<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>Lector Constante &#187; moresby</title>
	<atom:link href="http://www.lectorconstante.com/author/moresby/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>http://www.lectorconstante.com</link>
	<description>La Biblioteca del Lector Constante. Porque leer es bien y todo lo demás tampoco está mal.</description>
	<lastBuildDate>Sat, 04 Feb 2012 11:08:42 +0000</lastBuildDate>
	<generator>http://wordpress.org/?v=2.9.1</generator>
	<language>en</language>
	<sy:updatePeriod>hourly</sy:updatePeriod>
	<sy:updateFrequency>1</sy:updateFrequency>
			<item>
		<title>Eres una sucia rata</title>
		<link>http://www.lectorconstante.com/2007/01/05/eres-una-sucia-rata/</link>
		<comments>http://www.lectorconstante.com/2007/01/05/eres-una-sucia-rata/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 05 Jan 2007 12:24:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>moresby</dc:creator>
				<category><![CDATA[Quita, bicho!]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.lectorconstante.com/wordpress/?p=45</guid>
		<description><![CDATA[Buenos días, Amigos y Desconocidos Lectores Constantes.
Esta guía, como algunos de ustedes ya predijeron, tiene más altibajos que una Zodiac. Ora les actualizo el asunto a razón de entrada diaria, ora les abandono miserablemente en sus desiertos literarios personales. Dicho sea de paso, ésta es la primera vez que empleo el viejo ora… ora de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Buenos días, Amigos y Desconocidos Lectores Constantes.</p>
<p>Esta guía, como algunos de ustedes ya predijeron, tiene más altibajos que una Zodiac. Ora les actualizo el asunto a razón de entrada diaria, ora les abandono miserablemente en sus desiertos literarios personales. Dicho sea de paso, ésta es la primera vez que empleo el viejo ora… ora de los ejemplos del libro de lengua. ¿Se acuerdan? Ora… ora, ya… ya, bien… bien. En lo que mis profesores llaman “el habla” (es decir, la realización de la lengua), no me parece que se use demasiado. Bueh.</p>
<p>En fin, aquí me tienen de nuevo, trayéndoles a casita la flamante recomendación de la semana. He estado lejos de los cibercafés pero cerca de las bibliotecas, y he leído cosas muy bellas que ustedes deberían leer, porque el fin está cerca y vendrá como un ladrón en la noche, y no sabemos el día ni la hora, y sería una pena morirse sin haber leído algunas cosas. Sí, lo estoy diciendo por <strong>Gemma Rovira Ortega</strong>, traductora indolente de la última entrega de <strong>Harry Potter</strong>. He visto continentes moverse más deprisa, maldita vaga.</p>
<p>Volviendo a nuestra recomendación, permítanme que antes de explayarme les haga pasar por una pequeña prueba. Responda sinceramente. ¿Qué sentimientos le inspira esta imagen?</p>
<p><a title="Photo Sharing" href="http://www.flickr.com/photos/23069232@N00/54084934/"><img width="300" height="203" alt="Rattus_norvegicus" src="http://static.flickr.com/28/54084934_614a54f107_o.jpg" /></a></p>
<p>a) Asco, mucho asco. Preferiría comer cristales antes que acercarme a un bicho así. Y me está apeteciendo pegar un alarido que provoque minúsculas olas en mi taza de café.<br />
b) Cierta indiferencia. Es una rata corriente y moliente. A mí me van más las colegialas con faldita escocesa, no sé si me entiende.<br />
c) Interés. Las ratas molan. El Frente de Liberación de Alimañas mola. Deje de mirarme así, que yo no he dicho nada del depravado de la respuesta b).</p>
<p>Si usted ha respondido que a), es muy posible que la recomendación de hoy no le guste un pelo. Es una pena, pero qué le vamos a hacer. Las fobias es lo que tienen, que se acojona uno por tonterías. Mi amigo <strong>D.it</strong> tiene fobia a los tiburones, motivo por el cual se resiste ferozmente a ir a la playa, viajar en un avión que sobrevuele océanos o utilizar el bidet. Yo misma les tengo un pánico desmesurado a estos bichos:</p>
<p><a title="Photo Sharing" href="http://www.flickr.com/photos/23069232@N00/54084935/"><img width="449" height="500" alt="Manduca moth" src="http://static.flickr.com/32/54084935_943d0920ca.jpg" /></a></p>
<p>Dirán ustedes que no hay motivo para salir dando alaridos a la vista de una polilla, que son inofensivas y que no se conocen casos de personas mutiladas por haber encendido un farol en mitad de un descampado. Y seguro que tienen razón, pero yo no consigo olvidar aquella terrorífica plaga de polillas de hace seis veranos. Esas musculosas hijas de puta venían desde <strong>África</strong>, entraban en las casas particulares y se negaban a ser desahuciadas, por mucho que uno suplicase desde detrás de la puerta. Y así durante quince días. Argh.</p>
<p>Divago. Si usted ha respondido que b) o que c), entonces este libro puede interesarle. Las colegialas están bien, pero no son capaces de abrirse paso con los dientes a través del cemento.</p>
<p><strong>*LO QUE USTEDES DEBERÍAN LEER</strong></p>
<p>Levántense conmigo, Amigos y Desconocidos, para aplaudir con fervor a los muchachos de <strong>Alba Editorial</strong>, que han editado cosas tan bellas como la extensa biografía de <strong>Cole Porter</strong>, la imprescindible <strong>La tele que me parió</strong>, de mi paisano <strong>Pepe Colubi</strong>, el muy recomendable ensayo <strong>Durmiendo con extraterrestres</strong>, que les será comentado en esta misma Guía del Buen Leer, o el libro que nos ocupa hoy:</p>
<p><a title="Photo Sharing" href="http://www.flickr.com/photos/23069232@N00/54082379/"><img width="500" height="375" alt="Las ratas 003" src="http://static.flickr.com/25/54082379_450dd0b51f.jpg" /></a></p>
<p>Es posible que alguno de ustedes ya haya oído hablar antes del autor, porque <strong>Robert Sullivan</strong> es periodista, colaborador habitual (según la solapa) de <em>The New Yorker</em>, <em>Vogue</em> y el exótico <em>Condé Nast Traveler</em>. Ahí es nada.<br />
A lo largo de unas trescientas páginas, este señor nos cuenta cómo un buen día se levantó con ganas de estudiar la vida y los milagros de la rata común de Nueva York, más conocida en su casa como <em>Rattus norvegicus</em>, que pulula por callejones desiertos, edificios en ruinas y otros paraísos urbanos. Acampó en un callejón pequeño, oscuro y hediondo, pertrechado con unas gafas de visión nocturna, una silla plegable y un termo de café. Y se dispuso a observar y a escribir lo que viera.</p>
<p>Hay que concederle una cosa al señor <strong>Sullivan</strong>, y no se trata de la forma en que prescinde alegremente de las comas (lo que hay que atribuir más bien a su traductora, <strong>Carmen Aguilar</strong>) sin que el texto pierda coherencia. Hay que concederle el tesón y el empeño que le puso al asunto: no sólo acampó en el callejón ya mencionado para observar minuciosamente a las ratas residentes, sino que habló con empresas de exterminadores, acudió a convenciones del gremio, charló con vagabundos y otros habitantes del inframundo, leyó todo el material que pudo encontrar sobre estas fascinantes alimañas, y hasta se animó a hacer el <strong>Hemingway</strong> suburbano, acompañado de unos amiguetes ociosos y empleando una jaula repleta de apestosas exquisiteces que, en teoría, atraerían incluso a la rata más desganada.  Naturalmente, no consiguió cazar ni un mísero ejemplar, pero tanto las ratas como los amigos del autor se lo pasaron pipa.</p>
<p>Antes de continuar citándoles los párrafos más jugosos del libro, una advertencia. El señor <strong>Sullivan</strong> no es un artista de la pluma. Escribe razonablemente bien y se le sigue sin dificultad, pero tampoco es como para sacarlo a hombros de la redacción de su periódico. Se deja leer y eso es todo. Además, se extiende demasiado en reflexiones más o menos poéticas sobre Nueva York, y cae bastante en el tópico de establecer la clásica comparación entre la rata y el hombre, metáfora que me toca un poco los cojones, porque ya la he leído unas doscientas veces y porque me parece que requiere muy poca imaginación. A ver cuando se anima alguien a escribir algo tal que: <em>”Al contemplar a la rata común, evocamos la existencia de las toallitas de higiene íntima femenina. No solamente por su textura suave y húmeda, sino también por su comportamiento y sus hábitos de reproducción”</em>. No tendrá sentido, pero es más arriesgado que irse de cabeza al camino trillado.</p>
<p>Aclarada esa parte, una última advertencia: pueden leer en diagonal algunas partes del libro que, aunque no son propiamente un coñazo, tampoco tienen especial interés. El curtido Lector Constante sabrá distinguirlas él solito, espero. Yo prefiero contarles lo que deben leer con atención y regocijo. Por ejemplo, las historias que siguen:</p>
<p>**</p>
<p><strong>EL ORIGEN DE LAS RATAS DE COMPAÑÍA Y DE LABORATORIO</strong></p>
<p>*Es muy posible que fuera <strong>Jack Black</strong>, el cazador de ratas de la reina Victoria, quien emparentase a las ratas de compañía con el <em>Rattus norvegicus</em> salvaje. Jack Black cazaba ratas para la reina, pero también se quedaba con las que le interesaban. Vendió algunas a mujeres; en la época victoriana tener ratas como mascotas fue una moda pasajera: se dice que <strong>Beatrix Potter</strong> compró su rata mascota al mismísimo Jack Black.</p>
