011/06/library.gif"><img class="size-full wp-image-863" title="La biblioteca del señor Linden" src="http://www.lectorconstante.com/wp-content/uploads/2011/06/library.gif" alt="" width="571" height="726" /></a></strong></strong><p class="wp-caption-text">Él la había prevenido sobre el libro. Ahora era demasiado tarde.</p></div>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>LAS SIETE SILLAS</strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<div id="attachment_864" class="wp-caption aligncenter" style="width: 527px"><strong><strong><a href="http://www.lectorconstante.com/wp-content/uploads/2011/06/harris9.gif"><img class="size-full wp-image-864" title="Las siete sillas" src="http://www.lectorconstante.com/wp-content/uploads/2011/06/harris9.gif" alt="" width="517" height="629" /></a></strong></strong><p class="wp-caption-text">La quinta silla terminó en Francia</p></div>
<p><strong>SÓLO POSTRE</strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<div id="attachment_868" class="wp-caption aligncenter" style="width: 428px"><strong><strong><a href="http://www.lectorconstante.com/wp-content/uploads/2011/06/Screen-shot-2011-01-08-at-6.45.44-PM.png"><img class="size-full wp-image-868" title="Sólo postre" src="http://www.lectorconstante.com/wp-content/uploads/2011/06/Screen-shot-2011-01-08-at-6.45.44-PM.png" alt="" width="418" height="498" /></a></strong></strong><p class="wp-caption-text">Acercó el cuchillo y se iluminó aún más.</p></div>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>CAPITÁN TORY</strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<div id="attachment_869" class="wp-caption aligncenter" style="width: 490px"><strong><strong><a href="http://www.lectorconstante.com/wp-content/uploads/2011/06/Captain.jpg"><img class="size-full wp-image-869" title="Capitán Tory" src="http://www.lectorconstante.com/wp-content/uploads/2011/06/Captain.jpg" alt="" width="480" height="640" /></a></strong></strong><p class="wp-caption-text">Movió su farol tres veces y lentamente apareció la goleta.</p></div>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>LA CASA DE MAPLE STREET</strong></p>
<div id="attachment_875" class="wp-caption aligncenter" style="width: 525px"><a href="http://www.lectorconstante.com/wp-content/uploads/2011/06/harris141.gif"><img class="size-full wp-image-875" title="La casa de Maple Street" src="http://www.lectorconstante.com/wp-content/uploads/2011/06/harris141.gif" alt="" width="515" height="625" /></a><p class="wp-caption-text">Fue un despegue perfecto.</p></div>
<p>Con esto cerramos, amigos. Tengan cuidado ahí fuera, porque cuando pasen dos semanas, volverá a suceder.</p>
<p><strong> </strong></p>
]]></content:encoded>
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		<item>
		<title>No peor que los venerables santos</title>
		<link>http://www.lectorconstante.com/2010/09/27/no-peor-que-los-venerables-santos/</link>
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		<pubDate>Mon, 27 Sep 2010 16:32:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Lector Constante</dc:creator>
				<category><![CDATA[El gato esperó un rato: Poesía]]></category>
		<category><![CDATA[Exhibición de atrocidades]]></category>
		<category><![CDATA[Lo que ustedes deberían leer]]></category>

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		<description><![CDATA[
Buenas tardes, Amigos y Desconocidos Lectores Constantes.
Vamos a ver si retomamos esto. ¿Qué les parece un poema, para ir abriendo boca? Me lo trajo el doctor Borge, Alá le dé la paz y la alegría, y ahora yo se lo traigo a ustedes. Se llama Alabanza de los sueños y es de la impronunciable Wislawa [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.lectorconstante.com/wp-content/uploads/2010/09/481px-Jan_Vermeer_van_Delft_012.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-844" title="Jan_Vermeer_van_Delft" src="http://www.lectorconstante.com/wp-content/uploads/2010/09/481px-Jan_Vermeer_van_Delft_012.jpg" alt="" width="481" height="600" /></a></p>
<p>Buenas tardes, Amigos y Desconocidos Lectores Constantes.</p>
<p>Vamos a ver si retomamos esto. ¿Qué les parece un poema, para ir abriendo boca? Me lo trajo el doctor <strong>Borge</strong>, Alá le dé la paz y la alegría, y ahora yo se lo traigo a ustedes. Se llama <em>Alabanza de los sueños</em> y es de la impronunciable <strong>Wislawa Szymborska</strong>.</p>
<p><span style="font-family: TimesNewRomanPSMT;"> </span></p>
<blockquote><p>En sueños</p>
<p>pinto como Vermeer van Delft.</p>
<p>Hablo griego con fluidez</p>
<p>y no sólo con los vivos.</p>
<p>Conduzco un coche</p>
<p>que me obedece.</p>
<p>Poseo talento</p>
<p>y escribo grandes poemas.</p>
<p>Oigo voces</p>
<p>no peor que los venerables santos.</p>
<p>Mis dotes pianísticas</p>
<p>os dejarían boquiabiertos.</p>
<p>Revoloteo como es debido,</p>
<p>es decir, por propio impulso.</p>
<p>Me precipito desde el tejado</p>
<p>y sé caer, suave, en el verdor.</p>
<p>No tengo problemas</p>
<p>para respirar bajo el agua.</p>
<p>No puedo quejarme:</p>
<p>he descubierto la Atlántida.</p>
<p>Por suerte sé despertar siempre</p>
<p>antes de morir.</p>
<p>En cuanto una guerra estalla</p>
<p>me vuelvo del otro lado.</p>
<p>Soy hija de mi época</p>
<p>pero no por obligación.</p>
<p>Hace un par de años</p>
<p>vi dos soles.</p>
<p>Y, anteayer, un pingüino.</p>
<p>Con meridiana claridad.</p></blockquote>
<p>Está extraído de la antología <em>Paisaje con grano de arena</em>, que edita <strong>Lumen</strong> y traducen <strong>Jerzy Skvomirsky</strong> y <strong>Ana María Moix</strong>. ¿Les ha gustado? Pues mañana, más.</p>
<p>Tengan cuidado ahí fuera, donde habrá que romperlo todo para volver a empezar.</p>
]]></content:encoded>
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		<title>Mutis por el foro</title>
		<link>http://www.lectorconstante.com/2010/07/31/mutis-por-el-foro/</link>
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		<pubDate>Sat, 31 Jul 2010 20:01:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Lector Constante</dc:creator>
				<category><![CDATA[El Lector Constante escribe: Guión.]]></category>
		<category><![CDATA[Exhibición de atrocidades]]></category>
		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[
Buenos días, Amigos y Desconocidos Lectores Constantes.
