Villanos mátente, Alfonso/ villanos, que non fidalgos/ de las Asturias de Oviedo / que no sean castellanos

Guardado en: Exhibición de atrocidades — Ingram at 7:30 pm on Miércoles, Mayo 7, 2008

Buenas tardes, Amigos y Desconocidos Lectores Constantes.

Ya estoy en Asturias, el lugar donde la niebla se puede cortar y seguro que hasta confeccionar. Ya sabrán ustedes que el norte está lleno de frío y lluvia, así que se han frustrado mis planes de robarle a mi hermana, la Hermana Constante, su bicicleta negra, el más bello y lustroso de los velocípedos, para recorrer la ciudad silbando algo bonito y esquivando lo que los franceses llaman carne de neumático (es decir, peatones).

De todas formas, quién dijo miedo. Me echo a las calles en cosa de cinco minutos, a respirar agua y salitre y a cazar un queso, si me topo alguno, o un poco de té de manzana confitada, que yo creo que es lo que Ganimedes le ponía en la copa a Zeus. Volveré mañana con ustedes y les contaré qué estoy leyendo y qué pueden leer ustedes en un largo, largo día de lluvia. Hasta entonces, les dejo con un hallazgo que ya tenía ganas de traerles hace unos días. Esto languidecía ahí, en el diccionario, sin que nadie le echara un mísero vistazo, y yo lo encontré buscando algo acerca de los reyes. Que me parta un participio si recuerdo el qué. Lean, lean y sonrían:

el rey Perico, o el rey que rabió, o el rey que rabió por gachas, o el rey que rabió por sopas.

1. m. Personaje proverbial, símbolo de antigüedad muy remota. En tiempo del rey Perico Acordarse del rey que rabió, o del rey que rabió por gachas

Rey de Romanos.

1. m. Título dado en el Imperio de Alemania a los emperadores nuevamente elegidos, antes de su coronación en Roma, y a los príncipes designados por los electores del imperio para heredar la dignidad imperial.

       rey de romanos.

1. m. El que ha de suceder a otro en algún oficio o cargo.

con el rey en el cuerpo.

1. loc. adv. U. comúnmente para designar al ministro o empleado que hace alarde del nombre del rey y se excede en el uso de su autoridad.

hacerle a alguien saltar por el rey de Francia.

1. (Por alus. al ejercicio de los perros amaestrados, que saltaban por el rey de Francia y no por la mala tabernera). loc. verb. Apremiarle mucho, hacerle que se ajetree.

la del rey.

1. loc. sust. f. coloq. lo del rey

       lo del rey.

1. loc. sust. m. La calle.

no conocer alguien al rey por la moneda.

1. loc. verb. coloq. Ser muy pobre, carecer de dinero.

salir, o salirse, alguien con algo como el rey con sus alcabalas.

1. locs. verbs. Salir adelante con su intento, porfiando hasta lograrlo.

Hale, rompan filas, que me reclama la calle. Qué bueno es el ocio y el no hacer ni el huevo, santo Dios.

Tengan cuidado ahí fuera, donde saltan los perros por la mala tabernera.

QTR (Que Trabaje Rita)

Guardado en: Exhibición de atrocidades — Ingram at 12:15 pm on Lunes, Mayo 5, 2008

Buenos días, Amigos y Desconocidos Lectores Constantes.

Ganas me dan, Amigos, de copiarles íntegro el Elogio de la ociosidad, del caballero Bertrand Russell, que mi primo, el DJ Constante, me envió hace unos días. No lo haré, pero sí que voy a copiar los primeros párrafos, la introducción al elogio. Léanlo cómodamente recostados y con las manitas sobre la barriga. O, mejor aún, consigan que otra persona se lo lea. Esfuerzos, los justos.

***

Como casi toda mi generación, fui educado en el espíritu del refrán “La ociosidad es la madre de todos los vicios”. Niño profundamente virtuoso, creí todo cuanto me dijeron, y adquirí una conciencia que me ha hecho trabajar intensamente hasta el momento actual. Pero, aunque mi conciencia haya controlado mis actos, mis opiniones han experimentado una revolución. Creo que se ha trabajado demasiado en el mundo, que la creencia de que el trabajo es una virtud ha causado enormes daños y que lo que hay que predicar en los países industriales modernos es algo completamente distinto de lo que siempre se ha predicado.

Todo el mundo conoce la historia del viajero que vio en Nápoles doce mendigos tumbados al sol (era antes de la época de Mussolini) y ofreció una lira al más perezoso de todos. Once de ellos se levantaron de un salto para reclamarla, así que se la dio al duodécimo. Aquel viajero hacía lo correcto. Pero en los países que no disfrutan del sol mediterráneo, la ociosidad es más difícil y para promoverla se requeriría una gran propaganda. Espero que, después de leer las páginas que siguen, los dirigentes de la Asociación Cristiana de jóvenes emprendan una campaña para inducir a los jóvenes a no hacer nada.

Si es así, no habré vivido en vano

***

Vamos, que estoy en el paro desde el miércoles pasado. La serie, como algunos ya sabrán, se pegó una hostia de dimensiones aterradoras y dejaron de emitirla después del segundo capítulo. Si alguien se quedó con las ganas de ver más, que no se apure: parece que la cadena tiene intención de seguir emitiéndola en algún momento. A lo mejor, en la segunda quincena de mayo. Les informaré en cuanto sepa algo más seguro. Muchas gracias, en todo caso, a los que la vieron, ya fuera por solidaridad, por curiosidad o por puro gusto de verla. Ustedes, ya lo saben, son formidables.

Y en cuanto a mí, pues aquí me tienen, de vacaciones. Pasado el primer momento de pánico, el momento de correr por la habitación como un pollo decapitado, gritando: “¡No tengo trabajo! ¡No tengo trabajo!”, no me quedó otra que relajarme y asumir la situación. No tengo trabajo, pero es posible que vuelva a tenerlo. No tengo trabajo, pero ésa no es razón para subirse por las paredes y tirarse por los suelos. No tengo trabajo, pero todavía tengo dinero para pagar el yogur y el alquiler, y hasta algún libro de segunda mano. No tengo trabajo, pero tengo ocio. Yupi. Yiiiiihu.

En paro
Total, que hasta que me encuentre haciendo cola entre estos señores sin dinero pero con sombrero, tengo largas horas por delante para leer todo lo que tenía pendiente, que ya iba siendo demasiado. No por ello abandono la búsqueda de curro, naturalmente. Mucho ocio conlleva mucha responsabilidad. Si no usas bien tu ocio, se volverá contra ti y te devorará. Etcétera, etcétera, etcétera. Así que si alguno de ustedes, Amigos, necesita una guionista para, yo qué sé, un bautizo, un gazpacho o una película, ya saben dónde me tienen.