<p><a title="Photo Sharing" href="http://www.flickr.com/photos/23069232@N00/54086280/"><img width="150" height="150" alt="Rata blanca" src="http://static.flickr.com/32/54086280_bb4192c4bb_o.jpg" /></a></p>
<p>Black también crió una estirpe albina de <em>Rattus norvegicus</em>, que luego vendió en Francia a científicos. Las ratas de laboratorio se venden hoy directamente por correo electrónico. Cualquier científico puede pedir una rata según las necesidades de sus experimentos genéticos. La progenitora de la moderna rata de laboratorio es la <strong>rata Wistar</strong>, criada en los laboratorios Wistar de Filadelfia. He leído que la rata Wistar se desarrolló a partir de una rata albina que el Wistar Institute consiguió originalmente en Francia. Me gusta creer que todos los progresos de la época científica moderna derivados del trabajo con ratas de laboratorio son, en última instancia, resultado del trabajo de Jack Black, el audaz cazador de ratas.</p>
<p><strong>LA RATA SABE ADÓNDE VA</strong></p>
<p>Una de las cosas que más me fascinan de las ratas es que tengan noción de dónde están y de dónde han estado. Esto se explica porque les gusta estar en contacto con las cosas. Los biólogos dicen que las ratas son <strong>“tigmofílicas”</strong>, lo que quiere decir que <strong>”les gusta el tacto”</strong>. Tienen predilección por tocar las cosas mientras se desplazan. Sus derroteros son con frecuencia paralelos a paredes, rastros y curvas. En sótanos infestados andan por las vigas paralelas del techo, las superficies resbaladizas de grasa, las tuberías de desagüe. Al parecer, se sienten especialmente a salvo en los rincones, cuando pueden tocar una pared y a la vez tener una vía de escape.<br />
Cuando vienen y van en busca de comida, las ratas desarrollan una memoria del movimiento muscular, un sentido quinesiológico que les permite recordar las vueltas, la ruta, el recorrido hecho. Como las jóvenes siguen a las mayores, los trayectos se repiten y transmiten. A los exterminadores les gusta decir que, si hubiera alguna manera de echar abajo las paredes de un callejón o de una manzana infestada sin molestar a las ratas, éstas despertarían a la noche siguiente, se arriesgarían a salir y se desplazarían con absoluta precisión por las mismas rutas de la noche anterior, como si las paredes estuvieran todavía ahí. Recordarían las paredes. En la profundidad de sus tendones, las ratas saben historia.</p>
<p><strong>EL REY DE LAS RATAS</strong></p>
<p>Un fenómeno sólo en parte basado en hechos es el del <strong>”rey de las ratas”</strong>, un tipo de rata mencionado con frecuencia en el folklore ratuno. En general se considera que el <strong>”rey de las ratas”</strong> dirige a las demás cuando se juntan y van en manada. Los policías que patrullan de noche han declarado a veces haber visto uno de esos reyes al frente de una manada que cruza la calle. Los borrachos cuentan a menudo haberlos visto varias veces. Es verdad que de vez en cuando las ratas se desplazan en manadas enormes. Las he visto hacerlo. También es verdad que dentro de una colonia de ratas surge un macho dominante. Sin embargo no se trata de que una rata lidere a las demás.</p>
<p><a title="Photo Sharing" href="http://www.flickr.com/photos/23069232@N00/54084932/"><img width="377" height="350" alt="ratking" src="http://static.flickr.com/27/54084932_e5173a0cea_o.gif" /></a></p>
<p>Lo que ha despertado la idea de un mítico <strong>”rey de las ratas”</strong> es el fenómeno real de ratas cuyas colas se han enredado en el nido con las colas de otras ratas. La consiguiente maraña se llama <strong>”rey de las ratas”</strong>. Las ha habido de dimensiones que oscilan entre tres y treinta y dos ratas. A veces las ratas mueren, a veces las alimentan otras ratas y, por un tiempo, siguen vivas en el nido. En mitos y cuentos sobre ratas merodeadoras y asociaciones secretas de ratas, el <strong>”rey”</strong> suele sentarse en el centro de las ratas enredadas por la cola, y las ratas menores le sirven de trono.<br />
**</p>
<p>Además de estas cosillas más bien anecdóticas, hay un estudio detallado sobre la historia de las ratas en Nueva York, con hitos puntuales tal que la <strong>invasión de Rikers Island</strong> en 1915, o la increíble vida de <strong>Jesse Gray</strong>, extravagante personaje que consiguió movilizar a los inquilinos de la zona más miserable de Harlem para que denunciasen las asquerosas condiciones en las que vivían y se negasen a obedecer las órdenes de desahucio. Unas trece mil personas, que se dice pronto, <strong>”escandalizadas de su propio sufrimiento”</strong>, como apuntó la prensa, que convivían con ratas, basura e infecciones y que, por lo tanto, tenían ya muy poco que perder, se echaron a las calles. La comunidad negra, envalentonada por los recientes éxitos en el Sur  del movimiento de derechos civiles, se sumó encantada a la movilización. Los hispanos también arrimaron el hombro. La gente llevaba ratas muertas y vivas, y las arrojaba a las escaleras del ayuntamiento o las columpiaba por la cola ante los fotógrafos de la prensa. Esta huelga de inquilinos, la mayor que la ciudad haya conocido, acabó por dar resultado: los tribunales reconocieron las condiciones ruinosas de los edificios y se iniciaron las reparaciones.  <strong>Jesse Gray</strong>, entre arresto y arresto, siguió liderando follones de toda índole. Cuando le preguntaban qué lo había movido a organizar a la gente en defensa de sus derechos como ciudadanos, decía: <strong>”Tenía frío”</strong>.</p>
<p>¿Todavía dudan de la necesidad de echarle un ojo a este libro fascinante? Me cuesta creerlo. De todas formas, ahí va una historia más, extraída del capítulo 9, que hasta los vegetarianos militantes podrán leer con regocijo. He suprimido algunos párrafos y frases aquí y allá, porque son ustedes de la generación del videoclip, y yo sé que les cuesta fijar la atención en algo que dure más de diez segundos. Animalitos.</p>
<p>**</p>
<p><strong>PELEAS</strong></p>
<p>A través de Nueva York entraron a lo largo del siglo XIX en Estados Unidos veinticinco millones de personas. En la década de 1830 saltaban de las bodegas de los barcos anclados cerca de la costa mil personas al día. Y, además de vivir en covachas, los inmigrantes recién llegados hacían vida social. Durante muchos años, una de las formas de entablar relación consistía en apretujarse en pequeños antros –a veces llamados <strong>clubs de caballeros</strong>-, sentarse al borde de fosos inmundos y asistir a peleas de perros y ratas.</p>
<p>El antro más conocido era un lugar del puerto llamado <strong>Sportsman’s man</strong>, cuyo propietario y gerente era cazador y empresario de estas peleas: <strong>Christopher Keyburn</strong>, más conocido como <strong>Kit Burns</strong>. Kit Burns era tenaz, el rostro de tez rubicunda, robusto y musculoso, con grandes patillas en forma de chuleta. Cuando se emperifollaba, se ponía una camisa de color rojo chillón y tirantes. Había nacido en <strong>Donegal, Irlanda</strong>, y había llegado de niño a Nueva York. Abrió el Sportsman’s man en 1840, en el 273 de Water Street, un barrio considerado por quienes no vivían en él “antro de podredumbre moral”. Vecino de Kit era <strong>John Allen</strong>, también conocido como <strong>”el hombre más infame de Nueva York”</strong>, dueño de un salón de baile.</p>
<p>Como empresario de peleas entre perros y ratas, Kit hizo dinero suficiente para traerse a sus padres de Irlanda, y luego a su hermano, que se hizo policía. Kit fabricaba su propia bebida alcohólica y la vendía en el reñidero. Era el único alcohol que bebía, y lo hacía a razón de veinte vasos por día. Formó parte de una pandilla llamada los <strong>Conejos Muertos</strong>, una banda de la clase trabajadora irlandesa que defendía el barrio de otras pandillas “nativistas”, como la de los <strong>Chicos del Bowery</strong>.<br />
Se decía que al bar concurrían 250 personas decentes y 400 indeseables. El foso de las ratas estaba justo al final del local. Era un óvalo con suelo de tierra y paredes de madera, con bancos y palcos alrededor para los asistentes. Las ratas aparecían en jaulas de alambre del tamaño de un cubo grande, de cincuenta en cincuenta, chillando y siseando. Cuando los perros veían que las soltaban, aullaban y las ponían frenéticas. <strong>Jocko el Perro Fantástico</strong>, un perro cazador de ratas londinense, ostentaba el récord mundial: había matado cien en cinco minutos y veintisiete segundos.<br />
Cuando eran hombres los cazadores se esperaba de ellos que arrancaran la cabeza del animal. Muchas veces acababan con el rostro mordido y ensangrentado. Incluso a Kit le repugnaban estas escenas: se dice que echó a un individuo a patadas del local por intentar practicar esa modalidad. Aun así, cuando murió, su hija se casó con un degollador de ratas, Richard Toner, alias <strong>Dick la Rata</strong>.</p>
<p><a title="Photo Sharing" href="http://www.flickr.com/photos/23069232@N00/54086893/"><img width="508" height="368" alt="Lucha de perros y ratas en el antro de Burns" src="http://static.flickr.com/27/54086893_002b03907b_o.gif" /></a></p>