Tiempo sin verles. Venía yo a contarles que el jueves asistí a la lectura de la obra de teatro que he estado escribiendo a pachas con un amigo, en lugar de estar escribiendo aquí bonitas entradas sobre bonitos libros.  No es broma: los sábados por la mañana, que eran [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.lectorconstante.com/wp-content/uploads/2010/07/ablab96d.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-838" title="ablab96d" src="http://www.lectorconstante.com/wp-content/uploads/2010/07/ablab96d.jpg" alt="" width="844" height="394" /></a></p>
<p>Buenos días, Amigos y Desconocidos Lectores Constantes.</p>
<p>Tiempo sin verles. Venía yo a contarles que el jueves asistí a la lectura de la <strong>obra de teatro</strong> que he estado escribiendo a pachas con un amigo, en lugar de estar escribiendo aquí bonitas entradas sobre bonitos libros.  No es broma: los sábados por la mañana, que eran el momento ideal para preparar un desayuno pantagruélico y escribir largas entradas, se los he dedicado íntegros a la obra de teatro. A ver si ahora, que está casi terminada, recupero mi errática frecuencia de actualización.</p>
<p>De la obra puedo contarles que fue un encargo y que yo de escribir teatro sé lo mismo que de laminar en frío: nada de nada. Pero ha sido muy divertido intentarlo y parece que a los actores y al director les ha gustado. O tienen el criterio donde nunca pega el sol o nos ha salido mejor de lo que yo esperaba. La lectura del otro día estuvo bien, porque de repente todas esas líneas de diálogo tenían un tono de voz y una cara, y algunas sonaban razonables y otras sonaban como el culo. En breve empezarán los ensayos y asistiremos, y seguramente vendré a contarles cosillas que haya aprendido. Si al equipo no le molesta, pienso trufarles a preguntas sobre escenografía, dirección de actores e iluminación. Especialmente esto último, que me intriga sobremanera. ¿Cómo se ilumina y para qué? ¿Quién lo decide? ¿Puede echarse a perder una obra de teatro por un foco mal puesto?</p>
<p>Total, que mi amigo y yo salimos de la lectura con la cabecita muy alta y nos dijimos frases pomposas, arrogantes y completamente faltas de sentido, como <em>&#8220;el teatro es un espejo que se mira en un espejo&#8221;</em> o <em>&#8220;tras el telón, el abismo&#8221;</em>, por el puro gusto de sentirnos dramaturgos importantísimos y una pizca insoportables.</p>
<p>Además de eso, estoy en una serie nueva y está siendo todo bastante raro. Ya les contaré con calma, en la próxima entrada sobre guión. Sí, habrá próximas entradas. Me gusta mi <a title="Lector Constante en tumblr" href="http://lectorconstante.tumblr.com/">tumblr</a> y a lo mejor a ustedes les gusta también, pero me consta que algunos están hasta el coño de superhéroes y pulpos. A ver si retomamos el buen y viejo <strong>Lector Constante</strong>. Oh, y por cierto, he abierto una <a title="Lector Constante en formspring" href="http://www.formspring.me/LectorConstante">cuenta</a> de formspring. Si tienen alguna pregunta que hacer, será un placer responderla.</p>
<p>Tengan cuidado ahí fuera, donde cae el telón.</p>
]]></content:encoded>
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		</item>
		<item>
		<title>Caminamos hacia el río</title>
		<link>http://www.lectorconstante.com/2010/02/23/caminamos-hacia-el-rio/</link>
		<comments>http://www.lectorconstante.com/2010/02/23/caminamos-hacia-el-rio/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 23 Feb 2010 08:36:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Lector Constante</dc:creator>
				<category><![CDATA[Exhibición de atrocidades]]></category>
		<category><![CDATA[La estrella extravagante]]></category>
		<category><![CDATA[Lo que ustedes deberían leer]]></category>

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		<description><![CDATA[Buenos días, Amigos y Desconocidos Lectores Constantes.