Mientras tanto, échenle un vistazo a esto. Está extraído de un libro que me prestó un compañero: Las 36 situaciones dramáticas. Les pongo en antecedentes antes de copiar el extracto. Goethe, a quien todo el mundo conoce, dice que, según el universalmente desconocido autor Carlo Gozzi, sólo existen treinta y seis situaciones dramáticas. Sólo ésas y ni una más. A alguno le parecerán muchas, a otro pocas, pero ¿por qué treinta y seis? ¿Cuáles son esas situaciones dramáticas? Como Gozzi afirmó eso, pero no se molestó en enumerarlas, Goethe se dejó los cuernos buscándolas. Schiller, lo mismo. Y el autor de este libro, un tal Georges Polti, dice haberlas encontrado todas. Y lo dice de esta manera:
***

… En fin, -para abreviar-, yo encontré las treinta y seis situaciones, tal como las debió poseer Gozzi, y tal como se verán más adelante; porque existían como él había indicado, treinta y seis categorías que yo debí crear para repartir adecuadamente las innumerables obras melpomenienses. Sin embargo, este número no tiene nada de cabalístico ni de místico, me apresuro a decirlo; se podría si acaso elegir uno ligeramente más o menos elevado; pero yo considero ese como el más verosímil. […]

Ahora bien, a este hecho de declarar que no hay más que treinta y seis situaciones dramáticas, va a unirse un corolario singular, a saber: que no hay, en la vida, más que treinta y seis emociones. Así pues, treinta y seis emociones como máximo, he ahí el sabor de la existencia; he ahí lo que va y viene sin descanso, aquello de lo que se llena la historia como la mar de las mareas, y lo que es su sustancia, ya que es la sustancia de la humanidad, en las tinieblas de las selvas africanas como en la calle Unter den Linden o bajo las luces eléctricas del Bulevar, y lo será, sin duda, en las más infinitas distancias del futuro; puesto que, con estas treinta y seis emociones, -ni una más- adornamos, ¡no! comprendemos lo que nos es extraño, hasta la vida vegetal y el mecanismo cósmico, y puesto que desde ellas son y serán construidas para siempre nuestras teogonías y metafísicas, todos nuestros queridos “¡más allá!”, treinta y seis situaciones, treinta y seis emociones, ni una más.

***

Parece que está como unas maracas, ¿verdad? Bueno, igual sí. Pero a mí me pica la intriga, así que estoy leyendo las treinta y seis situaciones y, de momento, parecen correctas. A veces uno piensa: “eh, pero aquí también podría pasar esto”, y se da cuenta de que está pensando en subcategorías, por así llamarlas, de esas situaciones. El libro lo escribe, como decíamos, Georges Polti. Lo traduce Esteban Carrión, lo prologa José Luis Alonso de Santos y lo edita La Avispa. Hay que estar un poquito versado en teatro para entenderlo, porque casi todos sus ejemplos provienen de la tragedia griega, o del teatro isabelino o de los franceses y su extraño teatro. Algún ejemplo toma de la vida cotidiana o de asuntos más cercanos, pero es sencillo para el Lector Constante extrapolar esas situaciones a sus propias referencias, personales o literarias. ¿Quieren echar un vistazo a alguna de esas situaciones? Venga, ahí tienen un puñado, con los personajes que las componen:

***

Situación nº 1.- Súplica (un Perseguidor, un Suplicante y un Poder indeciso).

Situación nº 2.- Rescate (un Infortunado, un Amenazador y un Salvador).

Situación nº 3.- Venganza después de un crimen (un Vengador y un Criminal).

Situación nº 4.- Venganza entre parientes (un Vengador, un Culpable y el recuerdo de la Víctima).

Hamlet y Horacio

Situación nº 5.- Persecución (Castigo y Fugitivo).

Situación nº 6.- Desastre (un Poder derrotado, un Enemigo victorioso o un Mensajero).

Situación nº 7.- Caer en desgracia (un Vencedor o una Desgracia y un Desventurado).

Situación nº 8.- Rebelión (un Tirano y un Conspirador).

Situación nº 9.- Tentativa audaz (el Audaz, el Objetivo y el Adversario).

***

¿Ven por dónde van los tiros? Pues así, hasta treinta y seis, con sus explicaciones y sus subcategorías. Yiiiiihu.

Dicho lo cual, Amigos, me voy a dar una vueltecilla. Hace sol ahí fuera. Y mañana me voy a Asturias, a robarle la bici a mi hermana, la Hermana Constante, y pasear junto al mar y no hacer absolutamente nada. Yiiiiihu de nuevo. Volveré y les traeré queso de cabra y cosas bellas, bellas para leer y comentar.

Hasta entonces, tengan cuidado ahí fuera, donde se afanan las industriosas abejas.

¿Tenemos un Plan B?

Guardado en: Exhibición de atrocidades — Ingram at 8:43 pm on Lunes, Abril 14, 2008

Buenos días, Amigos y Desconocidos Lectores Constantes.

Hoy no tenemos recomendación literaria, por lo que espero que me disculpen los que entran aquí para saber en qué gastar esos diez euros que encontraron en el bolsillo de una rebeca de entretiempo. Hoy les traigo solamente unas cuantas novedades. A saber:

a) Si usted, Amigo Lector, reside en Madrid o lo visita a menudo, es bueno que sepa que los chicos de Arrebato Libros están de mudanza. Su librería de segunda mano, situada en la calle San Andrés 12 y con esta pinta tan bella

Arrebato Libros

se traslada a un sitio más grande, donde caben más libros y más Lectores Constantes en busca de tesoros. Se van a la calle La Palma 21, que queda como a la vuelta de la esquina de San Andrés. El viernes 18, a las siete y media de la tarde, inauguran el nuevo local. Pasen por allí si están ociosos, porque habrá gran regocijo y actividades variadas. Luego no digan que no se lo advertí.

b) Por su parte, los chicos de El rincón de lectura, bella librería de segunda mano que queda en la Plaza del 2 de mayo, tuvieron un serio percance con su local. Una mancha de humedad tan grande como Rumanía se extendió por sus paredes. No necesito decirles, Amigos, que la humedad es un feroz e implacable enemigo del libro, tan peligroso como el fuego o la estupidez. Así que El rincón de lectura está cerrado hasta nueva orden, sin que sepamos aún si abrirán en otro sitio o si reabrirán en el mismo cuando se haya secado lo mojado. Permanezcan atentos a su Guía de Lectura Favorita, y yo les contaré lo que sepa en cuanto lo sepa.

c) Está al caer el 23 de abril, Día del Libro, con su montoncito de eventos para que los habituales practicantes de esa actividad tan solitaria que es leer, hagan algo en común con otros como ellos. Les informaré de cualquier cosilla que parezca interesante y pasaré por la bella (y superpoblada) feria del Retiro y ya les contaré si cazo algo digno de reseña. Vayan ustedes también, si tienen un rato, y llévense una botellita de agua, para los calores.