<p>A Kit le iban bien las cosas, hasta que apareció en escena <strong>Henry Bergh</strong>, fundador de la <strong>Sociedad de Prevención contra la Crueldad con los Animales</strong>. La gente lo señalaba por las calles, le llamaban “el bípedo ubicuo y humanitario”. “Ahí va el hombre que es bondadoso con los animales indefensos”, decían. Bergh era un tipo entregado a su trabajo: convenció a los tiradores de clase alta de que dispararan a bolas de cristal, en vez de a pichones vivos; expuso las crueles e insalubres condiciones que padecían las vacas lecheras en los sótanos de las fábricas de cerveza, donde las alimentaban con desechos de las destilerías: <strong>el delito de la leche bazofia</strong>, como se denominó. En 1860 centró su atención en las peleas de perros y luego en las peleas de ratas, un sector del ocio en el que Kit Burns ejercía un dominio indiscutible. En 1867, había conseguido la desarticulación de los reñideros más destacados.<br />
El único reñidero que seguía operando era el de Kit Burns.</p>
<p><a title="Photo Sharing" href="http://www.flickr.com/photos/23069232@N00/54088317/"><img width="172" height="200" alt="Henry Bergh" src="http://static.flickr.com/29/54088317_14c5680107_o.jpg" /></a></p>
<p>Kit estaba acostumbrado a las redadas. Se las ingenió para abrir un túnel al fondo del local a modo de vía de escape, un estrecho pasadizo diseñado para que uno o dos hombres pudieran cortarle el paso a la policía mientras los cazadores escapaban por la parte trasera. Pero Bergh era persistente y no cejó en la persecución, liderando una redada tras otra, hasta que Kit fue a parar a la cárcel. En el juicio, Kit hizo una elocuente pero extraña defensa de la caza recreativa de ratas, basándose en que, a su entender, las ratas no eran animales; no eran nada en realidad.</p>
<p><strong>-¡El señor Bergh llama animales a las ratas!</strong> –dijo Kit-.<strong>Cualquier persona con dos dedos de frente sabe que las ratas son <em>alimañas</em>. Bergh toma partido por las ratas y no nos deja matarlas porque cree que son animales. ¿No mataría él una rata si se la encontrara en su despensa? ¡Claro que sí! Pero ¿mataría un caballo si se lo encontrara en su patio, o en su mismísimo salón? Claro que <em>no</em>. ¿Por qué? Porque un caballo es un <em>animal</em>, pero la rata no. Yo <em>conozco a las ratas</em>. Sé que son alimañas y que hay que matarlas. Y si podemos sacar algún partido divirtiéndonos con su muerte, tanto mejor.</strong></p>
<p>La defensa no surtió el efecto deseado, y Kit y Bergh siguieron con su tira y afloja. Mientras tanto, en los alrededores del reñidero de Water Streer, los reformistas religiosos ocupaban tabernas y salones de baile y convocaban sesiones de oración. El propio John Allen alquilaba su salón de baile para esas reuniones religiosas. Kit recibió muchas ofertas para hacer lo mismo. Al ver que las cosas se ponían difíciles en el barrio, acabó por alquilarles el local a los religiosos durante una hora, al mediodía. Preguntado sobre si pensaba dejar el negocio de las ratas, contestó:</p>
<p><strong>-No, caballero, en esta casa los juegos seguirán como siempre. En cuanto se marchen esos tíos, mataremos unas ratas, tendremos un rato de jaleo y toda la juerga que usted quiera.</strong></p>
<p>Pero en diciembre de 1869 murió <strong>Belcher</strong>, su perro favorito, en una pelea contra un perro de Brooklyn. Kit dijo después que al perro lo habían desquiciado las reuniones devotas.</p>
<p><strong>-Nunca volvió a ser el mismo desde que se celebran. Han sido los cánticos, más que las plegarias, los que han acabado con él.</strong></p>
<p>Kit, afligido por la muerte de su perro, alquiló definitivamente el local entero durante tres años. Convertido en misión y hogar para mujeres descarriadas, lo llamaron <strong>Misión de Kit Burns</strong>. Tiempo más tarde abrió otro local, pero de nuevo fue arrestado y encarcelado. Aunque pocos años antes había sobrevivido en el local de Kerrigan a una cuchillada en el cuello, en la cárcel pilló un resfriado y murió antes de ser juzgado. El funeral congregó a miles de personas y la prensa se hizo eco de su muerte, publicando algunas notas de tributo y homenaje, y otras de censura y desaprobación.</p>
<p>Por su parte, después de evitar un número incalculable de torturas a los animales, Henry Bergh fue más lejos y fundó la <strong>Sociedad para la Prevención de la Crueldad con los Niños</strong>. A pesar de sus esfuerzos, durante un tiempo siguieron celebrándose peleas clandestinas y otros espectáculos parecidos: la gente quería reunirse, comer, beber, divertirse y, algunas veces, armar gresca. Algunos historiadores sostienen que el final de las peleas no llegó hasta que otro espectáculo deportivo barato, capaz de congregar multitudes, fue elegido por un creciente número de vecinos de los barrios deprimidos del centro de Nueva York y de todo Estados Unidos: <strong>el béisbol</strong>.<br />
**</p>
<p>Con esto terminamos por hoy. Si aún están despiertos, vayan a la biblioteca y llévense <strong>Ratas. Cuatro estaciones entre los vecinos menos queridos de Nueva York: su historia y hábitat</strong>. Ya saben: lo escribe <strong>Robert Sullivan</strong>, lo edita <strong>Alba Editorial</strong> en su serie <strong>Supervivencias</strong>, lo traduce <strong>Carmen Aguilar</strong>, y usted, Amigo Lector Constante, debería leerlo. Porque sí. Porque las ratas molan.</p>
<p>Tengan cuidado ahí fuera, donde las ratas roen, roen, roen.<br />
Yo me voy a la biblioteca.<br />
Constant Reader.<br />
[Nota: del monográfico <strong>Capote</strong>, mejor ni hablamos. Ya les explicaré lo que ha ocurrido en otra ocasión. Seguramente, cuando lo traiga por fin. Hasta entonces, no me echen sal en la herida, que bastante tengo ya con lo mío. Snif.]</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.lectorconstante.com/2007/01/05/eres-una-sucia-rata/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>17</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Que se me pegue la lengua al paladar</title>
		<link>http://www.lectorconstante.com/2007/01/05/que-se-me-pegue-la-lengua-al-paladar/</link>
		<comments>http://www.lectorconstante.com/2007/01/05/que-se-me-pegue-la-lengua-al-paladar/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 05 Jan 2007 12:22:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>moresby</dc:creator>
				<category><![CDATA[Por ahí te pudras]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.lectorconstante.com/wordpress/?p=44</guid>
		<description><![CDATA[Buenas tardes, Amigos y Desconocidos Lectores Constantes.
El monográfico Capote va bien y muy pronto estará con todos ustedes. Dadas sus dimensiones, seguramente lo divida en tres entradas, algo así como infancia, adultez y decadencia del Maestro. Ya veré cómo lo organizo. No esperen conteniendo la respiración, ¿eh?.
Hasta entonces, como sé que no pueden vivir sin [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Buenas tardes, Amigos y Desconocidos Lectores Constantes.</p>
<p>El monográfico <strong>Capote</strong> va bien y muy pronto estará con todos ustedes. Dadas sus dimensiones, seguramente lo divida en tres entradas, algo así como infancia, adultez y decadencia del Maestro. Ya veré cómo lo organizo. No esperen conteniendo la respiración, ¿eh?.</p>
<p>Hasta entonces, como sé que no pueden vivir sin abrir cada cinco minutos su <strong>Guía del Libro y del Savoir Faire</strong>, les traigo un exótico bocado para mordisquear, que ya había prometido enseñarles hace tres o cuatro entradas.</p>
<p>Se trata de las famosas <strong>maldiciones yiddish</strong>. Mi bella amiga <strong>Eva</strong> tenía una no menos bella <strong>novia errante</strong>, que le trajo de sus viajes una <em>menorah</em>, o candelabro judío de siete brazos, y un librito donde se recopilaban hermosas maldiciones en yiddish. Maldecir, para los judíos y para cualquiera que tenga dos dedos de frente, no consiste únicamente en lanzar un buen improperio. La palabra dicha y la palabra escrita son algo más que representaciones de la realidad; son la realidad misma. La sangre que invocas sobre la cabeza de tu enemigo es sangre real, que mancha tu estirpe hasta la séptima generación. Hablaremos de esto en otro momento, Amigos Lectores, porque no sé si ustedes son conscientes del poder de la palabra adecuada en el momento preciso. &#8220;Al enseñarme a hablar&#8221;, dice <strong>Calibán</strong>, &#8220;me enseñaste a maldecir&#8221;, y dijo <strong>Yaveh Elohim</strong>: &#8220;Porque no eres frío ni caliente, porque eres tibio, te escupiré de mi boca&#8221;.<br />
Las maldiciones son importantes, como son importantes los exorcismos, las invocaciones y las plegarias. Si usted aún no se ha percatado, no debería estar leyendo este diario.</p>
<p>Allá van, pues, las hermosísimas maldiciones, porque el Lector Constante que se vista por los pies tiene que saber maldecir con propiedad. Disfrútenlas, hijos de un puerco estigio y una perra zamoria.</p>
<p><strong>*Men zol im tsuklepn tsu der vant vi a luaj un iedn tog, fun im opraisn a shtik.</strong><br />
Que lo peguen contra la pared como a un almanaque y que cada día le arranquen un trozo.</p>