Disculpen el abandono en que les he tenido estos meses. Los Amigos Lectores que se han pasado por la cuenta de Tumblr saben que sigo viva y que quiero ser un superhéroe casi a diario. También habrán visto allí algún que otro libro estupendo, alguna foto de caerse de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Buenos días, Amigos y Desconocidos Lectores Constantes.</p>
<p>Disculpen el abandono en que les he tenido estos meses. Los Amigos Lectores que se han pasado por la cuenta de <a title="Lector Constante en tumblr" href="http://lectorconstante.tumblr.com/">Tumblr</a> saben que sigo viva y que quiero ser un superhéroe casi a diario. También habrán visto allí algún que otro libro estupendo, alguna foto de caerse de espaldas y más de un ilustrador al que vale la pena echarle un vistazo. <strong>Tumblr</strong> es de manejo fácil y rápido y me permite compartir cosillas puntuales que no necesitan comentarios. No sustituye al genuino <strong>Lector Constante</strong>, pero es que no he tenido tiempo ni  ganas para más. Ya lo siento.</p>
<p>Hoy les traigo una cosa rápida y espero poder volver con más tiempo a contarles otras. Lo que van a leer es un extracto del cuento <em>Maternidad</em>, de <strong>Andrés Caicedo</strong>. Este tipo:</p>
<p><a href="http://www.lectorconstante.com/wp-content/uploads/2010/02/andres.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-833" title="andres" src="http://www.lectorconstante.com/wp-content/uploads/2010/02/andres.jpg" alt="" width="660" height="692" /></a></p>
<p>A lo mejor no les suena el muchacho, porque nadie lo ha editado en España, a pesar de que, en su día, lo llamaron <em>el Salinger colombiano</em>. No sé si la comparación tiene algún sentido, pero se apretó sesenta pastillas de Seconal cuando tenía veinticinco años, así que me temo que ya nunca lo sabremos. Es una lástima que no sea más conocido y que las palabras <em>escritor colombiano</em> nos lleven siempre a <strong>Gabriel García Márquez</strong> y no a <strong>Caicedo</strong>, que se cagaba bastante en el realismo mágico.</p>
<p>En fin, les dejo el comienzo del cuento y a ver si otro día hablamos con más calma de este muchacho, que lo merece. Está extraído del volumen <em>Destinitos fatales</em>, que publicó <strong>Oveja Negra</strong>. Le he añadido unas negritas pero le respeto la estructura, aunque qué le costaría a <strong>Caicedo</strong> separar párrafos, coño.</p>
<blockquote><p>A las vacaciones de quinto de bachillerato salimos con un saldo de muertos. &#8220;Es una verdadera tragedia terminar un año marcado por triunfo <strong>—</strong>la construcción de un nuevo pabellón deportivo, por ejemplo<strong>—</strong> con la desaparición de seis jóvenes que apenas despuntaban la que sería una brillante carrera&#8221;, se lamentó el padre rector, en el discurso de clausura. <strong>Pepito Torres</strong> hizo un viaje repentino a Bogotá (faltó a un examen final) y dicen que se vino a pie, devorando cuanto hongo mágico encontró a la vera del camino, y al llegar a Cali comenzó a dar escándalo público por la sexta, lo agarraron dos policías sin avisar a sus papás, lo metieron en la radiopatrulla en donde murió como un perro, dándose contra las rejas, exhalando por boca y narices un polvito negro. <strong>Manolín Camacho</strong> y <strong>Alfredo Campos</strong>, los inseparables, se volaron del colegio y fueron a pasar un viernes de tarde deportiva en el Río Pance, hubo crecida, y a los dos días encontraron sus cuerpos &#8220;entrelazados&#8221;, pero el periódico no explicaba cómo. Tiempo después un campesino encontraría, entre las raíces de un carbonero a la orilla del río, una botella con un manuscrito de <strong>Alfredo</strong>, redactado compulsivamente: &#8220;Vemos cómo crece el río. Es increíble. Es como si viniera a cobrar venganza por el pasado esplendoroso que le quitaron las modernas urbanizaciones. Pero ruge, recobra su poder. La idea se nos ha ocurrido a ambos. No seremos víctimas en vano. Mejorarán los tiempos. Cogidos de la mano caminamos hacia el río&#8221;. Yo nunca pensé que las cosas mejorarían así no más. Un mes antes de exámenes finales, <strong>Diego A. Castro</strong> (Castrico) salió con su hermano mayor, <strong>Julián</strong>, a La Bocana del Océano Pacífico. Les encantaba ese mar de agua, arena, cielo, selva y gentes negras. Ambos habían ganado medallas en intercolegiados, departamentales y nacionales de natación. No fueron a ninguna competencia internacional por el uso de las pepas. Así, podían nadar hasta la línea del horizonte, de allí alcanzar la línea que uno podría divisar si llegara al horizonte, y aún la otra. Pero no esa vez. A las pocas brazadas, <strong>Julián</strong> le resopló que se sentía muy mal, que se devolvía. <strong>Castrico</strong>, abstraído en sus movimientos parejos sobre las cresticas de cada ola, le dijo que bueno, y siguió nadando. Al regresar, feliz de su inmensa travesía, lo encontró en la playa, muerto, con el pescuezo inflado. Nadie