Feria del Libro 2007
d) Sin relación con lo anterior, les cuento que, en cosa de unos días, paso a formar parte del nutrido grupo de los desempleados españoles. Si ustedes me conocen en persona, o si han leído entradas anteriores, sabrán ya que llevo unos meses trabajando en una serie de televisión. Se estrenó el lunes, 7 de abril, en la Primera Cadena. Se llama Plan América y va de unos cooperantes españoles que se van a una misión médica en Tuculapa, lugar sin ley donde hay miseria, guerrilla, narcotraficantes y demás ingredientes que hacen un infierno del lugar donde pudo haber estado el Paraíso. Y tiene esta pinta, más o menos.

Barreda
(Barreda fumando como si no hubiera un mañana)

Cena

(Toda la panda cenando en el porche)

(Arnas comprobando que Antonio está más verde que el muñequito de los semáforos)

Seguramente no la habrán visto, porque algunos no tendrán tele (no es tan raro, yo no tengo), otros estarían dedicados a actividades ilícitas en algún repugnante tugurio (y ésos harán bien en recordar que el agua y el jabón son los mejores amigos del vicioso) y otros… pues no sé, estarían viendo otra cosa. La mayoría, imagino, ni siquiera se enteraron del estreno, porque no es que la serie haya tenido mucha promoción. Y no es cierto, aunque su anciana abuela lo diga, que el buen paño en el arca se vende. No, no. Hay que lucirlo para venderlo.

Fran Plasencia
El caso es que, por la razón que fuera, la serie tuvo muy escasa audiencia en su primer capítulo. Yo, que vivo entre la biblioteca y el parque, me entero más bien poco de cómo funciona el negocio en el que trabajo. Escribo lo que me piden, lo hago lo mejor que puedo y me lo paso muy bien en el proceso. Si luego triunfa y lo ven hasta los perros, o si va tirando y acaba por caer, son asuntos que me incumben lo justito. Prefiero que vayan bien, claro, porque el trabajo es la manera que tengo de pagar el yogur y el alquiler y porque, como les digo, el proceso me gusta sobremanera. Pero tampoco me importaría escribir una serie que se vendiera a una cadena finlandesa y que yo nunca pudiera llegar a ver.


Pero, en este caso concreto, siento de verdad que la audiencia haya sido baja. ¿Por qué? Porque la serie me gustaba. Y ahora, a la vista de los resultados, la cadena ha decidido no grabar (ni escribir) una segunda temporada. La serie es cara y no les sale rentable, supongo. No sé mucho, ya lo dije, sobre la parte de este trabajo que no atañe a la escritura. El resultado, en cualquier caso, es que se emitirán los cinco capítulos que ya hay rodados. El sexto y último capítulo, aunque ya está escrito, no se rodará ni emitirá. Y nosotros, el esforzado equipo de guión, nos iremos al desempleo.

Sobreviviremos, sin duda. Algo aparecerá. La auténtica pena de todo este feo asunto es que la serie está bien y no la ha visto ni el tato. Líbreme Dios de decirles a ustedes que vean la tele. Ya me han oído, yo ni siquiera tengo. Pero la serie está bien de verdad, es una cosa curiosa, de factura y fotografía impecables y guión… bueno, qué voy a decir yo, que lo escribo.

Así que si ustedes quieren echarle un vistazo, por curiosidad genuina o por solidaridad con mi negro futuro laboral, ya saben: este mismo lunes, a las diez de la noche, segundo capítulo de Plan América.
Wilson, por Fran Plasencia


Si les gusta, háganlo saber a sus parientes y amigos. Si no, para eso nos dio Yaveh Elohim el mando a distancia. Y si se lo han perdido y les gustaría echarle un vistazo, en la página web de la serie pueden descargarlo y verlo con total tranquilidad. Aquí:

http://www.planamerica.rtve.es/

Créditos y nos vamos:

*Las tres primeras imágenes de Plan América son propiedad de RTVE. No sé quién es el autor.

*Las tres últimas imágenes de Plan América son obra y propiedad de Fran Plasencia, del equipo técnico de la serie. Bravo, Fran.

Para los curiosos: el tercer capítulo de la serie, que se emite el lunes que viene, es el que puedo llamar mío sin sonrojarme. Me largo a ver el segundo, que es el que se emite hoy. Y a comer quesito.

Tengan cuidado ahí fuera, donde la Virgencita nos protege.

J’adoube

Guardado en: Exhibición de atrocidades — Ingram at 7:54 pm on Miércoles, Abril 2, 2008

Buenas noches, Amigos y Desconocidos Lectores Constantes.

No, no les traigo nada bello que mirar. No traigo más que unas líneas rápidas para disculparme con algunos de ustedes: los que escribieron un comentario perfectamente adecuado en la sección de comments, le dieron a enviar y nunca lo vieron aparecer. Mea culpa. Ya saben que soy completamente lo-tech, que a veces le doy al botón que no es y lo mando todo al cielo de los datos, ¿verdad? Pues eso es lo que ocurrió con su estupendo comentario, Amigo. Estaba limpiando spam y se me fue por el desagüe, de la misma manera que uno echa a la basura una cucharita de plata al recoger los cacharros del té que le ha ofrecido al vicario.

Dicho lo cual, alegría y alborozo, porque ya me han instalado un fantástico filtro de spam, que no deja pasar ni un mísero ofrecimiento de viagra. ¡Aleluya, hosanna! Así que espero que, mientras funcione, los comentarios de los Amigos y Desconocidos Lectores Constantes vayan al lugar que les corresponde. Porque ustedes son formidables y todo eso.

Me voy. Ya les iré contando qué hay de bueno por ahí para leer. Y los interesados en esa extraña parte de mi vida que se llama trabajo, estén atentos a su televisor este lunes, como a las diez de la noche. La primera cadena escupirá una serie nueva y ahí, entre los créditos, estará mi nombre. Yo estaré en una fiesta, creo.

Tengan cuidado ahí fuera, donde hay diamantes entre la basura.

Diga treinta y tres

Guardado en: Exhibición de atrocidades — Ingram at 9:16 am on Viernes, Marzo 28, 2008

Buenos días, Amigos y Desconocidos Lectores Constantes.

Como algunos de ustedes ya sabrán, estoy trabajando ahora mismo en algo muy, muy interesante, gracias a lo cual aprendo cada día cosas asombrosas. La pinta que tienen los cisticercos, por ejemplo, o lo que ocurre si extirpas demasiada masa tumoral, o que algunos casos de diabetes tienen síntomas curiosos, como la insensibilidad al dolor.

Cisticerco malvado
Parece arte moderno, pero es un cisticerco como una catedral.

Con todo lo que estoy aprendiendo, una duda lleva atormentándome desde la más tierna infancia. Visualicen conmigo. Paciente sentado en la camilla de una consulta médica, sin camisa. El médico, que es un señor con gafas y una verruga junto a la nariz, se acerca y le apoya el fonendoscopio en la espalda o en el pecho.

Fonendo

“Está frío”, dice el paciente, nerviosito. “Diga treinta y tres“, replica el médico.