<p><strong>*Vifl ior er iz gueganguen oif di fis zol er guein oif di hent, un di iberike zol er zij sharn oifn hint.</strong><br />
Que tantos años como anduvo sobre los pies, ande sobre las manos, y que el resto se arrastre sobre el trasero.</p>
<p><strong>*Megulgl zol er vern in a henglaijter: baitog zol er henguen un bainajt zol er brenen.</strong><br />
Que se transforme en una lámpara: que cuelgue de día y arda de noche.</p>
<p><strong>*Kain shum ain-hore zol im nit oismaidn.</strong><br />
Que ningún mal de ojo lo eluda.</p>
<p><strong>*Zol er zain vi a lulev**: zibn teg zol men im shoklen un dos reshte fun ior zol er lign.</strong><br />
Que sea como un lulav: que durante siete días lo sacudan y el resto del tiempo permanezca guardado.</p>
<p><strong>*Got zol im helfn vi a toitn der El mole rájamin.</strong><br />
Que Dios lo ayude como el responso a un muerto.</p>
<p><strong>*Raij zol er zain, der eintsiguer fun der gantser mishpoje.</strong><br />
Que sea muy rico, el único rico de toda la familia.</p>
<p><strong>*Er zol hobn bai zain toier tsuei struzhn; einer zol aroisloifn shraiendik: &#8220;A docter! A docter!&#8221;, un der tsveiter zol im nojloifn: &#8220;Tzu shpet! Men darf shoin nit!&#8221;.</strong><br />
Que tenga ante sus puertas dos porteros; que uno salga gritando: &#8220;Un médico! Un médico!&#8221;, y que el otro lo siga: &#8220;Demasiado tarde! Ya no hace falta!&#8221;.</p>
<p><strong>*Es zoln im vaksn tsibeles in pupik.</strong><br />
Que le crezcan cebollitas en el ombligo.</p>
<p><strong>*Er zol hobn Pare&#8217;s makes bashotn mit Iov&#8217;s krets.</strong><br />
Que tenga las plagas de Faraón matizadas con las pústulas de Job.</p>
<p><strong>*Got zol oif im onshikn fun di tsen makes, di beste</strong>.<br />
Que Dios le envíe, de las diez plagas, la mejor.</p>
<p><strong>*Got zol oif im onshikn a nar un er zol fum im nit kenen poter vern.</strong><br />
Que Dios le mande un tonto y que no pueda sacárselo de encima.</p>
<p><strong>*Zol Gots broje arain in zain pekele tsores.</strong><br />
Que entre la bendición de Dios en su paquetito de desgracias.</p>
<p><strong>*A grois guesheft zol er hobn ful mit sjoire, vos er hot zol men bai im nit fregn un vos men fregt zol er nit hobn.</strong><br />
Que tenga un negocio enorme, repleto de mercancías, y que no le pidan nada de lo que tenga, ni tenga nada de lo que le pidan.</p>
<p><strong>*Er zol hobn a baisenish vu er ken nit kratsn.</strong><br />
Que tenga un picor donde no pueda rascarse.</p>
<p><strong>*Hundert haizer zol er hobn, in iedn hoiz hundert tsimern in iedn tsimer tsvantsig betn, un der kadojes zol im varfn fun ein bet inem tsveitn.</strong><br />
Que tenga cien casas, en cada casa cien cuartos, en cada cuarto cien camas, y que las convulsiones lo arrojen de cama en cama.</p>
<p><strong>*Lebn zol er vi a tsibele, mitn kop in der erd.</strong><br />
Que viva como una cebolla, con la cabeza enterrada.</p>
<p><strong>*Ale tsein zoln bai im araisfaln, nor einer zol im blaibn, oif tseinveitog.</strong><br />
Que se le caigan todos los dientes menos uno, y que ése le duela.</p>
<p><strong>*Tsen shifn mit gold zol er farmogn un dos gantse guelt farkrenken.</strong><br />
Que posea diez barcos repletos de oro y que las enfermedades se lo consuman todo.</p>
<p><strong>*Got zol im helfn vi a toitn, bankes.</strong><br />
Que Dios lo ayude como las ventosas a un muerto.</p>
<p><em>**<strong>lulav</strong>: rama de palmera datilera que se agita, junto al etrog, en la fiesta del Sukkot.</em></p>
<p>Hasta ahí el momento yiddish. Si alguno de ustedes, paseando mismamente por Granada, es asaltado por la clásica gitana que se obstina en leerle la buenaventura o le mete un ramito de azahar por las narices, ya sabe lo que tiene que hacer. Resístase a sus avances, reciba impasible el ademán la consiguiente maldición calé, y responda tranquilamente con una de éstas. Y luego salga de allí a uña de caballo, por supuesto.</p>
<p>Para los que se hayan quedado con ganas de más, tenemos un par de joyas irlandesas, que pueden ustedes emplear el día de Saint Patrick, cuando el imbécil folkie local se ponga a bailar una jiga sobre su mesa.</p>
<p><strong>*Mallacht Dé ort.</strong><br />
Que Dios te maldiga.</p>
<p><strong>*Bás mích ort.</strong><br />
Mala muerte para ti,<br />
es decir,</p>
<p><strong>*Bás na bpisín chugat.</strong><br />
Que mueras como los gatitos<br />
Y con esto terminamos por hoy, no sin antes recomendar al Amigo Lector Constante interesado en estas cosas que busque por ahí un libro llamado <strong>La lengua de tu madre</strong>, donde encontrará una plétora de insultos, maldiciones y frases envenenadas de aquí y de allá. Se lo recomendaría comme il faut, pero yo no lo tengo y la biblioteca lo ha prestado, así que ya lo comentaremos otro día.</p>
<p>Tengan cuidado ahí fuera, donde se les secará la mano derecha.<br />
Constant Reader.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.lectorconstante.com/2007/01/05/que-se-me-pegue-la-lengua-al-paladar/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>13</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Timor mortis exultat me</title>
		<link>http://www.lectorconstante.com/2007/01/05/timor-mortis-exultat-me/</link>
		<comments>http://www.lectorconstante.com/2007/01/05/timor-mortis-exultat-me/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 05 Jan 2007 00:39:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>moresby</dc:creator>
				<category><![CDATA[Lo que ustedes deberían leer]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.lectorconstante.com/wordpress/?p=43</guid>
		<description><![CDATA[Buenas noches, Amigos y Desconocidos Lectores Constantes.
El caballero Terence H. White escribió Camelot, libro que ya he mencionado en una entrada anterior. Ustedes deberían haberlo leído en la infancia, pero algunos no han tenido esa fortuna. Léanlo ahora, no esperen a que sea demasiado tarde.
Tenía pensado argumentar un poco la recomendación, pero no vale la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Buenas noches, Amigos y Desconocidos Lectores Constantes.</p>
<p>El caballero <strong>Terence H. White</strong> escribió <strong>Camelot</strong>, libro que ya he mencionado en una entrada anterior. Ustedes deberían haberlo leído en la infancia, pero algunos no han tenido esa fortuna. Léanlo ahora, no esperen a que sea demasiado tarde.</p>
<p>Tenía pensado argumentar un poco la recomendación, pero no vale la pena. Les hago extracto de uno de mis capítulos favoritos, y ustedes (los que se animen a calzarse este tocho sin respirar) juzgarán si es exagerado considerarlo un libro básico para cualquier Lector Constante que se vista la armadura por los pies. Ahí tienen.</p>
<p>[Explicación previa: el joven <strong>Arturo</strong>, al que todos llaman <strong>Verruga</strong> (del inglés <em>wart</em>, que rima con <em>Art</em>) está aburrido y anda ocioso por el castillo. Llueve, y nadie le hace maldito el caso. Así que va a tocarle las narices a su preceptor, el mago <strong>Merlín</strong>, y le pide que lo transforme en algún animal. Porque Merlín sigue un curioso sistema educativo, que consiste en transformar al chiquillo en diferentes animales, y soltarlo en el lugar donde viven los auténticos, para que aprenda lo que pueda. Esta tarde, <strong>Verruga</strong> pide ser transformado en azor. <strong>Merlín</strong> lo transforma y lo lleva al pabellón de cetrería.]</p>
<p>***</p>
<p>-Perfecto -dijo el mago-. Y ahora, súbete a mi mano. Eh, cuidado, no me arañes. Escucha lo que voy a decirte. Te llevaré al pabellón de cetrería, que Hob ha cerrado por esta noche, y allí te dejaré suelto y sin caperuza, al lado de Balin y Balan. Presta atención. No te acerques a ninguno sin hablarles primero. Debes recordar que la mayor parte de los halcones tienen puesta la caperuza y pueden asustarse y obrar precipitadamente. Puedes confiar en Balin y Balan, así como en el cernícalo. No te aproximes al gavilán a menos que te lo indique. Y en ningún caso debes arrimarte a la jaula de Cully, porque está sin caperuza y se echaría contra ti a la menor ocasión que tuviera. No está muy bien de la sesera, el pobre, y si te coge no te soltará vivo. Recuerda que estás visitando una especie de pabellón militar de espartanos. Esos tipos son soldados profesionales, y como oficial subalterno te corresponde mantener la boca cerrada, sin interrumpir, y hablando sólo cuando te pregunten.</p>
<p>-Apostaría a que soy algo más que un subalterno, si realmente soy un azor.</p>
<p>-Pues sí, lo eres. Advertirás que tanto el cernícalo como el gavilán son corteses contigo, pero no te atrevas a interrumpir a los azores más veteranos, ni al gran halcón peregrino. Él es el coronel honorario de este regimiento y un noble caballero. En cuanto a Cully, bueno, también es coronel, aunque sólo sea de infantería, de modo que mucho ojo con lo que le dices.</p>
<p>-Tendré cuidado -repuso <strong>Verruga</strong>, que comenzaba a sentirse un tanto atemorizado.</p>
<p>-Está bien. Vendré a buscarte por la mañana, antes de que Hob se levante.</p>