sabe cómo regresó <strong>Castrico</strong> a Cali, pero ya se le había atravesado la existencia. Comenzó a buscarle pelea a todo el mundo, en especial a los amigos de su hermano. Cargó puñal. Viajaba al campo y allá peleaba con machete y ruana envuelta. Lo encerraron en el manicomio y se voló del manicomio reclamando la presencia de su madre. No era más que ella le tuviera al lado su frasco de pepas y <strong>Castrico</strong> se quedaba calmado, acariciando las flores, jugando con los gatos. Salía a la sexta una vez cada dos meses, y yo lo veía parado solo, hablando incoherencias sobre todas las mujeres, sonriendo. En la última pepera salió despavorido a buscar pelea, pero murió antes de que se la dieran: quedó como clavado en el suelo, gritó que se le abría el suelo y cayó muerto. Y van cinco. El sexto, <strong>Manolín Camacho</strong>, es el que más me duele. Mi compañero de pupitre. Solíamos caminar distraídos en los recreos, hablando de paisajes que nos imaginábamos en tres dimensiones de sólo mirar mapas. Nunca había probado ninguna droga, ni en las fiestas bebía. Sólo un sábado. Vaya a saber uno con quién se metió, quién lo invitó, por qué lo vieron recorriendo calles a la velocidad que iba, con la velocidad que iba, con la mirada desencajada, buscando qué, con la piel llena de huecos, insultando ancianas, pateando carros. Murió solo, en un baño cualquiera, esforzándose por vomitar lo que seguro se había tragado inocentemente y ahora le cercenaba el coccis, la próstata, el cerebelo. Le dieron una mezcla de analgésico para caballos y líquido de frenos para aviones. &#8220;Es una lástima, una serie así de muertes sin ningún sentido&#8221;, decía el padre rector. Y yo, agarrado a mi asiento, con una rabia inmensa, sabía qué sentido había. Nos habían escogido como primeras víctimas de la decadencia de todo, pero yo no iba a llevar del bulto. &#8220;Haré mi afirmación de vida&#8221;, pensaba, y no sonreí ni una sola de las seis veces que me llamaron para recibir diplomas de matemáticas, historia, religión, inglés, geografía y excelencia. Miraba a ese público compuesto por curas, alumnos y madres de familia, y recibía los aplausos con apretón de dientes. &#8220;Haré mi afirmación de vida&#8221;. (&#8230;)</p></blockquote>
<p>Espero que les haya gustado. Para los despistados, <em>pepas</em> son pastillas, y ésa es otra cosa buena de leer colombianos: aprende uno cantidad de palabros curiosos. Dicho lo cual, les dejo y me voy al curro. Aunque preferiría, ya se lo digo, comer cristales.</p>
<p>Tengan cuidado ahí fuera, donde nos han elegido como víctimas.</p>
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		<title>Otras voces, otros ámbitos</title>
		<link>http://www.lectorconstante.com/2009/10/13/otras-voces-otros-ambitos/</link>
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		<pubDate>Tue, 13 Oct 2009 19:16:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Lector Constante</dc:creator>
				<category><![CDATA[Exhibición de atrocidades]]></category>
		<category><![CDATA[Lo que ustedes deberían leer]]></category>

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		<description><![CDATA[Buenas noches, Amigos y Desconocidos Lectores Constantes.
Una entrada breve e informativa les traigo. Hace cosa de una semana, en mitad de uno de esos larguísimos momentos de ocio en la oficina, me dio un arrebato. Abrí una cuenta de tumblr y una de twitter, sitios ambos por los que, hasta ese momento, no sentía ni [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Buenas noches, Amigos y Desconocidos Lectores Constantes.</p>
<p>Una entrada breve e informativa les traigo. Hace cosa de una semana, en mitad de uno de esos larguísimos momentos de ocio en la oficina, me dio un arrebato. Abrí una cuenta de <strong>tumblr</strong> y una de <strong>twitter</strong>, sitios ambos por los que, hasta ese momento, no sentía ni una pizca de curiosidad o interés. Qué quieren, ya había revisado diez o doce veces mi correo, jugado al Tetris hasta la pantalla cuarenta y pico y actualizado el status de <strong>Facebook</strong> con chorradas mil. Y me aburría.</p>
<p>Podría haber utilizado ese tiempo infinito de tedio para escribir algo bonito aquí, en el <strong>Lector Constante</strong> de toda la vida, pero no me veía capaz de centrar el tiro como lo hago en casita, con el café, el cigarrillo y la pila de libros al lado. Así que me animé a probar el género breve, que es una cosa complicada cuando uno acostumbra a extenderse, a escribir polisílabos a cascoporro, a rajar y rajar como si no hubiera un mañana.</p>
<p>Mi cuenta de <strong>twitter</strong> no tiene, creo yo, mucho interés para ustedes. Todavía estoy aprendiendo a usarla, practicando el noble arte de no decir gran cosa en ciento cuarenta caracteres. Pero es posible que la cuenta de <strong>tumblr</strong> les interese un poco más, porque ahí es donde van a parar las cosas que me apetece compartir con ustedes pero que encuentro demasiado breves (o, de alguna manera, inadecuadas) como para traerlas aquí.</p>