¿Por qué treinta y tres? ¿Por qué no almáciga o Dubrovnik? ¿Qué es lo que averigua el buen galeno al oírnos decir treinta y tres? ¿O se trata sólo una burda argucia para mantenernos distraídos mientras prepara el tacto rectal?

En el trabajo contamos con estupendos asesores médicos, pero ya les mareamos el día entero con preguntas absolutamente estúpidas (¿hay alguna manera de mantener vivo a un tío al que le han cortado la cabeza? No sé, cogiendo las venas y arterias que van al cerebro y enchufándolas a una máquina de diálisis… ¿no? Vale, buscaremos otra trama.), así que preferí pasarle la duda al Documentalista Constante, el señor Ismael Alonso, capaz de encontrar diamantes entre el hielo, y así respondió el ínclito:

***

Ha costado un poco pero creo que ya tengo la respuesta. Efectivamente, la expresion “diga 33” sólo se emplea en países de habla castellana. Se usa esa expresión porque permite la reverberación de distintas partes del sistema respiratorio (tráquea, cuerdas vocales, alveolos) de forma que se puede realizar lo que técnicamente se llama una ‘exploración táctil del frémito pulmonar’.
En otras lenguas se emplean expresiones diversas que tengan la particularidad de ser vocalizaciones de baja frecuencia. Entre los anglófonos se estila la expresion ‘boy oh boy‘, ‘toy boat’ y ‘blue balloons’ aunque también es habitual la expresión ‘ninety-nine’. Curiosamente, los alemanes emplean también esa cifra, pues los medicos auscultan a sus pacientes mientras les impelen a que digan alto y claro un prusiano y marcial neunundneunzig’.
Saludos con prescripción,

Ismael.

***

Pues ya lo sabemos. Y ahora les dejo, que tengo que salir para el curro a matacaballo. Llego tarde, como el Conejo Blanco. Los que estén especialmente interesados en este trabajo tan fascinante, pueden echarle un vistazo a:

http://blogs.rtve.es/planamerica/posts

En eso ando cuando no estoy leyendo algo bello y luminoso como danza de Leónidas. En breve podrán ver también los resultados, si tienen televisor y paciencia.

Hasta entonces, tengan cuidado ahí fuera, donde hay globos azules en los países anglófonos.

Desde la oscura tierra vendría por tu voz

Guardado en: Exhibición de atrocidades, Quita, bicho!, El gato esperó un rato — Ingram at 2:39 am on Viernes, Marzo 28, 2008

Buenas noches, Amigos y Desconocidos Lectores Constantes.

¿Recuerdan que les recomendaba, hace mucho, mucho tiempo, un libro estupendo que se llama La colina de Watership? Ya saben, la historia de los conejos. Les hago dos extractos y luego les cuento:

***

Los conejos sólo saben contar hasta cuatro. Todo lo que pase de ahí es hrair, “un montón”, “un millar”. De este modo, dicen U hrair (”los Mil”) para referirse colectivamente a sus enemigos, los elil, como ellos los llaman: zorros, comadrejas, armiños, búhos, gatos, el hombre, etc.

***

Tailí no se movió. De repente, a Avellano se le ocurrió que si Tailí había muerto -¿y qué otra cosa podía hacer que permaneciera tan silencioso en el barro?-, debía alejar en seguida a los otros antes de que la terrible pérdida les hiciera perder el valor y el ánimo, como sucedería si se quedaban junto al cuerpo. Además, el hombre vendría pronto. Quizá ya venía con su escopeta para llevarse al pobre Tailí. Tenían que marcharse; y él debía procurar que todos ellos -incluso él mismo- olvidaran lo sucedido, para siempre.

-Mi corazón se ha reunido con los Mil, porque hoy mi amigo ha dejado de correr- dijo a Zarzamora, citando un proverbio de los conejos.

***

Mi corazón, Amigos y Vecinos, también se ha reunido con los Mil, porque Kowalski, el pequeño y fiel Bibliotecario Constante, dejó de correr hace un par de días. La bandera pirata ondea a media asta desde entonces. Era una criatura pequeña y tierna, y su existencia añadía cierta belleza y maravilla a la mía.

En su memoria, dos cosas les traigo hoy.

a) Un epitafio bellísimo, extraído de las cartas que Vincent Van Gogh le escribió a su hermano Theo. No sabría decir si se las recomiendo. Son estupendas en más de un sentido, pero también son la minuciosa descripción de la tristeza y la miseria que acompañaron al pintor durante los últimos años de su vida. Igual no tienen ustedes, Amigos, humor para tanta desdicha.

Lean, de todas formas, el hermoso, hermoso epitafio:

***

[…] Por una completa casualidad he hallado en un viejo periódico una frase escrita sobre una antigua tumba en los alrededores de aquí, en Carpentras. Fíjate en este epitafio, muy, muy, muy antiguo; del tiempo -digamos - de la Salambó de Flaubert. «Thébé, hija de Thelhui, sacerdotisa de Osiris, que nunca se quejó de nadie». Si ves a Gauguin, cuéntaselo.

***

b) Los amigos de Niviuk expresaron su pésame enviándome una versión musicada del bello poema La flor de mi cólera, de Thomas Bernhard. Es una lástima que no puedan oír la canción, que es de verdad buena, pero pueden pasmarse con el poema. No tengo la versión original, que imagino que estará en alemán, así que sólo puedo darles la traducción al inglés que hizo James Reidel, y la traducción al español que debemos a Niviuk. Es un extraño poema, me parece adecuado como pésame y, sin entenderlo del todo, lo encuentro tan sencillo y deleitoso como meter las manos en el agua. Disculpen lo insólito de la puntuación, pero la de Reidel la he copiado tal cual la encontré, y vaya uno a saber cómo será la de Niviuk. He puesto, porque me lo pedía el cuerpo, un par de comas de vocativo y pare usted de contar. Lean, Amigos:

***

The flower of my anger grows wild
and everyone sees its thorn
piercing the sky
so that blood drips from my sun
growing the flower of my bitterness
from this grass
that washes my feet
my bread
o Lord
the vain flower
that is choked in the wheel of night
the flower of my wheat Lord
the flower of my soul
God despise me
I am sick from this flower
that blooms red in my brain
over my sorrow.

***

Salvaje crece

la flor de mi cólera

todos son como la espina

que atraviesa el cielo

gotea la sangre de mi sol

crece la flor de mi amargura

de esta hierba

que lava mis pies

mi pan

oh Señor

la flor necia

que se ahoga en la rueda de la noche

la flor, Señor, de mi trigo

la flor de mi alma

despréciame, Dios

estoy enfermo de esa flor

que se abre, roja,

en mi cerebro

sobre mi pena.

***

Con esto, Amigos, me voy a dormir. Estaré pronto de nuevo con ustedes, espero.

Tengan cuidado ahí fuera. Ya imaginarán por qué.

La tierra prometida

Guardado en: Exhibición de atrocidades, Lo que ustedes deberían leer — Ingram at 9:28 am on Martes, Marzo 18, 2008

Buenos días, Amigos y Desconocidos Lectores Constantes.