<p>Todas las aves se callaron mientras <strong>Merlín</strong> introducía al nuevo compañero, y el silencio duró un buen rato después que el mago se hubo marchado en la oscuridad. La lluvia había dejado paso a una brillante luna llena de agosto. Era tan fuerte la claridad que podía verse perfectamente a unas quince yardas más allá de la puerta a una oruga trepando por un tronco. <strong>Verruga</strong> tardó algunos minutos en acostumbrarse a la penumbra que reinaba en el pabellón. La oscuridad se atenuaba donde daban los plateados rayos, y al fin <strong>Verruga</strong> pudo apreciar el sobrenatural aspecto del interior del pabellón de cetrería. Cada uno de los halcones parecía un ave de plata, de pie en una pata y con la otra recogida bajo el cuerpo. Todos parecían estatuas de caballeros en sus armaduras. Permanecían gravemente inmóviles, con sus emplumados cascos. La lona de las pantallas que protegían sus perchas oscilaba lentamente a impulsos del viento, como las banderas en un templo. En aquellos días solían colocar caperuzas a todas las aves rapaces, incluso a los azores, a los que según las modernas prácticas ya no se les coloca capacete.</p>
<p><strong>Verruga</strong> retuvo el aliento al observar aquellas imponentes figuras, tan quietas que podrían haberse tomado por estatuas de piedra. Se sentía abrumado por su magnificencia, y no tuvo necesidad alguna de obligarse a ser humilde y silencioso, como le había aconsejado <strong>Merlín</strong>, pues ello le salía espontáneamente.</p>
<p>De pronto oyóse un suave toque de campanilla, y el gran halcón peregrino se desperezó un poco y dijo con fuerte voz nasal, que procedía de su aristocrática nariz:</p>
<p>-Caballeros, podéis seguir hablando.</p>
<p>Pero continuó el silencio absoluto.</p>
<p>Sólo en una esquina del pabellón -que había sido alambrada para <strong>Cully</strong>-, suelto, sin caperuza y en plena época del cambio de plumas, podía oírse murmurar al irritable coronel:</p>
<p>-Condenado gobierno, condenados políticos, condenados bolcheviques. Maldito lugar. Cully, si sólo te quedara una hora de vida, y te condenases eternamente&#8230;</p>
<p>-Por favor, coronel -interrumpió fríamente el halcón peregrino-, no habléis así delante de los oficiales jóvenes.</p>
<p>-Ah, os pido disculpas, señoría -dijo el coronel, en seguida-. Es que tengo algo en la cabeza, ¿sabéis? Algo que me trae a mal traer.</p>
<p>Siguió otro silencio terrible y abrumador.</p>
<p>-¿Quién es el nuevo oficial? -inquirió la primera voz, hermosa y fiera.</p>
<p>Nadie respondió.</p>
<p>-Hablad de una vez, señor -ordenó el peregrino, mirando hacia adelante, como si viese algo realmente.</p>
<p>Pero no podían ver porque tenían puestas las caperuzas.</p>
<p>-Perdón -comenzó diciendo <strong>Verruga</strong>-. Soy un azor&#8230;</p>
<p>Y se detuvo, asustado del denso silencio.</p>
<p><strong>Balan</strong>, que era uno de los azores verdaderos que se hallaban a su lado, se inclinó hacia él y le murmuró afablemente al oído:</p>
<p>-No temas, llámale señoría.</p>
<p>-Soy un azor, señoría.</p>
<p>-Un azor, eso está bien. ¿Y puede saberse a qué rama de los Azores pertenecéis?</p>
<p><strong>Verruga</strong> no tenía la menor idea de lo que debía responder, pero no quiso dejar de hacer una tentativa.</p>
<p>-Señoría -repuso-, pertenezco a los Azores del Bosque Salvaje.</p>
<p>De nuevo se hizo el silencio que <strong>Verruga</strong> había comenzado a temer.</p>
<p>-Están los Azores de Yorkshire -manifestó el coronel honorario, lentamente-, los Azores de Gales y los MacAzores de Escocia. También conozco a los de Salisbury, los de Exmoor y los de Connaught. Pero no creo haber oído hablar jamás de los Azores del Bosque Salvaje.</p>
<p>-Puede ser una rama nueva de la familia, me atrevería a decir -declaró <strong>Balan</strong>.</p>
<p>&#8220;Dios le bendiga -pensó <strong>Verruga</strong>-. Mañana cazaré un gorrión bien gordo y se lo daré a espaldas de Hob.</p>
<p>-Sí, eso podría ser, capitán Balan. Eso podría ser.</p>
<p>De nuevo se hizo el silencio. Al cabo de un rato el halcón peregrino hizo sonar su campanilla y dijo:</p>
<p>-Comenzaremos con los reglamentos, antes de tomarle juramento.</p>
<p><strong>Verruga</strong> oyó que el gavilán de la izquierda comenzaba a toser nerviosamente al oír esto, pero el halcón peregrino no prestó atención.</p>
<p>-Azor del Bosque Salvaje -dijo el halcón peregrino-, ¿qué es una Bestia de Pata?</p>
<p>-Una Bestia de Pata -repuso <strong>Verruga</strong>, bendiciendo su suerte, por haber querido <strong>sir Héctor</strong> que le dieran una educación de primera clase- es un caballo, un sabueso, o un halcón.</p>
<p>-¿Por qué se les llama así?</p>
<p>-Porque estos animales dependen del poder de sus patas, de modo que por ley, todo daño que se infiera a la pata de un halcón, sabueso o caballo se considera como un atentado contra su propia vida. Un caballo cojo es un caballo muerto.</p>
<p>-Está bien -declaró el halcón peregrino-. ¿Cuáles son tus miembros más importantes?</p>
<p>-Las alas -afirmó <strong>Verruga</strong>, después de un momento, aventurando una opinión, pues no lo sabía realmente.</p>
<p>A esto siguió un tintineo general de las campanillas de las aves, cuando cada una de las graves figuras bajó la pata alzada, en señal de disgusto. Ahora se hallaban de pie sobre las dos patas con aire afligido.</p>
<p>-¿Las qué? -preguntó el halcón peregrino, ásperamente.</p>
<p>-Ha dicho sus condenadas alas -manifestó el coronel <strong>Cully</strong>, desde su encierro.</p>
<p>-Si hasta los tordos tienen alas -dijo el cernícalo, despectivamente, hablando por vez primera con su aguda voz.</p>
<p>-Vamos, piensa -susurró <strong>Balan</strong>, en voz baja.</p>
<p><strong>Verruga</strong> meditó desesperadamente.</p>
<p>El tordo tenía alas, cola, ojos, patas&#8230; Aparentemente, lo mismo que las demás aves.</p>
<p>-¡Las garras! -dijo de pronto <strong>Verruga</strong>.</p>
<p>-Bien, puede pasar -contestó el peregrino, afablemente, después de una de sus temibles pausas-. La respuesta debió de ser &#8220;las patas&#8221;, como en las otras preguntas, pero &#8220;garras&#8221; también puede valer.</p>
<p>Todos los halcones -y empleamos el término con amplitud, ya que algunos no lo eran-, alzaron la pata en que tenían la campanilla y volvieron a ponerse cómodos.</p>
<p>-¿Cuál es la primera ley de la pata?</p>
<p>(&#8220;Piensa&#8221;, le había dicho amistosamente el pequeño <strong>Balan</strong>, detrás de sus falsas plumas primarias.)</p>
<p><strong>Verruga</strong> meditó, y lo hizo con acierto.</p>
<p>-No soltar nunca la presa -repuso.</p>
<p>-La última pregunta -dijo el peregrino-. ¿Cómo harías, para matar a una paloma, si es de mayor tamaño que el tuyo propio?</p>
<p>Verruga tuvo suerte, pues había oído a Hob contar cómo había hecho eso <strong>Balan</strong>, una tarde. Por ello repuso:</p>
<p>-La estrangularía con mi pata.</p>
<p>-¡Muy bien! -contestó el halcón peregrino.</p>
<p>-¡Bravo! -exclamaron los demás, irguiendo las plumas.</p>
<p>-Noventa por ciento -dijo el gavilán, después de una rápida suma-. Descontando lo de las alas.</p>
<p>-¡El demonio me confunda!</p>
<p>-¡Coronel, por favor!</p>
<p>-El coronel Cully -susurró <strong>Balan</strong> a <strong>Verruga</strong>- no está en sus cabales. Creemos que se trata de algo de su hígado, pero el cernícalo asegura que eso le ocurre por tratar de mantenerse al mismo nivel que su señoría, lo que le origina una gran tensión nerviosa. Desde hace un tiempo no es el mismo de antes.</p>
<p>-Capitán Balan -dijo el halcón peregrino-. Murmurar es una grosería. Ahora procederemos a tomar el juramento al nuevo oficial. Páter, cuando guste.</p>
<p>El pobre gavilán, que se estaba poniendo cada vez más nervioso, sonrojóse profundamente y comenzó a tartamudera un complicado juramento acerca de cascabeles, correas y caperuzas.</p>
<p>-Con este cascabel -oyó <strong>Verruga</strong> que le decía- te obligo a dispensar&#8230; amor, honor y obediencia, en lo sucesivo.</p>
<p>Pero antes de que el capellán hubiese terminado de pronunciar el juramento, se detuvo y musitó sollozando:</p>
<p>-Oh, señoría, os pido perdón, pero he olvidado mis adminículos.</p>
<p>-Esos objetos de que habla son unos huesos -explicó en voz baja <strong>Balan</strong>-. Como es natural, tienes que jurar sobre unos huesos.</p>
<p>-¿Que habéis olvidado vuestros adminículos? Sabéis que es vuestro deber tenerlos a mano.</p>
<p>-Lo&#8230; lo sé.</p>
<p>-¿Qué habéis hecho con ellos?</p>
<p>La voz de gavilán pareció quebrantarse ante la enormidad de su confesión.</p>
<p>-Me&#8230; me los comí -manifestó el infortunado capellán.</p>
<p>Nadie dijo una palabra. El momento era demasiado terrible para hablar. Todos se pusieron en dos patas y volvieron la ciega cabeza hacia el culpable. Ni un solo reproche se dejó oír. Durante aquel silencio de cinco minutos, sólo se escucharon los sollozos y suspiros del indigno sacerdote.</p>
<p>-Bien -dijo el halcón peregrino, al fin-, la ceremonia de la iniciación deberá ser postergada hasta mañana.</p>
<p>-Si me disculpáis, señoría -dijo <strong>Balin</strong>-, tal vez podamos llevar a cabo la ordalía esta noche, ¿os parece bien? Creo que el candidato está suelto, pues no he creído escuchar que le estuviesen atando.</p>