<p>Para que puedan decidir si merece la pena echarle un vistazo, ahí tienen <strong>la última entrada</strong>, de hace apenas quince minutos. Alehop.</p>
<p>**</p>
<p><img class="aligncenter size-full wp-image-766" title="El suicidio de Áyax" src="http://www.lectorconstante.com/wp-content/uploads/2009/10/El-suicidio-de-Áyax.jpg" alt="El suicidio de Áyax" width="600" height="338" /></p>
<div>
<p>Mi abuela, Alá le dé la paz y la alegría, me regaló una versión de <strong><em>La Ilíada</em></strong> para niños cuando tenía yo unos diez años. En menos de veinte páginas ya había tomado partido, que es lo que mola de leer la <em>Ilíada</em>. Era muy difícil decidirse entre troyanos y aqueos, pero muy sencillo elegir entre personajes.</p>
<p><strong>Paris</strong> me parecía un mierda. Iba a muerte con <strong>Héctor</strong>, domador de caballos. <strong>Diomedes</strong> era el tío de los matices: a ratos hacía gala de un sentido común a prueba de bomba (“¿Y si nos devolvéis a <strong>Helena</strong> y acabamos con esta guerra de los cojones?”), a ratos se le iba la pinza (“Oye, que las naves no avanzan. Yo voto porque sacrifiquemos a <strong>Ifigenia</strong>”). A veces le echaba unos huevos tremendos a la batalla y se atrevía a herir a <strong>Afrodita</strong> y hasta al mismísimo <strong>Ares</strong>. Pero claro, siempre con <strong>Atenea</strong> detrás, por si las moscas.</p>
<p><strong>Aquiles</strong> molaba porque era un chulángano, una especie de estrella invitada a la guerra de Troya, una diva temperamental que lo mismo se levantaba guerrero asesino que ofendida de la muerte. Recuerdo leer la muerte de <strong>Patroclo</strong> y pensar: <em>“hostia, hostia, verás cuando se entere <strong>Aquiles</strong>”</em>. Tardé un tiempo en perdonarle la muerte de <strong>Héctor</strong>, domador de caballos, pero no mucho: fue un detallazo devolverle a <strong>Príamo</strong> el cuerpo, para las honras fúnebres.</p>
<p>En fin, que unos y otros molaban o no molaban, y a veces molaban unos días y otros no, según el humor del que anduviera yo mientras lo leía. Pero el que moló siempre y hasta el último momento fue <strong>Áyax Telamonio</strong>, Áyax el Grande. Porque:</p>
<p>-era el más alto y más grande y más fuerte de todos. Un tocho. Un titán.</p>
<p>-era el único al que los dioses no le ayudaban nunca. Y, a pesar de eso, no le hirieron ni una sola vez y hacía unas escabechinas tremendas entre los troyanos, que se acojonaban nada más verlo aparecer.</p>
<p>-también se la tenía jurada a <strong>Héctor</strong>, domador de caballos. Pelearon un día entero sin que hubiera ganador. Se despidieron con un apretón de manos y un intercambio de regalos: <strong>Áyax</strong> se llevó una espada con su vaina, <strong>Héctor</strong> se llevó un tahalí púrpura y yo me llevé una palabra nueva para la faltriquera. Pelearon una segunda vez y <strong>Héctor</strong> casi no lo cuenta.</p>
<p>-protegió los cadáveres de <strong>Patroclo</strong> y de <strong>Aquiles</strong> contra un montonazo de troyanos que querían llevárselos.</p>
<p>-se volvió loco. Como unas maracas, el pobrecito. En su delirio, vio un rebaño de ovejas, pensó que eran troyanos, le dio un satán y no dejó oveja viva.</p>
<p>-cuando despertó, lleno de sangre, se quería morir. La vergüenza se lo comía vivo. Cogió la espada que le había regalado <strong>Héctor</strong>, la apoyó en el suelo y zaca.</p>
<p>-la iconografía occidental del suicidio se inicia con la muerte de <strong>Áyax</strong>, representada en un sello corintio, allá por el año 700 a.C.</p>
<p><strong>Áyax</strong>, tío, cómo molabas.</p>
<p>**</p>
<p>Si les ha gustado y les apetece leer más cosillas breves, mirar bonitas estampas y ver curiosos vídeos, no tienen más que pasarse por aquí:</p>
<p><a href="http://lectorconstante.tumblr.com/">http://lectorconstante.tumblr.com/</a></p>
<p>Creo que se pueden dejar comentarios, pero que me ahorquen si sé cómo.</p>
<p>Eso era todo. Estoy preparando otra entrada sobre guión, con preguntas y respuestas, para el Lector Constante. No sé cuándo estará lista, porque el ocio de oficina me está haciendo crujir los dentros cosa mala, y a veces llego a casa y malditas las ganas que tengo de explicar cómo se hace el trabajo que me gustaría estar haciendo. Grmpfgh.</p>
<p>Tengan cuidado ahí fuera, donde lo bueno, si breve, bueno y breve.</p></div>
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		<title>Ellroy lo sabe</title>
		<link>http://www.lectorconstante.com/2009/10/06/ellroy-lo-sabe/</link>
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		<pubDate>Tue, 06 Oct 2009 22:34:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Lector Constante</dc:creator>
				<category><![CDATA[Exhibición de atrocidades]]></category>
		<category><![CDATA[Lo que ustedes deberían leer]]></category>

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		<description><![CDATA[Buenas días, Amigos y Desconocidos Lectores Constantes.