Unas líneas rápidas para comunicar la rebelión del Ordenador Constante, cuya tecla espaciadora ha abandonado sus funciones y presta apenas los servicios mínimos. Así no hay quien recomiende cosas buenas y bellas para llevarse a la camita. En cuanto pase la semana de pasión, prometo llevar al Ordenador Constante a los sótanos, ponerlo en manos de torturadores profesionales y arrancarle la promesa de que usará el talento que Yaveh le concedió.

Hasta entonces, un motivo para leer a Steinbeck. Hay muchísimos, y yo se los iré contando más adelante. Pero, hasta entonces, hasta que podamos revertir el proceso de entropía del Ordenador Constante, les dejo solamente uno. Un párrafo extraído de Tortilla Flat,  novela recién editada por la editorial Navona, en su colección Reencuentros que, según la contraportada, se propone devolver a la actualidad obras de grandes autores perdidas en el tiempo o poco conocidas. Delicada tarea, que la Biblioteca Constante aplaude sin reservas. Pueden echar un vistazo a su trabajo en:

www.navonaed.com 

Respecto a Tortilla Flat, les diré que la traduce y prologa José Luis Piquero y que se publicó por primera vez en 1935. Fue el primer gran éxito literario de Steinbeck y ustedes deberían leerlo. Los fans de la butaca, la palomita y el pasmarse delante del cinematógrafo, esa maravilla del mundo occidental, sepan que hay película basada en el libro, dirigida por Victor Fleming y protagonizada por Spencer Tracy, Hedy Lamarr y John Garfield. Ahí es nada.

Otras obras del autor llevadas al cine: De ratones y hombres, que es un libro bellísimo, cuya adaptación permite a los espectadores ver a John Malkovich haciendo de tierno y enorme retrasado mental. Al este del Edén, que es como un culebrón campestre, pero muy, muy bien escrito, y que ustedes recordarán porque salía un joven James Dean, sufriendo como un condenado. Las uvas de la ira, que se llevó un Pulitzer y que fue dirigida por John Ford. Vamos, que a veces el Nobel de literatura está bien dado, y Steinbeck merece sobradamente la inmortalidad y un buen pastel de arándanos. Pues claro que sí.
¿Quieren saber más? Extracto del libro y a correr, que tengo trabajo a cascoporro y muchas, muchas cosas que leer. Disfrútenlo:

***

Espiritualmente, los tragos pueden graduarse así: justo bajo el gollete de la primera botella, conversación seria y reposada.  Cuatro centímetros más abajo, tristes y dulces nostalgias. Cinco más, recuerdos de viejos amores felices. Dos centímetros, recuerdos de viejos amores desdichados. Fondo de la primera botella, una vaga tristeza general. Gollete de la segunda botella, negro e impío abatimiento. Dos dedos más abajo, una canción sobre la muerte o la añoranza. Un pulgar, cualquier otra canción que uno conozca. Las graduaciones se detienen aquí porque se pierde todo rastro y ya no es posible ninguna certeza. A partir de este punto, cualquier cosa puede ocurrir.

***

Hale, a leer. Les dejo con las aventuras de Danny, su amigo Pilón, Big Joe el Portugués, Dolores Engracia Ramírez, tan bella que la llamaban Dulzuras Ramírez, el Pirata y sus perros, la señora Morales, el tabernero Torrelli y muchos otros personajes  de la factoría Steinbeck. Yo volveré con ustedes cuando hayan pasado estos días tan breves de vacaciones. Me voy a Allariz, a buscar al Sacamantecas y a traerles a ustedes, Amigos Lectores, dulces almendrados.

Tengan cuidado ahí fuera, donde el hombre vive y muere sobre la tierra.

La configuración del lamento

Guardado en: Exhibición de atrocidades, Lo que ustedes deberían leer, Cuidado con el Ojo Reptante — Ingram at 1:44 am on Jueves, Febrero 28, 2008

Buenas noches, Amigos y Desconocidos Lectores Constantes.

Entrada brevísima y provocada por un arrebato, por un entusiasmo, por una brusca subida del felizómetro. Les traigo hoy solamente un motivo para leer a Clive Barker. Hay más, pero éste merece ser el primero. Lo extracto de la recién adquirida edición española de su libro The Hellbound Heart, que aquí se ha llamado Hellraiser. Mi ejemplar en inglés está en la sede asturiana de la Biblioteca Constante, pero la traducción no lo estropea ni lo más mínimo.

Lean qué hermosa, hermosa manera de decir “Llegó septiembre”. Lean y pásmense.

***

Las estaciones se desean unas a otras, como los hombres y las mujeres, para curarse de sus excesos.

La primavera, si pervive más de una semana a su tiempo, empieza a ansiar el verano para dar fin a los días de promesa perpetua. El verano, a su vez, pronto empieza a sufrir por algo que sacie su calor y el más suave de los otoños se cansará al fin del refinamiento y suspirará por una escarcha rápida que mate su fecundidad.

Incluso el invierno, la estación más dura, la más implacable, sueña, a medida que avanza febrero de puntillas, con la llama que dentro de poco lo derretirá. Todo se cansa con el tiempo y empieza a buscar cierta oposición para salvarse de sí mismo.

Así que agosto dio paso a septiembre y no hubo muchas quejas.

***

Lo edita La factoría de Ideas y lo traduce Marta García Martínez. Si desconfían de las virtudes de este libro por haber visto la adaptación cinematográfica y haber pensado: “joder, qué marrano”, hacen mal, ya se lo advierto. Pero los recelosos también pueden leer los estupendos relatos contenidos en la antología Libros de sangre, porque no se arrepentirán y serán más felices que antes de haberlos leído. Yo lo soy. Larga vida a Clive Barker. Alegría, alborozo y una piñata.

Es este señor tan rarito. Fuma, ya ven. Y es vegetariano, aunque en sus libros hay carne y sangre a mansalva.
Y, por si eso fuera poco, de camino hacia la Biblioteca Constante me encontré un arco. En el suelo, junto al contenedor de basuras. No había flechas, pero a quién le importa: la cuerda vibra y suena como el pulso de un arcángel. Me lo traje a casa, me lo puse sobre las rodillas y aquí sigue, haciéndome pensar en cómo a veces se tuercen las cosas, y cómo a veces se enderezan sin que lo esperemos. El día era triste, pero eh, ahora tengo un arco y una excelente manera de decir “Llegó septiembre”.
Tengan cuidado ahí fuera, donde todo es más que la suma de sus partes.

Cenizas a las cenizas

Guardado en: Exhibición de atrocidades, La estrella extravagante — Ingram at 4:03 pm on Viernes, Febrero 22, 2008

Buenos días, Amigos y Desconocidos Lectores Constantes.