<p>Al oír hablar de una ordalía, <strong>Verruga</strong> tembló interiormente, y decidió que <strong>Balin</strong> no vería una sola pluma del gorrión que llevaría a <strong>Balan</strong> al día siguiente.</p>
<p>-Gracias, capitán Balin. Precisamente pensaba en eso.</p>
<p><strong>Balin</strong> no respondió.</p>
<p>-¿Estáis suelto, novicio?</p>
<p>-Sí, señoría; pero, por favor, creo que no estoy preparado para una prueba.</p>
<p>-La ordalía es lo acostumbrado. Veamos -dijo el coronel honorario, reflexionando-. ¿Cuál fue la última prueba que tuvimos? ¿Lo recordáis, capitán Balan?</p>
<p>-Mi propia ordalía, señoría -dijo el amistoso azor-, y consistió en colgar por los pies, de mi correa, durante la tercera guardia.</p>
<p>-Si está suelto, no podrá hacer eso.</p>
<p>-Se le pueden dar unos golpes, señoría -dijo el cernícalo-. Con los debidos cuidados, desde luego.</p>
<p>-Enviadle junto al coronel Cully, mientras tocamos tres veces las campanillas.</p>
<p>-¡No, no! -exclamó el perturbado coronel, con voz agónica, desde su oscuro escondite-. No, señoría. Os ruego que no hagáis eso. Soy un villano tan grande que no respondo de las consecuencias. Perdonad al pobre muchacho, y no nos dejéis caer en la tentación.</p>
<p>-Coronel, procurad dominaros. Esa prueba me parece muy adecuada.</p>
<p>-Oh, señoría, me previnieron que no me acercase al coronel Cully -dijo <strong>Verruga</strong>.</p>
<p>-¿Os lo advirtieron? ¿Quién lo hizo?</p>
<p>El pobre <strong>Verruga</strong> comprendió que debía elegir entre confesar que era un ser humano, y dejar de aprender tantos secretos interesantes, o cumplir con la ordalía. Y <strong>Verruga</strong> no deseaba que le considerasen un cobarde.</p>
<p>-Me colocaré junto al coronel, señoría -manifestó y se dio cuenta de que su voz tenía un aire casi insultante.</p>
<p>El halcón peregrino no prestó atención al tono de voz de <strong>Verruga</strong>.</p>
<p>-Está bien -repuso el halcón peregrino-, pero antes debemos entonar un himno. Y ahora, páter, si es que no os habéis tragado vuestros himnos, como hicisteis con vuestros adminículos, tened la amabilidad de dirigir el Himno de la Ordalía.</p>
<p>&#8220;Y vos, señor Kee -agregó dirigiéndose al cernícalo-, cantad bajo, porque desentonáis bastante.</p>
<p>Los halcones quedáronse quietos, mientras el gavilán contaba &#8220;Una, dos y tres&#8221;. Entonces, todos aquellos curvados picos se abrieron debajo de las caperuzas, y al unísono cantaron así:</p>
<p><em>La vida es sangre, derramada y ofrecida.<br />
El ojo del águila puede soportar ese horror.<br />
Ante las aves de presa debéis decir:</em><br />
Timor mortis conturbat me.</p>
<p><em>La bestia de patas canta en voz baja,<br />
Pues la carne es mísera y el pie endeble.<br />
Fuerza al fuerte, y al señor, y al solitario.</em><br />
Timor mortis exultat me.</p>
<p><em>Vergüenza al perezoso, angustia al débil.<br />
Muerte al que teme echar a volar.<br />
Sangre desgarrando, con el pico, con la garra</em>.<br />
Timor mortis, <em>todo ello somos nosotros.</em></p>
<p>-Muy bonito -dijo el halcón peregrino-. Capitán Balan, creo que se excede usted un poco en el do de pecho. Y ahora, novicio, debéis aproximaros a la jaula del coronel Cully, y esperar a que toquemos las campanillas tres veces. Al tercer toque, podéis retiraros tan rápido como queráis.</p>
<p>-Está bien, señoría -dijo <strong>Verruga</strong>, y con gran intrepidez agitó las alas y se colocó en el extremo de una percha, al lado de la jaula de alambre de <strong>Cully</strong>.</p>
<p><a title="Photo Sharing" href="http://www.flickr.com/photos/23069232@N00/161669329/"><img width="500" height="406" alt="Azor" src="http://static.flickr.com/73/161669329_630f341eb5.jpg" /></a></p>
<p>-Muchacho, no te acerques más, no te aproximes a mí -dijo el coronel con voz profunda-. No tientes al demonio que todos llevamos dentro.</p>
<p>-No os temo, señor -repuso <strong>Verruga</strong>-. No os aflijáis, no sufriremos daño ninguno de los dos.</p>
<p>-¡Ninguno de los dos! Vamos, márchate antes de que sea demasiado tarde. Siento un impulso irresistible en mi interior.</p>
<p>-Tranquilidad, señor; sólo tienen que tocar tres veces -declaró <strong>Verruga</strong>.</p>
<p>Y en ese momento, los caballeros bajaron las patas que tenían bajo el cuerpo y dieron un toque solemne. El dulce tintineo llenó la habitación.</p>
<p>-¡Señoría, señoría! -gritó el torturado coronel <strong>Cully</strong>-. Tened piedad, por favor. Tocad de una vez. No creo que pueda resistir mucho más.</p>
<p>-Sed valiente, señor -musitó <strong>Verruga</strong>.</p>
<p>-Sed valiente, es muy fácil decirlo -repuso <strong>Cully</strong>.</p>
<p>Las campanillas tintinearon por segunda vez.</p>
<p>El corazón de <strong>Verruga</strong> latía apresuradamente, y ahora el coronel se le iba acercando de lado, por la percha. Sus garras arañaban la madera con un apretar convulsivo. Sus extraviados ojos relucían a la luz de la luna bajo un angustiado ceño. Pero no parecía haber nada cruel en su expresión; no trasuntaba innobles pasiones. Por el contrario, diríase que estaba aterrado ante <strong>Verruga</strong> y no triunfante.</p>
<p>-Si debe hacerse -susurró el coronel, hablando consigo mismo-, que sea rápido. ¿Piensas que el jovencito soltará mucha sangre?</p>
<p>-¡Coronel! -advirtió <strong>Verruga</strong>, pero permaneció donde estaba, sin moverse.</p>
<p>-¡Muchacho! -gritó <strong>Cully</strong>-. ¡Dime algo, deténme, por piedad!</p>
<p>-Hay un gato detrás vuestro -dijo <strong>Verruga</strong>, con toda calma-. O tal vez sea una marta. Mirad.</p>
<p>El coronel se volvió, rápido como la picadura de una avispa, y amenazó a la oscuridad. Pero no había nada. Volvió sus ojos fieros hacia Verruga de nuevo, barruntando el truco. Entonces con fría voz manifestó:</p>
<p>-La campana me invita. Tú no la oyes, azor, porque es el toque que te emplaza para los cielos o el infierno.</p>
<p>Los halcones, en efecto, estaban haciendo sonar sus campanillas, mientras el coronel Cully pronunciaba estas palabras, y ahora <strong>Verruga</strong> podía marcharse. La ordalía había terminado, y Verruga echó a volar. Pero mientras lo hacía, más rápidas que cualquier otro movimiento, las terribles garras del coronel <strong>Cully</strong> hendieron el aire.</p>
<p>Aferraron su presa, y lo hicieron irrevocablemente. Apretando, apretando, los enormes y tensos músculos del halcón se estremecieron en dos convulsiones. Pero un momento después <strong>Verruga</strong> se hallaba a un pie de distancia, y un puñado de plumas primarias aparecía en la garra del coronel <strong>Cully</strong>. Dos o tres plumas secundarias flotaban lentamente en un rayo de luna, cayendo hacia el suelo.</p>
<p>-¡Bien hecho! -exclamó <strong>Balan</strong>, entusiasmado.</p>
<p>-Una exhibición de gran destreza -declaró el halcón peregrino, sin importarle que el capitán <strong>Balan</strong> hubiera hablado antes que él.</p>
<p>-¡Amén! -dijo el capellán.</p>
<p>-¡Alma esforzada! -manifestó el cernícalo.</p>
<p>-¿No debiéramos honrarle con la Canción del Triunfo? -sugirió <strong>Balin</strong>.</p>
<p>-Ciertamente -repuso el halcón peregrino.</p>
<p>Y todos juntos se pusieron a cantar, dirigidos por el propio coronel <strong>Cully</strong>, a voz en cuello y haciendo resonar sus campanillas victoriosamente, bajo la impresionante luz de la luna.</p>
<p><em>Las aves de la montaña son más sabrosas<br />
Aunque las del valle están más gordas,<br />
Por eso nos parece conveniente<br />
Prestar más atención a las segundas.<br />
Hallamos un conejo semioculto,<br />
Y atacamos sus órganos vitales.<br />
El conejo nos supo a miel<br />
Y compensó nuestros desvelos.<br />
Algunos atacan a la alondra<br />
Cuyas bandadas nublan el sol.<br />
Otros van tras los nidos de perdiz,<br />
Y otros más miran y miran, y no hacen nada.<br />
Pero Verruga, el rey de los azores,<br />
Llegó más lejos que todos nosotros.<br />
Sus pájaros y animalillos<br />
llenarán nuestros banquetes,<br />
Y sus hazañas gloriosas cantaremos a coro.</em></p>
<p>-No lo olvidéis -exclamó el simpático <strong>Balan</strong>-. Podemos tener un rey de verdad en ese joven novicio. Cantémoslo de nuevo por última vez.</p>
<p><em>Pero Verruga, rey de los azores,<br />
Llegó más lejos que todos nosotros.<br />
Sus pájaros y animalillos<br />
llenarán nuestros banquetes,<br />
Y sus hazañas gloriosas cantaremos a coro.</em></p>
<p>***</p>
<p>Tengan cuidado ahí fuera, donde el toque de la campana nos emplaza.<br />
Lector Constante.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.lectorconstante.com/2007/01/05/timor-mortis-exultat-me/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>3</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Salvo el crepúsculo</title>
		<link>http://www.lectorconstante.com/2007/01/05/salvo-el-crepusculo/</link>
		<comments>http://www.lectorconstante.com/2007/01/05/salvo-el-crepusculo/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 05 Jan 2007 00:37:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>moresby</dc:creator>
				<category><![CDATA[El gato esperó un rato: Poesía]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.lectorconstante.com/wordpress/?p=42</guid>
		<description><![CDATA[Buenos días, Amigos y Desconocidos Lectores Constantes.