Hoy les traigo una cosa estupenda, y donde digo &#8220;estupenda&#8221; ustedes tienen que entender &#8220;lo mejor que he leído en toda la semana&#8221;. Si me apuran, hasta en todo el mes. Una cosa increíble, una cosa portentosa, una cosa para imprimir y repartir a las buenas gentes que cogen [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Buenas días, Amigos y Desconocidos Lectores Constantes.</p>
<p>Hoy les traigo una cosa estupenda, y donde digo <em>&#8220;estupenda&#8221;</em> ustedes tienen que entender <em>&#8220;lo mejor que he leído en toda la semana&#8221;</em>. Si me apuran, hasta en todo el mes. Una cosa increíble, una cosa portentosa, una cosa para imprimir y repartir a las buenas gentes que cogen el metro y se dan cuenta, demasiado tarde, de que se han olvidado el libro en casa. Breve introducción y vamos al asunto.</p>
<p>Lo que van a leer es un extracto del prólogo que <strong>James Ellroy</strong> escribió para <em>Hollywood Station</em>, un libro bellísimo de <strong>Joseph Wambaugh</strong>. Lo traduce <strong>Concha Cardeñoso</strong> y lo edita <strong>Norma</strong>, en la colección <strong>verticales de bolsillo</strong>. No es que les esté recomendando el libro, que también: es que les estoy recomendando el <strong>prólogo</strong>. Ustedes, Amigos, necesitan leerlo como el sediento necesita el agua fresca. De verdad que sí. Y ahora les cuento por qué.</p>
<p><img class="aligncenter size-full wp-image-752" title="hollywoodstation" src="http://www.lectorconstante.com/wp-content/uploads/2009/10/hollywoodstation.jpg" alt="hollywoodstation" width="378" height="600" /></p>
<p>A mí no suelen gustarme demasiado los textos sobre <strong>el placer de leer</strong>. Me aburren un poquito y me quitan tiempo para hacer otras cosas más interesantes, tal que leer algo estupendo. No necesito que nadie me diga que leer es bueno, que es bello y que es necesario. Yo ya lo sé y ustedes también, o no estarían aquí. Si uno tiene doce años y lleva gafas grandes y se pasa leyendo el tiempo que los demás pasan corriendo por el parque, está bien que pueda sentirse identificado con (y justificado por) un personaje como <strong>Bastián Baltasar Bux</strong>. Pero los que hemos cumplido los trece (o incluso alguno más) ya no tenemos que explicar por qué decidimos dejarnos el ojo bueno en un texto de mil quinientas páginas. Entre otras cosas, porque no le interesa a nadie. Son nuestros perjúmenes.</p>
<p>La excepción perfecta a esta regla es el texto que van a leer. Los que ya conozcan a <strong>Ellroy</strong>, no se sorprenderán. Los que lo estén leyendo por primera vez, prepárense a pasmarse. El extracto es largo, ya lo sé, pero confíen en mí cuando les digo que esto hay que leerlo y que hay que leerlo hasta el final. Luego me cuentan qué les ha parecido. Alehop.</p>
<p>**</p>
<p><strong>HOMENAJE A JOE</strong></p>
<p>Otoño del setenta y tres. Tenía veinticinco años. Me pateaba L.A. desenfrenadamente, con cautela. Tenía una pinta grotesca. Medía metro noventa y pesaba sesenta y tres. Tenía el torso en pura pústula. Me alimentaba de fiambre que robaba, comida rápida que no pagaba, vino Thunderbird y drogas. Dormía en un contenedor de Goodwill detrás de un súper Mayfair. Me quedaba estrecho. Un revoltijo de ropa vieja me proporcionaba calor y la mínima comodidad. Vivía lejos de los bajos fondos y los campamentos generales de perros callejeros. Llevaba encima una navaja de afeitar y me afeitaba en las gasolineras con jabón en polvo del lavabo. Minimizaba la suciedad visible y el mal olor rociándome con las mangueras de los jardines. Vendía mi plasma sanguíneo por cinco pavos la sesión. Vagaba por L.A. De vez en cuando me dejaba caer una temporada por la cárcel del condado. Mangaba revistas guarras y me hacía pajas en el contenedor de Goodwill de mi propiedad.</p>
<p>Era un misántropo menor con una misión. La misión era LEER. Leía en bibliotecas públicas y en mi contenedor. Leía exclusivamente libros policíacos. Hacía quince años que había entrado en vigor el mandato del estudio del crimen. Mi madre fue asesinada en junio del cincuenta y ocho. Fue un caso sexual sin resolver. Tenía entonces diez años. La muerte de mi madre no me supuso un trauma infantil al uso. Odiaba y deseaba a esa mujer. El asesinato fue instalándose en mi currículo mental y me invitaba a una obsesión a jornada completa. La asignatura de estudio era el CRIMEN.</p>
<p>Otoño del setenta y tres. Días cálidos empañados por la contaminación. Noches de calambres en el contenedor de Goodwill.</p>