Poca cosa les traigo hoy, Amigos, porque la Biblioteca Constante está temporalmente cerrada. Sé que mañana es sábado y que ustedes, incansables buscadores del buen libro, aguardaban una de las prometidas entradas, largas y bellas como el curso del Nilo. No va a poder ser y me disculpo por ello, pero hay una buena razón para la demora: Kowalski, a quien los veteranos recordarán como Rata Oficial y Único Bibliotecario Constante, tuvo que abandonar su puesto de trabajo a causa de un accidente. Ya está fuera de peligro, pero anduvo peligrosamente cerca de perder una pata y convertirse en el Lord Byron de los roedores. Animalito.
Mientras convalece leyendo De ratones y hombres, que ustedes deberían leer también, y La colina de Watership, que nunca me cansaré de recomendar y regalar a los Amigos Lectores, yo asumo sus funciones. Y como tengo muchas otras cosas que asumir, y algunas son como la piedra de Sísifo y las manzanas de Tántalo, mañana por la mañana me sentaré sobre unas piedras egipcias a mirar largamente el agua en movimiento (que, ya lo sabíamos, es siempre bella) y no habrá entrada nueva en esta Carta de Navegación Biblófila.
Para compensar la pifia, les traigo hoy unos cuantos bocados ligeros, extraídos todos del mismo libro: Historia de la destrucción universal de libros, escrito por Fernando Báez y editado por Destino en la colección imago mundi. Vaya por delante que no recomiendo su lectura. Tiene partes muy interesantes sobre el origen de la escritura y el del libro, y anécdotas curiosas sobre autores, lectores, bibliófilos, biblioclastas y otras criaturas del libro. También tiene una introducción interesante acerca de los mitos apocalípticos y su relación con la destrucción del libro. Y largo capítulo sobre el saqueo y la destrucción de las bibliotecas más bellas y antiguas, como la de Bagdad. Eso por la parte buena.

Por la parte mala, es un tocho y es un coñazo, y buena parte de sus trescientas páginas se dedica a listar, con poco más que la fecha y la ubicación geográfica, las bibliotecas destruidas por fuego o por agua. Salvo que tengan un enfermizo interés en esos datos, pueden prescindir tranquilamente del noventa por ciento de este libro demasiado exhaustivo. Ya les extracto yo lo que me parece que merece un poquito más de investigación, y les animo a emprenderla por su cuenta.

Lean, Amigos, y protejan sus libros del hombre, del insecto, del fuego, del agua y de la estupidez.

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Los sumerios o cabezas negras creían en el origen sobrenatural de los libros, y atribuían a Nidaba, la diosa de los cereales, su invención. Para dar una idea de la importancia que para ellos tuvo la escritura, conviene recordar la leyenda de Enmekar (h. 2750 a.C.), rey de la ciudad de Uruk, un héroe respetado y temido, que fue condenado a beber agua putrefacta en el infierno por no haber dejado escritas sus hazañas.

Inanna

Inanna, que ya ven que era terrible.

Hacia el 2200 a.C., el príncipe Gudea creó una biblioteca con textos históricos y poemas de la primera escritora conocida del planeta, Enkheduanna, la hija del famoso Sargón de Akkad. Estos poemas eran himnos a la terrible diosa Inanna.

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Hacia el año 213 a.C., el emperador Shi Huandi hizo destruir todo libro que pudiera recordar el pasado.

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René Descartes (1596-1650), seguro de su método, pidió a sus lectores quemar los libros antiguos. Un hombre tan tolerante como el filósofo escocés David Hume no vaciló en exigir la supresión de todos los libros sobre metafísica.

Fahrenheit burn
El movimiento de los futuristas, en 1910, publicó un manifiesto en que el pedía acabar con todas las bibliotecas. Los poetas nadaístas colombianos quemaron ejemplares de la novela María de Jorge Isaacs hacia 1967, convencidos de que era necesario destruir el pasado literario del país.

Burned Book

Vladimir Nabokov, profesor en las Universidades de Stanford y Harvard, quemó el Quijote en el Memorial Hall, ante más de seiscientos alumnos. Martin Heidegger sacó de su biblioteca libros de Edmund Husserl para que sus estudiantes de filosofía los quemaran en 1933.
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El monasterio de Saint Gall fue atacado en mayo del 925. Los bárbaros pretendían aniquilar a los monjes y prender fuego al lugar, lo cual hubiera significado el fin de miles de libros cuidadosamente almacenados. Una mujer llamada Wilborada se ocupaba entonces de la biblioteca y tuvo una visión. No sabemos cuál fue, pero entre el atardecer del día anterior y la madrugada del primero de mayo enterró las obras. Según la crónica, los sitiados vencieron a sus atacantes; el fuego, de cualquier manera, consumía el monasterio y el cuerpo de Wilborada, mutilado, vejado, yacía sobre un montón de tierra donde se encontraron más tarde los libros intactos. Su acto le valió la santidad y el patronazgo absoluto sobre todos los bibliófilos.

La santa, libro en mano.

Menos conocido fue el martirio de Casiano. Perseguido por sus tesis, fue entregado a sus propios alumnos, quienes resolvieron convertirlo en mártir asesinándolo con sus estiletes, haciéndole tragar sus propios escritos y partiéndole en la cabeza unas tablas destinadas a la escritura.

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La vida de Yakov ben Judah Leib Frankovich fue la de cualquier fanático: sin sosiego, sin seguridad, inmodesta. De su padre, además de las deudas clásicas y una soberbia histérica, heredó un fervor inusual por el movimiento mesiánico judaico de Sabbatai Tsevi, un místico que afirmaba ser capaz de tener relaciones sexuales con vírgenes “sin desflorarlas”, y un erudito que propuso destruir rollos de la Torá para gestar el nacimiento de una nueva era. “Hay que destruir -advertía-. Todo volverá a ser nuevo. Lo prohibido es el bien”. Hizo pisar las tefilim, pequeñas cajas de cuero con manuscritos que se colocan, mientras se reza, en la frente y en el brazo. El movimiento tuvo adeptos en distintos rincones de la geografía de Europa y África, desde Yemen hasta Amsterdam, ya fuesen askenazíes o sefardíes. Fue un fenómeno insospechado donde multitudes enteras aguardaron el retorno de los milagros de Cristo y de los antiguos profetas.

Yakov se convenció a sí mismo de que la reencarnación de Sabbatai Tsevi y de Barujiah Russo, otro mesías. En 1751, con un viaje a Turquía de por medio, se hizo llamar Jacob Frank. Detestaba, por razones oscuras, ciertas etimologías judaicas y, por doctrina, los libros. En 1755 encontró unos discípulos, a los que denominó frankistas, y los obligó a quemar obras. En 1756 fue condenado por hereje, pero esto no lo desanimó. Nada más cruel que un ignorante con carisma.

Frankovich

Hacia 1757, tras vencer a los rabinos en un debate, recorrió casa por casa y eliminó cientos de ejemplares del Talmud en una plaza pública, lo que le valió a su secta el nombre de Antitalmudista. Con cínica humildad, solía recordar a sus seguidores su carácter de Mesías y el valor oral de su doctrina. “Yo soy la palabra, yo soy el hijo, yo soy”, decía. Inventó una trinidad donde había un verdadero Dios, ajeno a todo, un Dios encarnado y una Mujer. Él se consideraba ese Dios encarnado.