Breve entrada la que les traigo hoy, Amigos, porque está amaneciendo de cojones y aliquando bonus dormitat Homerus y toda la vaina. Y porque, además, resulta que tengo el ánimo ferozmente primaveral, y lo mismo me subo por las paredes que me tiro por los suelos. Entre acrobacia y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Buenos días, Amigos y Desconocidos Lectores Constantes.</p>
<p>Breve entrada la que les traigo hoy, Amigos, porque está amaneciendo de cojones y <i>aliquando bonus dormitat Homerus</i> y toda la vaina. Y porque, además, resulta que tengo el ánimo ferozmente primaveral, y lo mismo me subo por las paredes que me tiro por los suelos. Entre acrobacia y acrobacia, ocurre que estoy acumulando material jugoso para ustedes, que ya rezuma y rebosa, que está empezando a criar hijos&#8230; y que cada vez que me siento a escribirlo, acabo haciendo cosas que me avergonzaría de contar en los foros de amantes del tapir. Dejémoslo ahí. Ya se me pasará.</p>
<p>Mientras tanto, vamos a intentar romper la maldición, y vamos a hacerlo retomando una sección que ustedes, Lectores Constantes de Frágil Memoria, seguramente ya habían dado por perdida en el olvidadero. Mea culpa, mea culpa, lo sé. El ánimo primaveral, no me lo tengan en cuenta.</p>
<p><b>ENCONTRADO EN EL ÚLTIMO LIBRO</b></p>
<p>Es decir, encontrado en unas fotocopias que, quién sabe cómo, fueron a parar dentro de un libro, que a su vez estaba tan perfectamente oculto por otro libro más grande que llevo todos estos años convencida de que lo había perdido. Alegría, alborozo y una fanfarria de trompetas cuando lo encontré y lo abrí y cayeron las fotocopias. Hay tesoros en todas partes, como decía <b>Pippilotta Viktualia Rullgardina Krusmunta Efraemsdotter Långstrump</b>.</p>
<p>[O sea, <b>Pippi Calzaslargas</b>, que sí, que era muy punk, tenía un mono y un caballo, hacía lo que le daba la gana, se reía de la policía en su puta cara y todos querían ser como ella. Pf. A mí me parecía una lista de los cojones, y perdonen mi francés. Pero tenía razón, y en todas partes hay tesoros.]</p>
<p>Entre ellos, la palabra de hoy, y que pueden leer en la última estrofa de este poema:</p>
<p><b>LA ROSA DEL RELOJ</b></p>
<p>Es la hora de los enigmas,<br />
cuando la tarde del verano,<br />
de las nubes mandó un milano<br />
sobre las palomas benignas.<br />
¡Es la hora de los enigmas!</p>
<p>Es la hora de la paloma:<br />
sigue los vuelos la mirada<br />
de una niña. Tarde rosada,<br />
musical y divina coma.<br />
¡Es la hora de la paloma!</p>
<p>Es la hora de la culebra:<br />
el diablo se arranca una cana,<br />
cae del árbol la manzana<br />
y el cristal de un sueño se quiebra.<br />
¡Es la hora de la culebra!</p>
<p>Es la hora de la gallina:<br />
el cementerio tiene luces,<br />
se santiguan ante las cruces<br />
las beatas, el viento agorina.<br />
¡Es la hora de la gallina!</p>
<p>Es la hora de la doncella:<br />
lágrimas, cartas y cantares,<br />
el aire pleno de azahares,<br />
la tarde azul, sólo una estrella.<br />
¡Es la hora de la doncella !</p>
<p>Es la hora de la lechuza:<br />
descifra escrituras el viejo,<br />
se quiebra de pronto el espejo,<br />
sale la vieja con la alcuza.<br />
¡Es la hora de la lechuza!</p>
<p>Es la hora de la raposa:<br />
ronda la calle una vihuela,<br />
porta la vieja a la mozuela<br />
Un anillo con una rosa.<br />
¡Es la hora de la raposa!</p>
<p>Es la hora del alma en pena:<br />
una bruja en la encrucijada,<br />
con la oración excomulgada<br />
le pide al muerto su cadena<br />
¡Es la hora del alma en pena!</p>
<p>Es la hora del lubricán:<br />
acecha el mochuelo en el pino,<br />
el bandolero en el camino,<br />
y en el prostíbulo Satán.<br />
<b>¡Es la hora del lubricán!</b></p>
<p>Esto lo escribió <b>Valle-Inclán</b>, y a lo mejor otro día, cuando se me haya pasado el arrebato primaveral, les cuento alguna cosa de él, que lo merece. No por lo que escribía, que también, sino porque el hombre iba por la vida con esta pinta tan estupenda:</p>
<p><a xhref="http://www.flickr.com/photos/11293892@N00/141805946/" title="Photo Sharing"><img xsrc="http://static.flickr.com/47/141805946_98bb4394fa_o.jpg" width="256" height="340" alt="Sería rarito, pero iba hecho un pincel." /></a></p>
<p>Un tío con gafitas, barba de patriarca bíblico, zapatos estupendérrimos y una manga de sobra. Les adelanto la explicación y les ahorro el paseo por Google, que ya no son horas. <b>Don Ramón</b> tenía tendencia al encabronamiento repentino. Cuando le daba un satán, escupía insultos, bilis y espumarajos por la boca y desafiaba a duelo a quien se le pusiera por delante. Grrrrmfrrgghijosdeputaargghfhs, y todo eso.</p>
<p>En uno de estos arrebatos, se enzarzó con el periodista y crítico <b>Manuel Bueno</b>, que también era de la cofradía de la mano de hostias y que respondió a la sarta de insultos soltándole a <b>Valle</b> un contundente bastonazo en la muñeca. La cosa podría haber quedado en una fracturilla de andar por casa y poco más, porque un bastón no es una espada japonesa, pero el golpe le incrustó en la carne los gemelos que llevaba puestos. Eso es lo que pasa por echarse a las calles hecho un figurín, Amigos.</p>
<p>Total, que la herida se infectó, <b>Valle</b> la descuidó, y aquello acabó por gangrenarse y no quedó más remedio que amputarle el brazo. Trrchack! Naturalmente, a <b>Bueno</b> le comía la culpa, así que fue a pedir excusas en cuanto tuvo oportunidad. ¿Y qué le dijo <b>Valle</b>, como quien no quiere la cosa?</p>
<p>-<i>No se preocupe, aún me queda el otro, que es el de escribir</i>.</p>
<p>Efectivamente, amigo. Le quedaba un brazo y  además un envidiable espíritu de ahí me las den todas, porque prueben, prueben ustedes a atarse unos lustrosos botines acharolados con una sola mano, por no hablar de otras funciones un poquitín más necesarias, y ya me dirán si se lo tomarían con ese cuajo.</p>
<p>En fin, que me pierdo y que sigue siendo primavera. ¿Se han quedado con la palabra? Pues vamos a ver qué cuenta el diccionario:</p>
<p><b>lubricán</b>.<br />
(De <i>lupus</i>, lobo, y <i>canis</i>, perro, infl. por <i>lóbrego</i>).<br />
1. m. <b>crepúsculo</b>.</p>
<p>Haciendo una búsqueda rápida por la red, observarán que casi todos los resultados conducen a este poema o a una página de caza o de armerías. No es que se use mucho, esto del <b>lubricán</b>. Suena un poco sucio, ¿verdad? Pues ya saben lo que les toca, Amigos Lectores. Ármense de coraje y úsenla a discreción. Si quieren un contexto apropiado, esperen a estar a solas con el objeto de su lujuria, entornen así los ojos (sí, así, con mirada <b>lúbrica</b>) y digan sin temor:</p>
<p>-<i>Cúbreme de besos, sirena, que es la hora del lubricán</i>.</p>
<p>Si el objeto pone cara de pasmo (comprensible), o se parte de risa (más comprensible aún), puede usted estar tranquilo. Si pilla las dos referencias, santo Dios, póngase la ropa y salga de ahí a uña de caballo, porque está usted en las garras de un Lector Muy Muy Constante. Y menudo coñazo.</p>
<p>Me voy a dormir. Despiértenme el 21 de junio.</p>
<p>Hasta entonces, tengan cuidado ahí fuera, donde acecha el mochuelo en el pino, tan feliz.<br />
Constant Reader.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.lectorconstante.com/2007/01/05/salvo-el-crepusculo/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Dios mío, no siento las piernas</title>
		<link>http://www.lectorconstante.com/2007/01/05/dios-mio-no-siento-las-piernas/</link>
		<comments>http://www.lectorconstante.com/2007/01/05/dios-mio-no-siento-las-piernas/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 05 Jan 2007 00:35:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>moresby</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuidado con el Ojo Reptante]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.lectorconstante.com/wordpress/?p=41</guid>
		<description><![CDATA[Buenas tardes, Amigos y Desconocidos Lectores Constantes.