<p><strong>Joseph Wambaugh</strong> publicó un libro nuevo. Se titulaba <em>Campo de cebollas</em>. Fue la primera incursión de <strong>Wambaugh</strong> en la no ficción. Dos rufianes raptan  a dos hombres del LAPD. A partir de ahí, las cosas se ponen  feas. Leí un extracto de prepublicación en una revista. Me quedé medio traspuesto en medio de la biblioteca Hollywood. El extracto era breve. Me dio con la puerta en las narices y me quedé con ganas de más. Se acercaba la fecha de publicación. Dos visitas al  banco de sangre me cubrirían el PVP del libro y me quedaría algo para bebida. Vendí el plasma. Me dieron la pasta. Me fundí la susodicha en vinacho T-bird, tabaco y perros calientes. Rabiaba por leer ese libro. Necesidades encontradas y más imperiosas me lo impedían. Todo era contrariedad. La contradicción se apoderó de mí. Las compulsiones químicas de supervivencia luchaban contra la necesidad superior de la lectura. Me coloqué y fui a Hollywood a dedo. Entré en la librería <strong>Pickwick</strong>. Me saqué los faldones de la camisa y aproveché mi delgada fisonomía. Me metí un ejemplar de <em>Campo de cebollas</em> en los pantalones y salí por piernas.</p>
<p>El destino intercedió&#8230; en forma del LAPD.</p>
<p>Llegué a la página 80, más o menos. Lecturas diurnas en bancos públicos, lecturas nocturnas en el contenedor. Conocí a los dos polis secuestrados y me cayeron bien. <strong>Ian Campbell</strong>: condenado a morir joven. Un gaitero americanoescocés. Espabilado, un poco tristón. Desplazado en el cincuenta y ocho a L.A. ¿Me hago policía? Por qué no. Ser respetado, rozar el lado salvaje, embolsarse cinco de los grandes al mes. <strong>Karl Hettinger</strong>: compañero de <strong>Campbell</strong>. Ingenio cáustico, cinismo aparente, nervios de punta por dentro. <strong>Gregory Powell</strong> y <strong>Jimmy Smith</strong>: un tándem como sal y pimienta. Están en libertad condicional. <strong>Powell</strong>, el blanco, es el perro alfa. Es un pervertido total, delgado, cuellilargo. <strong>Smith</strong>, el negro, es la bomba. Hace de perrito faldero y de paso se tira a la zorra de <strong>Powell</strong>. Han salido a atracar licorerías. <strong>Campbell</strong> y <strong>Hettinger</strong> cubren la ronda nocturna. Se produce el choque entre los cuatro hombres. El destino manda. Todo se tuerce que te cagas.</p>
<p>&#8220;Toc, toc&#8221;, porrazos en la puerta de mi contenedor de Goodwill.</p>
<p>Son los agentes <strong>Dukeshearer</strong> y <strong>McCabe</strong>, LAPD, distrito de Wilshire. No es la primera vez que me trincan. Esta vez no es más que una redada rutinaria de borrachos. Alguien me vio entrar en el contenedor y avisó a la pasma. <strong>Dukeshearer</strong> y <strong>McCabe</strong> me tratan con la amabilidad expansiva que la poli dispensa a los patéticos. Ven el ejemplar de <em>Campo de cebollas</em> y alaban mis preferencias lectoras. Voy a la comisaría de Wilshire. Desaparece el ejemplar número 1 de <em>Campo de cebollas</em>.</p>
<p>Por la mañana me procesaron. Me declaré culpable. El juez dictaminó que la condena estaba cumplida. Eso no significó que me soltaran al momento. Significó ingreso en la prisión del condado y puesta en  libertad desde allí.</p>
<p>El ingreso duró dieciséis horas. Registro de cavidades, rayos equis del pecho, análisis de sangre, despioje. Exposición intensiva a diversas variedades canallescas autóctonas de L. A.: todos me ganaban en machismo y <em>panache</em>. Una drag queen mexicana, de nombre <strong>Peaches</strong>, me apretó la rodilla. Le metí un puñetazo en  la jeta al <em>puto</em> cabrón. <strong>Peaches</strong> cayó al suelo, se levantó y me hinchó a hostias. Dos ayudantes del sheriff atajaron la trifulca. Les hizo gracia. Algunos internos aplaudieron a <strong>Peaches</strong>. Unos cuantos me abuchearon.</p>
<p>Quería volver a mi contenedor. Quería volver a la Hora del Crimen. Quería irme con <strong>Ian</strong>, <strong>Karl </strong>y los asesinos.</p>
<p>En veinte horas acabé el proceso de entrada y salida de la cárcel. La Hora del Crimen se convirtió en la Hora <strong>Wambaugh</strong>. Robé una pinta de vodka, me coloqué y fui andando a Hollywood. Entré en la librería<strong> Pickwick</strong> y robé el ejemplar número 2 de <em>Campo de cebollas</em>. Leí unas páginas en un banco y entré en el contenedor al anochecer. Llegué a la página 150, más o menos.</p>
<p>&#8220;Toc, toc&#8221;, porrazos en la puerta de mi contenedor de Goodwill.</p>
<p>Son los agentes <strong>Dukeshearer</strong> y <strong>McCabe</strong>, LAPD (distrito de Wilshire). Chaval, te metiste en el contenedor, te vieron. Dios, estás leyendo otra vez ese libro de <strong>Wambaugh</strong>.</p>
<p>El mismo proceso. La misma redada rutinaria de borrachos. El mismo juez. La misma condena cumplida. El mismo ingreso y libertad, veinte horas más, bien cumplidas.</p>
<p>Vejatorio. Agotador. Vuelta a cagarla hasta el fondo. Definición de lunático: el que hace la misma majadería una y otra vez y espera resultados distintos.</p>
<p>Quería volver al libro. Me había colgado de la Hora <strong>Wambaugh</strong> y me comían los remordimientos infligidos por <strong>Wambaugh</strong>.</p>