En cierta época obligó a sus seguidores a usar sandalias fabricadas con rollos de pergamino donde estaban escritos textos de la Torá. Creó una orden con doce apóstoles y doce concubinas, todos santos, piadosos e implacables, defensores del sexo más violento. En 1760, fue detenido y encarcelado por las autoridades de Varsovia y después expulsado.

Según la leyenda, murió en Offenbach y pidió, en su lecho de muerte, la destrucción de todos los libros. “Quémenlo todo- suplicó-. Lo verdadero muere conmigo”. Como curiosidad, vale la pena comentar que decía que la cara de Dios había crecido en los rasgos de la suya.

***

Con la vida de este fulano mesiánico les dejo, Amigos. Créditos y nos vamos:

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*La imagen de la terrible, terrible diosa Inanna es de dominio público, así que a él se lo agradecemos. Gracias, dominio público.

*La imagen siguiente, la de la página que arde, se llama Fahrenheit Burn y es obra de un tal mrtwism, a quien la agradecemos. Ustedes pueden ver su trabajo en:

http://www.flickr.com/photos/mrtwism

*La imagen que sigue, el libro quemado, se llama precisamente así, Burned Book, y es obra de un tal paraflyer, cuyo trabajo puede verse en:

http://www.flickr.com/photos/paraflyer

*La imagen de Santa Wilborada (o puede que Wiborada, quién sabe) nos pertenece también a todos. Yupi.

*La imagen de Yakov ben Judah Leib Frankovich está sacada de esta página:

www.theawarenesscenter.org

Pásmense conmigo: The Awareness Center es una Coalición judía contra el abuso sexual. ¿Sabían que existía algo así? Pues ya lo sabemos todos.

*Esta entrada no habría sido posible sin la colaboración del Documentalista Constante, el señor Ismael Alonso, que Yaveh acreciente el número de sus ovejas. Como no tiene, con una sola oveja bastará.

***

Y con esto les dejo y me voy al parque, al sosiego, al agua en movimiento. Que es siempre, siempre bella.
Tengan cuidado ahí fuera y récenle un poquito a Santa Wilborada, sólo por si acaso.

Sábado sagrado

Guardado en: Exhibición de atrocidades, Lo que ustedes deberían leer — Ingram at 5:58 pm on Sábado, Febrero 16, 2008

Buenas tardes, Amigos y Desconocidos Lectores Constantes.

Es sábado, día de trabajo en la Biblioteca Constante, y yo tengo nada menos que tres enormes entradas, con sus imágenes bellísimas y sus textos plagados de polisílabos, guardadas en el cajón de los borradores. Pues al trabajo, maldita vaga, dirán ustedes, que ya empiezan a estar hasta la brinca del coño de tanto poema y tanta entrada mediocre.

Van a tener que disculparme, Amigos. Las enormes entradas se quedan ahí hasta el sábado que viene, o hasta que yo vuelva a leerlas y las encuentre dignas de su atención. Ahora mismo, ninguna me parece lo que Yaveh tenía en mente cuando dijo: Hágase una buena entrada del Lector Constante. Ahora mismo, las cosas no son lo que tienen que ser. Así que, con la venia, voy a calzarme las botas, voy a elegir un libro de la pila de prodigios que acumulo junto al Ordenador Constante, y me voy a ir a dar un largo, largo paseo por el recién descubierto Parque del Oeste. A ver si, al regreso, las cosas ya han vuelto a su sitio.
Para los Amables Lectores Constantes que siguen entrando, fieles como la sombra al dueño, dejo una recomendación breve y escueta: el autor del que hemos hablado esta semana en el programa de radio Libros para la cama. No suelo nutrir el programa con material del Lector Constante, ni viceversa, porque no es necesario. Hay libros más que suficientes en la Biblioteca Constante, y algunos de los oyentes también son visitantes de este Manual para Tomar las Decisiones Adecuadas en la Librería, por lo que intento no repetirme y darle al Lector lo que es del Lector. Pero hoy, como les digo, las cosas no cuadran, así que parece razonable hablar de algunas cosas que sí cuadran. Atentos los que estén criando Pequeños Lectores Constantes, que esto les puede interesar.

El autor recomendado es el Grande y Terrible Roald Dahl. Este señor:

Roald Dahl, que fumaba.

Los más afortunados de entre ustedes ya lo conocen y lo veneran comme il faut, claro que sí. Y si son afortunados más allá de toda medida, entonces lo conocen y lo veneran desde que eran bien pequeños.

El caballero Dahl escribió los mejores cuentos para niños. Sí, los mejores, Andersen me perdone. Tan buenos y tan divertidos como una pelota roja en un parque. Si el Lector Constante tiene hijos y los quiere, quiéralos más y regáleles cualquier libro de este portentoso señor. Los hará felices y los hará un poco más listos, cosas ambas muy bellas y muy buenas para la vida ahí fuera.

No sólo Dahl es justo y necesario. Ya les decía antes que algunas cosas cuadran. El queso con manzanas está rico. El agua en movimiento es siempre bella. Hay palabras justas para conceptos exactos. Y hay un ilustrador perfecto para los cuentos del escritor medio galés y medio noruego. Quentin Blake. Este señor:

Quentin Blake por Sophie Laslett

Esta imagen tiene copyright, y es de una tal Sophie Laslett. Que quede bien clarito.

Un libro escrito por Roald Dahl e ilustrado por Quentin Blake es una maravilla como pocas. Divierte, entretiene y le da cierto sentido a la vida, lo que a veces es muy, muy necesario. Yo recomiendo dos en particular, pero ustedes pueden y deben leer todo lo demás que escribió Dahl e ilustró otra persona. También pueden y deben mirar las ilustraciones de Blake. Las de Quentin y las de William, el de los tigres y los dragones. Que también era muy bello.
Pero antes, compren y lean Las Brujas. La portada, naturalmente, es de Blake:

Las brujas

La edición española es de Alfaguara (que Alá, el compasivo, el misericordioso, les dé la paz y la alegría), y yo tengo mi ejemplar en la sede asturiana de la Biblioteca Constante, así que no puedo decirles ahora mismo quién lo traduce. Lo averiguaré y lo insertaré aquí, en esta línea. (Averiguado. Lo traduce Maribel de Juan. Gracias, Maribel)
¿Se lo cuento un poco por encima? Venga, sí.

La historia empieza con un niño de unos diez años. Sus padres mueren en un accidente de tráfico y lo acoge su abuela, una estupenda señora noruega que fuma puros y que le previene acerca del mayor peligro que acecha a un niño pequeño: las brujas, que odian a los niños y sólo piensan en destruirlos. El niño, lógicamente, no se cree nada. Las brujas no existen. Les extracto:

***
-¿Me juras que no me estás tomando el pelo? -insistía yo-. ¿Me juras que no estás fingiendo?

-Escucha -dijo ella-, he conocido por lo menos a cinco niños que, sencillamente, desaparecieron de la faz de la tierra y nunca se les volvió a ver. Las brujas se los llevaron.