Tengo una emergencia doméstica que atender, así que van a permitirme que les presente la entrada de hoy dividida en dos partes. Vayan leyendo este cuento moderno de terror mientras yo peleo con los elementos, y ya vendré luego a traerles más y mejor material. Lean, lean y tiemblen.
***
El [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Buenas tardes, Amigos y Desconocidos Lectores Constantes.</p>
<p>Tengo una emergencia doméstica que atender, así que van a permitirme que les presente la entrada de hoy dividida en dos partes. Vayan leyendo este cuento moderno de terror mientras yo peleo con los elementos, y ya vendré luego a traerles más y mejor material. Lean, lean y tiemblen.</p>
<p>***<br />
<b>El hombre que se cayó de la cama</b></p>
<p>Hace muchos años, siendo yo estudiante de medicina, una de las enfermeras me llamó sumamente desconcertada, y me explicó por teléfono esta extraña historia: tenían un paciente nuevo, un joven, que acababa de ingresar aquella mañana; les había parecido muy agradable, muy normal, durante todo el día&#8230; en realidad, hasta hacía unos minutos en que, tras adormilarse un rato, se había despertado. Estaba muy nervioso, muy raro, no parecía el mismo. Se había caído de la cama, no se sabía cómo, y ahora estaba sentado en el suelo, dando voces y armando un verdadero escándalo, y se negaba a acostarse otra vez. ¿Podía, por favor, ir allí y resolver aquel problema?</p>
<p>Cuando llegué me encontré al paciente echado en el suelo junto a la cama mirándose fijamente una pierna. Había en su expresión cólera, alarma, desconcierto y cierta divertida curiosidad&#8230; pero lo que predominaba era el desconcierto, con un punto de consternación. Le pregunté si quería volver a acostarse, o si necesitaba ayuda, pero estas sugerencias parecieron alterarle y me hizo un gesto negativo. Me puse en cuclillas a su lado y fui sacándole la historia allí, echado en el suelo. Había ingresado aquella mañana para unas pruebas, me dijo. No tenía ningún problema, pero los neurólogos, al comprobar que tenía la pierna izquierda &#8220;holgazana&#8221; (ésa había sido la palabra exacta que habían utilizado) creyeron oportuno ingresarlo. Se había sentido perfectamente todo el día y al atardecer se había quedado adormilado. Cuando despertó se sentía bien también, hasta que se movió en la cama. Entonces descubrió, según sus propias palabras, &#8220;una pierna de alguien&#8221; en la cama&#8230; ¡<i>una pierna humana cortada</i>, era horrible!</p>
<p>Al principio se quedó estupefacto, asombrado, acongojado&#8230; jamás en su vida había experimentado, ni imaginado siquiera, algo tan increíble. Tanteó la pierna con cierta cautela. Parecía perfectamente formada, pero era &#8220;extraña&#8221; y estaba fría. De pronto tuvo una inspiración. Ya sabía lo que había pasado: ¡<i>Era todo una broma</i>! ¡Una broma absolutamente monstruosa y disparatada pero bastante original! Era el día de Año Viejo y todo el mundo estaba celebrándolo. La mitad del personal andaba achispado; todos gastaban bromas, tiraban petardos; una escena de carnaval. Evidentemente una de las enfermeras que debía de tener un sentido del humor un tanto macabro se había introducido subrepticiamente en la Sala de Disección, había sacado de allí una pierna y luego se la había metido a él en la cama para gastarle una broma cuando estaba aún completamente dormido. Esta explicación le tranquilizó mucho; pero considerando que una broma es una broma y que aquélla se pasaba ya un poco de la raya, lanzó fuera de la cama aquella pierna condenada. Pero, y en este punto perdió ya el tono coloquial y se puso de pronto a temblar, se puso pálido, <i>cuando la tiró de la cama, sin explicarse cómo, cayó él también detrás de ella&#8230; y ahora la tenía unida al cuerpo</i>.</p>
<p>-¡Mírela! -chilló, con una expresión de repugnancia-. ¿Ha visto usted alguna vez algo tan horrible, tan espantoso? Yo creí que un cadáver estaba muerto y se acabó. ¡Pero esto es misterioso! Y no sé&#8230; es espeluznante&#8230; ¡Parece como si la tuviera pegada!</p>
<p>La asió con las dos manos, con una violencia extraordinaria e intentó arrancársela del cuerpo y al no poder, se puso a aporrearla en un arrebato de cólera.</p>
<p>-¡Calma! -dije-. ¡Tranquilícese! ¡No se ponga así! No debe aporrear esa pierna de ese modo.</p>
<p>-¿Y por qué no? -preguntó irritado, agresivo.</p>
<p>-Porque esa pierna es suya -contesté-. ¿Es que no reconoce usted su propia pierna?</p>
<p>Me miró con una expresión en la que había estupefacción, incredulidad, terror y curiosidad a la vez, todo ello mezclado con una especie de recelo jocoso.</p>
<p>-¡Vamos, doctor! -dijo-. ¡Está usted tomándome el pelo! Está usted de acuerdo con esa enfermera&#8230; ¡no deberían burlarse así de los pacientes!</p>
<p>-No estoy bromeando -le dije yo-. Esa pierna es suya.</p>
<p>Vio por mi expresión que hablaba completamente en serio&#8230; y se pintó en su rostro una expresión de absoluto terror.</p>
<p>-¿Dice usted que es mi pierna, doctor? ¿No decía usted que ha de saber uno si una pierna es suya o no lo es?</p>
<p>-Desde luego que sí -contesté-. Uno debe saber si una pierna es suya o no. Me parece increíble que uno no sepa eso. ¿No será usted el que está de broma todo el rato?</p>
<p>-Le juro por Dios que no&#8230; uno ha de reconocer su cuerpo, lo que es suyo y lo que no lo es&#8230; pero esta pierna, esta <i>cosa</i> -otro estremecimiento de repulsión- no parece una cosa buena, no parece real&#8230; y no <i>parece</i> parte de mí.</p>
<p>-¿Qué es lo que parece? -le pregunté lleno de desconcierto, porque por entonces yo estaba ya tan desconcertado como él.</p>
<p>-¿Qué es lo que parece? -repitió lentamente mi pregunta-. Yo le diré lo que parece. <i>No se parece a nada de este mundo</i>. ¿Cómo puede ser mía una cosa así? No sé de dónde puede venir esto&#8230;</p>
<p>Su voz se apagó. Parecía aterrado, lleno de estupor.</p>
<p>-Escuche -le dije-. Me parece que usted no se encuentra bien. Déjenos que volvamos a echarle en la cama, por favor. Pero quiero hacerle una última pregunta. Si esto, esta cosa, <i>no</i> es su pierna izquierda -él había dicho que era una &#8220;falsificación&#8221; en determinado momento de nuestra charla, y había expresado su asombro por el hecho de que alguien se hubiera molestado en &#8220;fabricar&#8221; un &#8220;facsímil&#8221;- entonces ¿dónde <i>está</i> su pierna izquierda?</p>
<p>Volvió a ponerse pálido, tan pálido que creí que iba a desmayarse.</p>
<p>-No sé -dijo-. No tengo ni idea, ha desaparecido. No está. No la encuentro por ninguna parte&#8230;<br />
***</p>
<p><i>Postdata</i><br />
Después de publicarse esta historia (en <i>A Leg to Stand On</i>, 1984) recibí una carta de un eminente neurólogo, el doctor Michael Kremer, en la que me decía:</p>
<p><i>Me pidieron que viese a un paciente muy extraño en el pabellón de cardiología. Tenía fibrilación atrial y había disuelto un gran émbolo que le producía una hemiplejia izquierda, y me pidieron que le viese, porque se caía continuamente de la cama de noche y los cardiólogos no podían descubrir el motivo.</p>
<p>Cuando le pregunté lo que pasaba de noche me dijo con toda claridad que cuando despertaba en plena noche se encontraba siempre con que había en la cama con él una pierna peluda, fría, muerta, y que eso era algo que no podía entender pero que no podía soportar y, en consecuencia, con el brazo y la pierna sanos la tiraba fuera de la cama y, naturalmente, el resto del cuerpo la seguía.</p>
<p>Era un ejemplo tan excelente de pérdida completa de conciencia de una extremidad hemipléjica que no pude lograr que me explicara, es curioso, si su pierna de aquel lado estaba en la cama con él, a causa de lo obsesionado que estaba con aquella pierna ajena tan desagradable que había allí</i>.<br />
***</p>
<p>Extraído de <b>El hombre que confundió a su mujer con un sombrero</b>, escrito por <b>Oliver Sacks</b>, traducido por <b>José Manuel Álvarez Flórez</b> y editado por <b>Anagrama</b> en la <b>Colección Argumentos</b>. Les paso los datos básicos y desaparezco.</p>
<p><i>Título de la edición original</i>:<br />
The Man Who Mistook His Wife for a Hat<br />
©Gerald Duckworth &#038; Co<br />
Londres, 1985</p>
<p><i>Revisión técnica del doctor F. Sabanés Magriñá, especialista en psiquiatría y representante de la Sociedad Catalana de Psiquiatría</i>.</p>
<p><i>Diseño de la colección</i>:<br />
Julio Vivas<br />
Ilustración de Paul Slater a partir de &#8220;La traición de las imágenes&#8221; de Magritte.</p>
<p>©Oliver Sacks, 1985<br />
©EDITORIAL ANAGRAMA, S.A., 2002</p>
<p>ISBN: 84-339-6171-3</p>
<p>Y con esto les dejo, hasta que haya conjurado a las aguas para que se levanten a mi paso y, ya que están, vayan a meterse ellas solitas en el cubo de la fregona. Ntchs.</p>
<p>Tengan cuidado ahí fuera, donde la Esfinge tendrá que buscar otro acertijo.<br />
Constant Reader.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.lectorconstante.com/2007/01/05/dios-mio-no-siento-las-piernas/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>4</slash:comments>
		</item>
	</channel>
</rss>