<p>Eres escocés, como <strong>Ian Campbell</strong>. <em>Pero</em>: no sabes tocar la gaita porque para eso hace falta disciplina y práctica. Y: eres patizambo y tienes las piernas huesudas, estarías ridículo con el <em>kilt</em> ancestral.</p>
<p>Ya,  pero no eres escoria como <strong>Powell</strong> y <strong>Smith</strong>. No, pero sobrevives robando. Ya, pero no eres despiadado. No, pero no tienes agallas para atracar licorerías. Un peso gallo marica te hinchó a hostias.</p>
<p>Hora <strong>Wambaugh</strong>. Remordimientos infligidos por <strong>Wambaugh</strong>. ¿Aprendes algo? ¿Cambias el rumbo? &#8230; No, todavía no.</p>
<p>Salí de la cárcel. Robé una pinta de vodka, me coloqué y fui andando a Hollywood. Entré en la librería <strong>Pickwick</strong> y robé el ejemplar número 3 de <em>Campo de cebollas</em>. Leí unas páginas en un banco del parque y me acurruqué detrás de un seto, cerca de mi contenedor. Esta vez llegué a la 250, más o menos.</p>
<p>&#8220;Zas, zas&#8221;, caricias de porras en  las piernas.</p>
<p>Son dos polis nuevos, del LAPD (distrito de Wilshire). Vuelta a lo mismo, prácticamente.</p>
<p>Pierdo el ejemplar número 3. Voy a la comisaría de Wilshire. Voy al juzgado y veo al mismo juez. Está harto de mi teatro. Le ofende mi jeta de andrajoso. Me da a elegir: seis meses en una cárcel del condado o tres en la misión Harbor Light del Ejército de Salvación. Sopeso las opciones. Opto por los himnos en  los bajos fondos.</p>
<p>El programa era sencillo y se cumplía con rigidez. Se toma la droga Antabuse. Se supone que impide la ingesta de alcohol. Si privas, te pones malo con todas las de la ley. Se comparte habitación con otro borracho. Se asiste a los servicios religiosos, se da de comer a los vagabundos y se reparten folletos de Jesús por todos los bajos fondos.</p>
<p>Lo hice. Tomé Antabuse, me aguanté el síndrome de abstinencia y no bebí. Dormía fatal. No paraba de montarme películas sobre el final de <em>Campo de cebollas</em>. Compartía una habitación con un ex sacerdote borrachín. Dejó la iglesia para vagabundear, beber y perseguir chuminos. Era un gran lector. Despreció mi currículo de libros policíacos en exclusiva. Lo mismo le daba <strong>Joseph Wambaugh</strong> que Jesús o Rin Tin Tin. Intenté explicarle lo que significaba <strong>Wambaugh</strong>. Los pensamientos se me desparramaron, descoyuntados. La verdad es que no me aclaraba.</p>
<p>El banco de sangre estaba a tres manzanas de la misión. Dos ventas de plasma me proporcionaron dinero para el libro. Fui andando a una librería del centro. Compré el ejemplar número 4 de <em>Campo de cebollas</em> y lo leí entero.</p>
<p><strong>Ian</strong> muere. <strong>Karl</strong> sobrevive, destrozado. <strong>Jimmy</strong> y <strong>Greg</strong> se aprovechan de los vericuetos del sistema legal y se libran del justo destino de morir. Indignación de <strong>Wambaugh</strong>. Terrible compasión de <strong>Wambaugh</strong>. Su mensaje de esperanza al final, claramente definido, suavemente enmudecido.</p>
<p>El libro me conmovió, me asustó y me recriminó la vida irresponsable que llevaba. El libro me sacó indirectamente de mí y me hizo mirar a la gente en atento silencio.</p>
<p>Me largué de la misión temprano. Quería vagabundear, leer y beber. Dejé el Antabuse y me reintoxiqué. Me encontré con un viejo amigo del instituto. Tenía un plan delictivo de los de poca monta, de los &#8220;es perfecto, no te lo pierdas&#8221;.</p>
<p>Vivía al sur de Melrose, justo enfrente del restaurante Nickodelle. El bar estaba a rebosar de borrachos pudientes. Yo asaltaría a los borrachos en el aparcamiento y los dejaría fuera de combate. Cruzaría Melrose de una carrera y llegaría a su casa en dieciséis segundos clavados.</p>
<p>Me negué. No se levanta la mano a otro ser humano gratuitamente. Eso no lo aprendí de pequeño con los luteranos. Con <strong>Joseph Wambaugh</strong>, sí.</p>
<p>**</p>
<p>A los que hayan llegado hasta aquí, felicidades. No sé si el esfuerzo les habrá merecido la pena, pero ahí tienen la sección de comentarios para explayarse al respecto. Si se han quedado con ganas de más, el prólogo continúa durante otras dieciocho páginas, tan buenas y tan adictivas como lo que han leído hasta ahora. Y si creen que <strong>Ellroy</strong> estaba exagerando un poco, anímense a leer <em>Hollywood Station</em>. A mí me lo prestó mi compañero <strong>Gorka</strong>, Alá le dé la paz y la alegría, y yo voy a comprar mi propio ejemplar, pero no me importaría fundirme la pasta en una pinta de vodka, robarlo en la librería <strong>Pickwick</strong> y leerlo dentro de un contenedor.</p>
<p>Tengan cuidado ahí fuera, donde leer es bueno, es bello y es necesario.</p>
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