-Sigo pensando que sólo estás tratando de asustarme -dije yo.

-Estoy tratando de asegurarme de que a ti no te pase lo mismo -dijo-. Te quiero y deseo que te quedes conmigo.

***

Suena convincente, ¿verdad? El niño también se queda convencido. Su abuela le cuenta entonces cómo distinguir a una bruja de una señora normal y perfectamente inofensiva. Les extracto otra vez:

***

—Fíjate en los agujeros de la nariz —dijo mi abuela—. Las brujas tienen los agujeros en la nariz ligeramente más grandes que los de las personas normales. El borde de cada agujero es rosado y ondulado, como el borde de ciertas conchas de mar.

—¿Por qué tienen los agujeros de la nariz tan grandes? —pregunté.

—Para oler mejor —dijo mi abuela—. Una BRUJA DE VERDAD tiene un olfato realmente asombroso. Es capaz de oler a un niño que esté al otro lado de la calle, en una noche oscura como boca de lobo.

—A mí no podría olerme —dije—. Acabo de darme un baño.

—Vaya si podría —dijo mi abuela—. Cuanto más limpio estás, más olor tienes para una bruja.

—Eso no puede ser —dije.

Bruja olfateando

—Un niño completamente limpio despide un hedor espantoso para una bruja —dijo mi abuela—. Cuanto más sucio estés, menos hueles.

—Pero eso no tiene sentido, abuela.

—Claro que sí —dijo ella—. No es la suciedad lo que huelen las brujas. Es a ti. El olor que enfurece a las brujas se desprende de tu propia piel. Rezuma de tu piel en oleadas, y estas oleadas, oleadas fétidas es como las llaman las brujas, van flotando por el aire y le dan en plena nariz a la bruja. Y la hacen tambalearse.

—Venga ya, abuela, espera un momento…

—No interrumpas —dijo—. La cuestión es ésta. Cuando no te has lavado durante una semana y tu piel está totalmente cubierta de porquería, entonces, claro está, las oleadas fétidas que desprende tu piel no pueden ser tan fuertes.

—No volveré a bañarme nunca —dije.

—Basta con no hacerlo muy a menudo —dijo mi abuela—. Una vez al mes es suficiente para un niño sensato.

***

¿Les ha gustado? Pues más todavía les gustará a los Pequeños Lectores Constantes. Y si se han portado especialmente bien, se lo han comido todo, han recogido los juguetes y no han torturado al gato, es el momento de regalarles este otro libro estupendo.

Cuentos en verso

Es exactamente lo que promete el título. Los cuentos tradicionales, los de toda la vida, pero en verso y para niños perversos. Es decir, para niños listos. ¿Se acuerdan de lo que decíamos acerca de los cuentos de hadas? Los cuentos nos dan un modelo para explicar el mundo y para ir entendiendo lo que somos. Y si usted no quiere que su criatura aprenda algunas cuestiones morales muy discutibles de los cuentos clásicos, éste es el que necesita. El cuento en el que Caperucita Roja se remanga y le da lo suyo al lobo. El cuento en el que Cenicienta es mucho menos boba de lo que creíamos. El cuento en el que la imbécil de Ricitos de Oro aprende que no está bien meterse en casa de alguien y comerse, con un morro impresionante, su cena.

¿Quieren extracto? Venga, que no se diga. Y así pueden apreciar el trabajo del traductor, Miguel Azaola, que habrá tenido que hacer malabares para conservar el sentido original sin estropear la rima ni la diversión:

***

CENICIENTA

“¡Si ya nos la sabemos de memoria!”,

diréis. Y, sin embargo, de esta historia

tenéis una versión falsificada,

rosada, tonta, cursi, azucarada,

que alguien con la mollera un poco rancia

consideró mejor para la infancia…

El lío se organiza en el momento

en que las Hermanastras de este cuento

se marchan a Palacio y la pequeña

se queda en la bodega a partir leña.

Allí, entre los ratones, llora y grita,

golpea la pared, se desgañita:

“¡Quiero salir de aquí! ¡Malditas brujas!

¡¡Os arrancaré el moño por granujas!!”.

Y así hasta que por fin asoma el Hada

por el encierro en el que está su ahijada.

“¿Qué puedo hacer por ti, Ceny querida?

¿Por qué gritas así? ¿Tan mala vida

te dan esas lechuzas?”. “¡Frita estoy

porque ellas van al baile y yo no voy!”.

La chica patalea furibunda:

“¡Pues yo también iré a esa fiesta inmunda!”.

***

Y hasta ahí puedo leer, por supuesto. Sabrán lo que ocurre cuando tengan el libro. Porque, y ése es otro gran motivo para recomendarlo, lo que escribe Roald Dahl nunca es sólo para niños. Los Lectores Constantes Adultos pueden leer la obra adulta de Dahl, que es un prodigio de humor negro y suspense. Anagrama edita, por ejemplo, los Relatos de lo inesperado, en algunos de los cuales se basó Alfred Hitchcock para las fantásticas historias de Alfred Hitchcock presenta. ¿Recuerdan una que se llamaba El hombre del Sur? La protagonizaba John Houston y la escribió nuestro muchacho.

Pero los Lectores Constantes sin Prejuicios deberían, en serio lo digo, leer también lo que escribió para niños. Pueden hacerlo con la seguridad de que van a divertirse. Mucho.

Ilustración para Matilda

Una Amiga Constante, ya en la treintena, llega al extremo perfecto: cada noche va al cuarto de su madre y le lee un trozo de otro gran libro de Dahl, Charlie y la fábrica de chocolate. Su madre se ríe mucho y duerme estupendamente. Sigan el ejemplo de esta familia tan sabia, Amigos, y sus días serán una plétora de alborozo.

Con esto les dejo. Tienen información sobre Dahl y Blake en las páginas web ad hoc:

www.roalddahl.com

www.quentinblake.com

Allí pueden averiguar todo lo que necesiten saber acerca de estos prodigiosos caballeros. Como, por ejemplo, cuándo es el Día Internacional de Roald Dahl y cómo se celebra. Esto último no se lo cuento. Investiguen en el enlace que pueden ver ahí abajo. Merece la pena.

Día de Dahl

Como de costumbre, aclaro que las imágenes que he usado aquí no me pertenecen. Pertenecen a otra persona y yo las utilizo para honrar su increíble trabajo y para que ustedes tengan días de zumo y rosas. No hay en ello ninguna intención retorcida. Y ahora, al parque. A ver si encuentro en un árbol algo como esto:

Cuervo Lector

Ya les contaré.

Tengan cuidado ahí fuera, donde desprendemos oleadas fétidas y acechan las brujas.

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